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domingo, 30 de octubre de 2022

LA MÓNADA DE LEIBNIZ

Manuscrito de Leibniz

 

Para mi viejo amigo Vicente Nieto,
que no comprendió a qué refiriere Leibniz con su “mónada”.

 

Leibniz define la mónada como una sustancia simple e indivisible y por tanto sin extensión[1] ni figura. “Allí donde no hay partes, tampoco hay extensión”. Las mónadas son los verdaderos átomos o elementos imperecederos de la naturaleza. Sólo pueden comenzar por creación y concluir por aniquilación.

“El espacio, lejos de ser una sustancia, ni siquiera es un Ser. Es un orden, como el tiempo, un orden de las coexistencias, como el tiempo es un orden entre las existencias que no están juntas. La continuidad no es una cosa ideal, sino lo que hay de real es lo que se halla en este orden de la continuidad” (Akademie-Ausgabe, Transkiptionen 1914, Nr. 144, pág. 183)[2]

Las mónadas carecen de ventanas o poros[3] y cada una es diversa de cualquier otra, “pues nunca se dan en la Naturaleza dos Seres que sean perfectamente el uno como el otro, y en donde no sea posible hallar una diferencia interna o fundada en una denominación intrínseca”, según el Principio de los indiscernibles por el cual no pueden darse en la naturaleza dos cosas singulares que sólo se distingan según número[4].

martes, 31 de marzo de 2020

LA CIUDAD DE DIOS


San Agustín
LA VISIÓN DE LA HISTORIA DE SAN AGUSTÍN

El imperio romano del siglo V ya no parecía tan malvado ni avocado al vicio como antaño, antes de Constantino, pero la Iglesia ya no parecía tan santa después de Constantino, el emperador que en 313 había decidido convertir el cristianismo en la fe del Estado (In hoc signo vinces). Hay que recordar el contexto. Cuando san Agustín (354-430) comenzó a escribir hacia el 413 su Ciudad de Dios, los bárbaros comenzaban a invadir y a destruir el imperio romano. San Agustín escribe la De Civitate Dei para responder a las acusaciones dirigidas contra los cristianos (pacifismo, incivismo) y para consolarlos por la derrota, pues en 410 el bárbaro Alarico conquistó Roma, capital de un imperio cristiano.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Platón místico, según Simone Weil

La desnudez del alma

Al final de su vida, Simone Weil (SW, 1909-1943) estudió y tradujo a los clásicos griegos. Deseaba popularizar su sabiduría. Su ensayo “Dios en Platón” aparece en un cuaderno redactado por la filósofa en Marsella y Nueva York, entre 1940 y 1942.

Para SW la historia griega comenzó con un crimen atroz: la destrucción de Troya. Más que gloriarse de ello, los griegos convirtieron ese recuerdo mítico en remordimiento y tormento. La Ilíada es así el cuadro más conmovedor de la miseria humana.

Toda la civilización griega es una búsqueda de puentes y mediaciones. Su espiritualidad se vierte en los textos de Platón que es, para SW, sobre todo, un místico.

Platón recoge las tradiciones mistéricas y órficas anteriores[1]. Somos hijos del cielo y la vida terrenal es olvido, por eso la reminiscencia platónica, central en su metafísica, es el reconocimiento o des-cubrimiento (a-letheia), recobrado recuerdo de las cosas divinas.

miércoles, 22 de enero de 2014

Sumas de Tomás de Aquino

Compendios teológicos medievales

El saber de Dios en la plenitud de la Escolástica


Las Summa, escritas en latín, constituyen el género literario más característico del siglo XIII, siglo del esplendor del gótico y del desarrollo de las universidades en el Occidente cristiano. En este género, el "Doctor angélico", Tomás de Aquino (1225-1274), supera a todos sus contemporáneos, por el vigor y armonía de las suyas, la perfección de su estilo dialéctico, la claridad de sus síntesis y su visión globalizadora.

Están formadas por cuestiones sobre el tema tratado. Se dividen en artículos que responden a una serie de preguntas. 


Los artículos tienen casi siempre la misma estructura: 
  1. Una pregunta inicial (que expresa normalmente lo contrario de lo que piensa Tomás de Aquino) 
  2. Argumentos u observaciones que irían en contra de la tesis propuesta (objeciones), 
  3. Argumentos a favor (sed contra). 
  4. En la parte central y principal se desarrolla la respuesta (responsio) 
  5. Finalmente se contestan una a una las objeciones (y a veces también los que han sido presentados como argumentos a favor).