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martes, 16 de diciembre de 2014

Filosofando con el martillo

Fredrich Nietzsche por Edvard Munch


El Crepúsculo de los ídolos o como se filosofa con el martillo. 
Traducción de A. Sánchez Pascual, edición de Alianza editorial, 1979. pgs. 45-50.
T. O.: Götzen-Dämmerung oder Wie man mit dem Hammer philosophirt, 1888.

‘La “razón” en la filosofía’1

1. [El objeto de la filosofía: las momias conceptuales]

Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo2. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos3 han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. “Tiene que haber una ilusión(i), un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? – “Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos4, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es “pueblo”. ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono teísmo con una mímica de sepulturero! ¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!...”

miércoles, 8 de mayo de 2013

Götzendämmerung




“Ninguna cosa en la que no intervenga la petulancia sale bien”
F. Nietzsche.
Götzen-Dämmerung oder 
Wie man mit dem Hammer philosophirt.

El Crepúsculo de los ídolos fue probablemente escrito por Nietzsche en 1887, cuando vivía, como un anacoreta, en la alta Engadina, en Sils Maria, en el cantón de los Grisones, al este de Suiza. En 1888 decidió publicar este librito como un compendio de su filosofía. La obra se llamaría “Ociosidad de un psicólogo”. Según un fragmento inédito de 1888 Nietzsche entiende en esta época el nihilismo como una especie de ociosidad, como la creencia de que no existe ninguna verdad: “un gran baño y un relajamiento de los miembros”[1].

La palabra “nihilismo” tiene un valor ambiguo en Nietzsche. ¿Es Nietzsche un nihilista?, ¿un negador del ser, la verdad y el bien? En cierto sentido sí, en cierto sentido no:

a) Denuncia lo que él considera el “nihilismo cristiano”, el ascetismo de los que reniegan de la vida, de la naturaleza y de sus instintos, por resentimiento o por debilidad. De esto modo, las categorías del “ser verdadero” son signos del no-ser y de la nada, pues inventar otro mundo expresa el recelo contra el devenir. También la ciencia –denuncia Nietzsche- es nihilista, pues momifica el devenir con su columbario de conceptos (metáforas desgastadas).