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domingo, 12 de junio de 2022

EL DEMONIO SOCRÁTICO

 

Fruto íntimo

Mediante la figura mediadora de su daímon o demon, Sócrates simboliza un individualismo comunitario, según García Rúa[1]. La práctica filosófica del "Tábano de Atenas" trajo al mundo helénico una profunda corriente de interiorización. El sentido de la dignidad de un griego dependía de la sustentación del αἰδώς, palabra que cubre un campo semántico enorme y tiene que ver con la consideración social, el sentido de la vergüenza, la fama... Para “conservar el buen nombre” –diríamos-, o “el honor”, Sócrates cuenta ya con la inmanencia de lo divino que vemos también en Eurípides y que el filósofo concreta en el daimónion: porciúncula divina en el hombre.

Sócrates fue un ateniense de pura cepa, un buen ciudadano que combatió valerosamente en las batallas de Potidea y Delion. Su prédica individualista no era contraria a la noción tradicional de la polis y la piedad debida a los dioses de Atenas, pero el filósofo prefería la mejora personal, aunque tampoco fuese contrario a los sacrificios y rituales paganos. Hay en su acción oral una enérgica incitación a la vida del espíritu. No obstante, es cuestión dudosa si el Sócrates histórico creía y en qué sentido en los dioses y en la inmortalidad. Su oración: “Dame aquello que sea mejor para mí”, dando por hecho que los dioses saben qué me conviene de verdad[2].

En la Ilíada, Teucro usa la palabra “demonio” para referir a un poder superior que rompe la cuerda de su arco. Dodds[3] declara la remota antigüedad del adjetivo daimónios, que era ya en los tiempos de la Ilíada una moneda verbal desgastada. Los impulsos irracionales tendían a ser excluidos del yo y adscritos a un orden ajeno, sobrenatural. En Teognis el demonio tienta al hombre y lo precipita en la ate, al anublamiento de una locura pasajera que puede llevar a una acción inexplicable, imprudente o atroz. Tanto la esperanza como el miedo son para el poeta “demonios peligrosos”. Sófocles refiere también al Eros como un pervertidor de mentes.

"Yo íntimo", JBL, 2021


El daímon socrático tiene más que ver con esa figura que liga a cada hombre con su destino, con su Moira individual, con su particular suerte o fortuna. Heráclito lo identificó con el carácter (ἧθος), llamando a la responsabilidad y protestando contra la interpretación supersticiosa del demonio como accidente externo. Del “buen demonio” (εὐδαίμων), ya en Hesíodo, procederá la felicidad (ευδαιμονία). Platón recoge y transforma la idea. El δαίμων socrático es una especie de espíritu guía o super-ego freudiano que en el Timeo se identifica con la razón pura.

Racionalizado a medias, disfrutará de un renovado papel en estoicos y neoplatónicos y acabará convertido en el ángel custodio o ángel de la guarda (dulce compañía) en los autores cristianos, o en el Pepito Grillo de la literatura. La voz de la conciencia moral o una especie de intuición práctica, de “corazonada”.

El contorno de los demonios de la religión helénica era bastante impreciso: divinidad inferior, poder intermediario (metaxý), o con forma bestial y semihumana, vaga personificación del destino individual. El daímon es, etimológicamente, “el que reparte”. En el ingenioso etimologizar de Platón “daémones” son “los que saben”, las almas de los muertos mejores, los padres subterráneos de Hesíodo. Los pitagóricos suponían los espacios llenos de demonios y de héroes. Establecieron su jerarquía y los filósofos –como hemos visto en Heráclito- los racionalizaron reduciéndolos a una simple consecuencia del carácter. Para Demócrito el alma era la residencia del genio (también en el sentido que decimos “genio y figura hasta la sepultura”) y en el Timeo describe Platón al daímon como facultad suprema y directiva del ánimo de cada persona.

Sócrates mezcló las viejas creencias con la racionalización, pero mantuvo la visión del daímon como poder sobrenatural e independiente: “yo no traigo a un dios nuevo” –dijo en su defensa, cuando le acusaron de querer introducir dioses forasteros. Reconoce el carácter religioso de este sentido interior que no engaña jamás, pero lo personaliza. Le sirve de guía y tutela. No lo adora ni lo niega; ni se entrega a él ni lo ignora[4].

