sábado, 5 de mayo de 2012

Razón vs. pasión (Kant)


Portada de un magazine mensual francés
dedicado a la divulgación de la filosofía

¿Puede ser moral la pasión?

Esta pregunta se puede hacer a la sombra de las polémicas ilustradas. Tras leer apasionadamente a Rousseau, Kant le refuta. No se debe fundar la moral en el “corazón”, sino que hay que cimentarla en el uso ético de la razón. Rousseau pensaba que la capacidad moral del humano enraizaba en una especie de sentimiento específico, en la compasión o piedad genuina que nos produce el sufrimiento ajeno, o sea, en una tipo de pasión natural y universal. Pero Kant le objeta que, en ese caso, no podríamos esperar que la moral fuese universal ni que todos los seres humanos se comportaran moralmente. "No podríamos esperar", pero..., ¿no es la esperanza también una pasión y puede que la más fuerte, "la última que se pierde"? 

Si fundamos la moral en el corazón de los humanos -piensa Kant-, ¿qué pasa con los que no tienen corazón, con los que muestran “mala entraña”? Estarían condenados a la amoralidad o a la inmoralidad.
De ahí su propuesta: fundar la moral en el uso apriorístico de la razón. La razón me permite, ella sola, aplicar el imperativo categórico: “Obra de tal manera que la máxima de tu acción pueda ser elevada a ley universal". Alguien me ha dañado y yo ansío vengarme. Aplicando el imperativo categórico, me percato enseguida de que es imposible convertir la máxima de la venganza en ley moral universal. Si todo el mundo se vengara cuando le apetece, la vida en sociedad sería imposible. Todos los hombres pueden estar de acuerdo en esto, ¡incluso los que no tienen buenos sentimientos! Por tanto, es suficiente ser racional para ser moral.

Y es que la pasión significaba para Kant dependencia; y el cuerpo, maldad: corresponde a la razón la tarea de liberarnos, capacitándonos para la faena moral. En Kant no se puede hablar de una “pasión del bien”. La pasión es un sufrimiento (del latín patior, padecer, soportar, sufrir), algo que me trastorna y me incapacita para buscar el bien libremente, algo que me impide razonar.

Desde luego, se podría oponer a la desconsideración por la pasión de Kant el sentido profundamente ético de la pasión de Cristo. ¿Inmoral, la pasión del que se entrega al sacrificio por los hombres, por amor de Dios y de los hombres? Ciertos tipos de pasión amorosa..., ¿no podría ser uno moral queriendo el bien del otro locamente, apasionadamente? ¿No puede ser el impulso moral (l’élan moral), en su fondo animal, una pasión? Para Kant, cuyo pensamiento -afirma Ch. Pépin- ha marcado nuestra cultura moderna más que ningún otro, todos nuestros impulsos son malos, pues son la señal de nuestra dependencia con respecto a una naturaleza que la cultura debe vencer. ¿No pueden darse en nosotros buenos impulsos? ¿No pueden estas pulsiones conducirnos, alguna vez, en el buen sentido?

Kant desconfía de la naturaleza, el prusiano, que no fue muy afortunado con el físico que le tocó en suerte, se refiere a veces a "la mezquindad de una naturaleza madrastra". Ninguna inclinación es en sí misma ni buena ni mala, sólo la voluntad puede ser buena sin restricción. Ya en pleno romanticismo, será Hegel, quien dará pretensión absoluta al idealismo trascendental de Kant, el que acabará afirmando que nada grande se hace en este mundo sin pasión.

Nota bene

Este texto es una traducción bastante libre de la respuesta ofrecida por Charles Pépin a Raymond Wanner en Philosophie Magazine, Mai 2012, pg. 8.: “Est-ce vrai que la passion n’est jamais morale?”.

Cuestiones: 1. ¿Tiene el corazón razones que la razón no puede entender? Repase la propuesta pascaliana al respecto 2. Compare el emotivismo de Hume con el rigorismo formalista kantiano. 3. ¿Qué influencias recoge Kant en su Crítica de la razón práctica y en su Metafísica de las costumbres. 3. Cuál es su opinión sobre este asunto, responda a la pregunta de Raymond Wanner, ofreciendo razones y ejemplos propios.

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