Como explicó Antonio Tovar, la naturaleza del daímon socrático es negativa. Disuade pero no da órdenes. Le impide que trate a determinadas personas o que se enrole en la política sectaria. Si su demonio guarda silencio, Sócrates obra tranquilo. Puede que –tal como se representa en el Banquete- Eros sea también para Sócrates un gran daímon. De hecho, Sócrates es famoso porque sabe que no sabe, sin embargo confiesa a Fedro que sí se tiene por entendido en amores. Como vínculo con los misterios irracionales, figurados en el Banquete por la maga Diotima, el daímon expresa igualmente los límites de la razón, esto es, las razones pascalianas del corazón.

El racionalista Antístenes le reprocha a su maestro que use el daímon como pretexto, pero será precisamente su demonio quien le impida evitar tanto su sentencia como su ejecución. El mismo Antístenes, caudillo de los cínicos, racionalizó el daímon de Sócrates como desdoblamiento de la personalidad o descubrimiento de la conciencia reflexiva, lo que produjo precisamente la filosofía como ética. A la pregunta que le hicieron de qué había sacado de la filosofía, Antístenes respondió: La facultad de hablar conmigo mismo (D. L. VI, 6). Este discurrir con uno mismo es la consulta con la almohada, la deliberación moral del sujeto ético.

Definido su carácter  por el misterio de la obscura figura que lleva dentro, que el cristianismo identificará con la voz de la conciencia moral o con el ángel custodio, sus seguidores imitarán, a veces hasta la exageración -caso de Diógenes de Sinope-, sus principales cualidades. Sócrates es αὐταρκηες, suficiente, señor de sí mismo, y σεμνός, austero, lo que le otorga una respetabilidad religiosa, pero no mística. Véase a este respecto la interpretación racionalista que hace Plutarco del daímon socrático en este mismo blog. Sin embargo, puede que corrientes místicas como el orfismo influyeran en su concepción. Los estoicos admitirán la existencia de ciertos demones como vigilantes de los hombres y unidos a estos por una especie de simpatía y reducirán a veces al demonio socrático a una personalización de las facultades adivinatorias que se darían en Sócrates, por ejemplo, declarando que vaticinó el desastre de Sicilia.

Sócrates domestica a su daímon. Obedece su voz íntima, pero eso no le impide ejercer su hábito racional, crítico y disolvente. No es un “iluminado”. Su racionalismo no le impide respetar el irracionalismo de los misterios religiosos. El daímon no impide su muerte, aunque pudo. Según un argumento atribuido a Antístenes esto fue para bien, pues la muerte a tiempo le venía a salvar de una vergonzosa decadencia mental y le daba ocasión de adquirir buena fama. En efecto, su injusta educación lo convirtió en un sempiterno mártir de la filosofía, un héroe de la libertad personal de conciencia y de una racionalidad que se da a sí misma límites en lo moral, por eso, tal vez, Erasmo rezaba: Sancte Socrate, ora pro nobis!

 Notas


[1] José Luis García Rúa, “Los maestros de la interiorización en la historia helénica”. Revista de Filosofía. T. XV, nº 56, pp. 278 ss., 1956.

[2] Cornford. Antes y después de Sócrates, 1980.

[3] Dodds. Los griegos y lo irracional, 1951 (Alianza, 1980).

[4] Antonio Tovar. Vida de Sócrates, 1966.


lunes, 26 de abril de 2021

BUENISMO SOCRÁTICO

Atlas de Filosofía, Alianza Editorial, 2002. Varios autores, pg. 36.

EL BIEN ES LA SALUD DEL ALMA; EL MAL, SU PATOLOGÍA

PREGUNTA

Parece ser que Sócrates pensaba que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona puede desear el mal. Por favor, ¿podría explicar los fundamentos racionales de esta creencia?

RESPONDO

Esa creencia supone una antropología optimista y una concepción "sanitaria" de la acción buena. 

viernes, 28 de agosto de 2020

HEDONISMO O ASCETISMO


CONTENCIÓN SOCRÁTICA O DISFRUTE IDIOTISTA

Aunque se incluye a Aristipo de Cirene (435-350) entre los socráticos, el cirenaico hizo capa hedonista de la austera túnica de Sócrates, proclamando los deleites de la vida como su mejor fin, o sea, el placer como bien supremo. Eso sí, como Aristipo era listo además de vividor y había bebido del racionalismo de Sócrates, buscaba la felicidad en la vida cómoda muy racionalmente, o sea usaba la razón para satisfacer sus pasiones (Hume no le atribuía otra función a la razón, sino esa misma, un papel instrumental. La razón no impone fines, lo hace la pasión, sino que es el más sofisticado de nuestros recursos para satisfacer nuestros deseos).

jueves, 16 de abril de 2020

DISCRECIÓN E IMPASIBILIDAD. ESTILPÓN DE MEGARA

Estilpón de Mégara - Wikipedia, la enciclopedia libre
Estilpón o Stilphon o Stilfón de Megara, filósofo, discípulo de Euclides

LA DISCRECIÓN DEL GOBERNANTE

 En las instrucciones para bien gobernar Córdoba, que le da el humanista murciano Francisco Cascales (Murcia 1563-1642)  al recién nombrado alcalde, Pedro Ferrer, allá por 1626, después de hacer el elogio de “la más noble ciudad de España”, colonia patricia y patria de Marcial, de los dos Sénecas y de Lucano, y tras anunciarle que “el gran cargo es también gran carga”, el erudito murciano recomienda las virtudes que deben honrar a cualquier autoridad, entre ellas, la igualdad de trato ante la ley de poderosos y humildes.

jueves, 11 de junio de 2015

APOLOGÍA DE SÓCRATES



De esta obra primeriza de Platón, Apología de Sócrates, Popper decía que era el texto de filosofía más importante que se había publicado nunca. No es un diálogo, aunque se suela editar bajo este epígrafe, pues Platón nos cuenta en la Apología (defensa) el comportamiento de Sócrates, su maestro, ante quienes le juzgaron. Platón fue testigo presencial de lo que cuenta, así que podemos pensar que fue bastante fiel a lo que sucedió históricamente. La imputación era por impiedad (asebeia) y corrupción de menores. Un delito religioso penado con la muerte, pues le acusaban de introducir en Atenas divinidades nuevas...

La fe religiosa en Atenas, tras la ilustración y la sofística, no era lo que había sido. Por eso es muy probable que se usase el delito de "impiedad" como pretexto y que la democracia buscase en Sócrates una "cabeza de turco" contra el partido oligárquico, pues muchos de sus discípulos pertenecían a dicho partido, y algunos estuvieron complicados en los crímenes de la tiranía de los treinta, impuesta en Atenas por Esparta tras su victoria definitiva en la guerra del Peloponeso (404 a. C). Sócrates no era un aristócrata (eupátrida), sino un hijo de comadrona y picapedrero y nos consta que no quiso complicarse en las purgas y represiones emprendidas por "Los Treinta". Restaurada la democracia, le echaron mano mediante una acusación formalizada por tres sicarios: Ánito, Meleto y Licón.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Alcibíades o la ambición

"Es imposible para cualquier hombre controlar al mismo tiempo sus deseos y su suerte". Hermócrates de Siracusa (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, VI, 78)


Marco cronológico de las guerras médicas,  la guerra del Peloponeso y de la vida de Alcibíades, Sócrates y Platón 


500/479 Guerras médicas, que arrancan de la rebelión de las ciudades jonias de Asia Menor frente al imperio medo-persa, dirigida por Aristágoras de Mileto y apoyada por Atenas y Eretria.
490 1ª guerra médica. Batalla de Marathón: victoria del ejército ateniense. Atenas se convertirá en la potencia hegemónica de la Hélade.
480 2ª guerra médica. Jerges, tirano persa, parte de Sardes con un ejército de más de 100.000 hombres con el propósito de conquistar Europa. Cartago recibe de su metrópolis, Tiro, la orden de atacar a los griegos de Sicilia.
Formada una liga militar griega acaudillada por Esparta, Leónidas se sacrifica con 300 espartanos en el Paso de las Termópilas. Los persas invaden y devastan Beocia y el Ática, saquean Atenas, evacuada por su estratega Temístocles.
480 Victoria griega naval de Salamina.
479 Batalla de Platea y victoria de la armada griega en Micala. La Hélade gozara de veinte años de paz. Se ha salvado la libertad política y cultural de los griegos y de Europa.
477 Fundación de la Liga délica, liderada por Atenas.
448 Periodo imperial ateniense. Atenas impone sus sistema de moneda, pesas y medidas. Congreso de paz panhelénico convocado por Pericles.
445 Atenas reconoce la hegenomía de Esparta sobre el Peloponeso, a cambio de que Esparta reconozca su imperio marítimo, tercera potencia del Mediterráneo junto a Persia y Cartago.
443-429 Siglo de Pericles. Tras eliminar a la oposición oligárquica, el alcmeónida es elegido demagogo (conductor del pueblo) y estratega. Atenas –escribe- Tucídides “sólo nominalmente es una democracia; en realidad es la monarquía de un primer ciudadano”. Construcción del Partenón.

Pericles arengando al dêmos ateniense durante la primera guerra del Peloponeso

miércoles, 1 de enero de 2014

Test de revisión: Platón y Aristóteles


Filosofía ática. Subraye lo correcto o complete las frases:

1. En el campo de la gnoseología, Platón defiende:
a) la abstracción  b) el deductivismo  c) la reminiscencia  d) el agnosticismo

2. La física del Estagirita estudia entidades con movimiento y existencia real, las matemáticas estudian ………………………… y la metafísica …………………………….

3. Los …………………… creyeron en la transmigración de las almas e influyeron en las doctrinas de Platón, quien escribió en la entrada de su Academia: ..........................................

4. …………………. afirmó que era sabio en la medida en que tenía conciencia de su propia ignorancia y Aristóteles le atribuye el descubrimiento de la definición universal y la inducción como principio de toda ciencia.

5. Según Platón, las ideas se caracterizan por ser:
a) universales  b) singulares  c) particulares  d) relativas e) paradigmas

miércoles, 8 de mayo de 2013

Götzendämmerung




“Ninguna cosa en la que no intervenga la petulancia sale bien”
F. Nietzsche.
Götzen-Dämmerung oder 
Wie man mit dem Hammer philosophirt.

El Crepúsculo de los ídolos fue probablemente escrito por Nietzsche en 1887, cuando vivía, como un anacoreta, en la alta Engadina, en Sils Maria, en el cantón de los Grisones, al este de Suiza. En 1888 decidió publicar este librito como un compendio de su filosofía. La obra se llamaría “Ociosidad de un psicólogo”. Según un fragmento inédito de 1888 Nietzsche entiende en esta época el nihilismo como una especie de ociosidad, como la creencia de que no existe ninguna verdad: “un gran baño y un relajamiento de los miembros”[1].

La palabra “nihilismo” tiene un valor ambiguo en Nietzsche. ¿Es Nietzsche un nihilista?, ¿un negador del ser, la verdad y el bien? En cierto sentido sí, en cierto sentido no:

a) Denuncia lo que él considera el “nihilismo cristiano”, el ascetismo de los que reniegan de la vida, de la naturaleza y de sus instintos, por resentimiento o por debilidad. De esto modo, las categorías del “ser verdadero” son signos del no-ser y de la nada, pues inventar otro mundo expresa el recelo contra el devenir. También la ciencia –denuncia Nietzsche- es nihilista, pues momifica el devenir con su columbario de conceptos (metáforas desgastadas).

domingo, 20 de enero de 2013

Ilusión y desilusión del amor

Eros. Carrete ático c. 470-450 a. C.

“Platón, como si habitara fuera del tiempo, nos invita a crear mundos desconocidos capaces de convertir en habitables las cavernas en que vivimos”
Nieves Muñoz Muñoz. Los ecos del Banquete no escrito, Universidad Jaime I, 2010.

El famoso Symposion, Convivium o Banquete, narrado por Platón poco después de la fundación de su Academia en Atenas, hacia el 385 a. C., debió de ocurrir hacia el 416 antes de Cristo. Cuenta una comida entre amigos. Los comensales se reúnen para celebrar el premio conseguido por el anfitrión, Agatón, en un concurso de tragedias.

Escogen el más bello de todos los temas de conversación, deciden hablar del amor (Eros). O, como precisa Comte-Sponville[1] más bien “sobre el amor”, porque es una cena de hombres y las confidencias no son su fuerte. Hablarán, pues, sobre el amor en general, y no sobre sus amores reales y particulares.

Durante el banquete, en el que se beberá con moderación, se escucharán siete discursos sucesivos, cada uno de ellos más interesante o pintoresco que el anterior. Aunque le llamemos “diálogo”, en realidad El Banquete presenta una forma peculiar dentro de la obra de Platón, sólo por inercia puede ser considerado un “diálogo”, ya que contiene una serie de siete monólogos bien enlazados: el de Fedro, el de Pausanias, el de Erixímaco, el de Aristófanes, el de Agatón y, por último, el de Sócrates, al que seguirá, como una especie de coda en un registro totalmente diferente, el discurso de Alcibíades, que llega tarde y completamente borracho.

domingo, 13 de enero de 2013

La sabiduría del gallo de Gorgias



“Ya estaba casi fría la zona del vientre cuando descubriéndose, pues se había tapado, [Sócrates] nos dijo, y fue lo último que habló:
-Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides.
-Así se hará –dijo Critón-.”
                                                                    Platón, Fedón, 118ab.

He aquí las últimas palabras del santo de la Filosofía, de Sócrates de Atenas, después de beber la cicuta, y antes de cruzar la línea de sombra en el 399 a. C. Al menos, así nos lo dejó escrito Platón, su más importante discípulo.

¿Qué quieren decir? Han corrido ríos de tinta sobre esta deuda de un gallo a Esculapio, el dios de la medicina. La interpretación dominante le asigna una comprensión irónica: Sócrates consideraría aquí a la muerte como la curación definitiva de todos los males humanos. Esa interpretación se lleva bien con un diálogo trágico en el que se define la filosofía como una preparación para la muerte.

Sin embargo, Willamowitz no aceptó esta interpretación: “ni la vida es una enfermedad ni Asclepio cura males del alma”.

miércoles, 25 de enero de 2012

REFUTACIÓN SOCRÁTICA Y VERDAD MORAL


No sólo sus acusadores, Ánito, Meleto y Licón, es decir, aquellos que -sicarios o no- fueron cómplices del proceso contra "el hombre más justo de Atenas", no sólo ellos imputaron a Sócrates los delitos de ateísmo (asebeia, impiedad) y corrupción de menores, sino que otros autores posteriores han denunciado su mayéutica como corrosiva, porque Sócrates, al criticar las opiniones de sus conciudadanos sobre el bien o la virtud, haciéndoles ver que "no se sostienen en el logos", o que entrañan contradicciones, no ofrece, a cambio de esa "calderilla" de doxai, el "oro" de una definición segura, la esencia de la virtud, sino que se queda él mismo y deja a los demás en el más absoluto embrollo (Menón 80cd). Tal sería el final infeliz de los diálogos aporéticos.

"Lo que los diálogos nos muestran, una y otra vez, es que Sócrates puede demostrar que sus interlocutores están desconcertados, que sus respuestas sobre lo que es la piedad o el valor o la virtud están equivocadas a la luz de otras opiniones que ellos mismos sostienen" (Donald Davidson).

martes, 8 de noviembre de 2011

Plutarco y el demon socrático

"Innumerables son los senderos de nuestras vidas pero pocos son aquellos por donde los démones conducen a los hombres" (Sobre el demon de Sócrates, 586A)


Plutarco de Queronea (46-120) es un ejemplo admirable de síntesis cultural grecorromana. Representante ilustre del platonismo religioso, ofrece una serena síntesis educadora con sus Vidas paralelas y con sus Obras morales y de costumbres (Moralia), a la vez que un vivo retrato de las principales inquietudes de la época helenística, con su dramática fusión de individualismo y universalismo, reflexión y melancolía.

En su diálogo Sobre el demon de Sócrates, arremete contra la vanidad y la superstición. Puede, -afirma uno de sus personajes, Galaxidoro- que para los políticos propagar la superstición no esté mal, pues "acostumbrados a vivir ante un público atrevido y sin disciplina, podrán así según su conveniencia persuadir o transformar a la gente con el freno de la superstición" (580A). Sin embargo, la superstición no conviene a la filosofía y es opuesta a sus pretensiones, porque la filosofía pretende enseñar mediante la razón lo bueno y lo útil en su totalidad.