jueves, 8 de marzo de 2018

FILOSOFÍA POLÍTICA DE TOMÁS DE AQUINO

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Introducción

Con Tomás de Aquino culmina el pensamiento escolástico. Su filosofía es el análogo intelectual de las grandes catedrales góticas. Su equilibrio la convirtió en la mayor autoridad intelectual del catolicismo. Eso no quiere decir que no haya aspectos caducos y hasta grotescos en su pensamiento que, si por una parte anticipa el racionalismo moderno, incluso el existencialismo; por otra parte, hereda concepciones que la ciencia ha reducido a obsoletas. Por ejemplo, el menosprecio del alma femenina.

La teoría tomista del derecho se halla sobre todo en la Summa theologiae en la que el "Doctor angélico" trabajó desde 1266 a 1273; también en la Summa contra gentes (1259-1264) y en los Comentarios a la Ética (1261-1264) y Política (1272) de Aristóteles, y en algunos otros opúsculos y comentarios.

Tradición y orden

El también llamado "Ángel de las escuelas" se enfrentó al averroísmo latino de Sigerio de Bravante, de raíz panteística, y al agustinismo filosófico de Buenaventura. La síntesis lograda por Tomás de cristianismo y aristotelismo es una metafísica del orden. Sus conceptos de Ley Eterna y Ley Natural dependen mucho de San Agustín. Aunque Tomás de Aquino combatió algunas de las doctrinas que se atribuían a Averroes, como la de "la doble verdad", hay que decir que nunca habló mal del Comentador cordobés.

Ley Eterna y Ley Natural

El universo de Tomás, a diferencia del cosmos griego, es creación de un Dios personal que lo rige y gobierna racionalmente. La expresión de esta razón divina es la Ley Eterna: "razón de la divina sabiduría en cuanto dirige toda acción, todo movimiento". La Ley, en general, es una "ordenación de la razón al bien común promulgada por quien tiene a su cargo el cuidado de la comunidad". 

Se trata de una concepción intelectualista. Los seres inanimados y los animales irracionales participan y están sometidos a la Ley Eterna necesaria y ciegamente, el hombre participa de ella de un modo eminente, por su razón, y por eso puede aceptarla u oponerse a ella librementeEsta participación de las criaturas en la ley eterna se llama Ley Natural.

Razón especulativa y razón práctica

Tomás de Aquino distingue entre razón especulativa y razón práctica. La primera está orientada a la contemplación objetiva del ser, la que hoy llamaríamos "razón teórica o científica"; la segunda es aquella que el hombre configura con su acción y que depende de su voluntad (razón ética).

El imperativo de la razón práctica

La ley natural es universal, inmutable e indeleble, aunque varía según las circunstancias históricas pues contiene primeros principios y principios secundarios. El principio supremo de la Ley Natural exige hacer el bien y evitar el mal y corresponde en al ámbito de la razón práctica al principio de no contradicción de la razón especulativa. Este se funda en el concepto de ser (algo no puede ser a la vez y no ser) y aquél, el práctico, en el concepto de bien que es lo que todos los seres apetecen. En este precepto supremo de orden práctico se fundan todos los demás: "Haz el bien, evita el mal".

Falibilidad de la razón práctica

Pero las conclusiones del orden especulativo poseen mayor certeza que las del orden práctico, porque la razón práctica se mueve en el círculo de la contingencia ya que trata con situaciones particulares donde las cosas siempre podrían ser de otro modo.

Esta defectibilidad de la razón práctica explica la necesidad de las leyes positivas, humanas o divinas. Por eso, en el trascurso de los siglos el acervo naturalista se enriquece ante necesidades nuevas. Un ejemplo sería el de los derechos humanos, estos se han visto ampliados, desde los derechos individuales, a derechos sociales y ecológicos.

La Ley Natural es cognoscible e indeleble, no puede borrarse de la conciencia y del corazón del hombre. Los hombres no puede desconocer por ejemplo que deben respetar la vida propia y ajena, pero cabe que la menosprecien en la práctica bajo el influyo de malas pasiones.

Justificación de las leyes humanas

Las leyes humanas (el derecho positivo) obligan en la medida en que sean congruentes con la Ley Natural. Si se separan de ella, si ordenan por ejemplo asesinar o violar, no son leyes sino corrupción de ley. La clave material para determinar si una ley positiva es congruente con la Ley Natural es saber si está al servicio del bien común, o sea, si es justa, puesto que la justicia es la virtud cuyo fin es el bien común. 

Para Tomás de Aquino, como para su maestro Aristóteles, el hombre es un animal social, político, pues no se basta a sí mismo y sólo la sociedad política hace posible la vida buena. La realidad política es una realidad superior a la suma de sus miembros, el bien individual se somete así al bien común, pero sin ser absorbido por este (que es el peligro de todos los totalitarismos).

Ley injusta y desobediencia civil

Sobre esta base, Tomás de Aquino establece una sutil teoría de la resistencia a la ley injusta buscando un equilibrio entre las exigencias de la justicia y las de la seguridad. Puede convenir acatar la ley injusta si su desobediencia puede acarrear males peores. Únicamente si atenta contra un bien divino (el derecho a la vida de un inocente, por ejemplo) habrá de rechazarse en absoluto.

Moral y derecho

Siguiendo a San Agustín, afirma el Aquinate que no incumbe a la ley humana prohibir todos los vicios, ni exigir todas las virtudes, sino solo aquellas que por su alcance social afectan al bien común. Así pues, Tomás de Aquino distingue claramente entre moral y derecho, aunque la Ley Natural abarca tanto los principios éticos como los jurídico-naturales.

Las leyes humanas derivan de la Ley Natural por vía de conclusión o por vía de determinación próxima, como lo particular deriva de lo genérico o abstracto. Así tenemos  por vía de conclusión el derecho de gentes (ius gentium) y por la segunda vía el derecho civil. El ius gentium se presenta de este modo como algo intermedio entre el derecho natural y el positivo.

La justicia

La  teoría tomista de la justicia aúna Aristóteles con la jurisprudencia romana. La justicia es aquella virtud de la voluntad que ordena al hombre en las cosas relativas a otro. Implica cierta igualdad. A la referencia al otro se une una relación de débito, y por eso la justicia asegura a cada uno lo suyo, es el "hábito según el cual alguno con constante y perpetua voluntad da a cada uno su derecho". La justicia natural resulta de la naturaleza misma de las cosas; la positiva, de la voluntad humana expresada en leyes, costumbres o convenios particulares.

La justicia particular se presenta en dos formas: como justicia conmutativa (nadie es más que nadie) entre personas particulares dentro de una comunidad. O como justicia distributiva cuando refiere a la relación del cuerpo social con sus miembros, o sea, del todo con sus partes. Aquí no impera la igualdad absoluta sino que se aplica la proporción en relación al mérito o demérito. Por ejemplo, sería distributivamente injusto que la sociedad tratase igual al corrupto que al filántropo.

La teoría de la justicia desemboca -como en Aristóteles- en una teoría de la equidad. Dado que los actos humanos son singulares y contingentes resulta imposible establecer una ley que prevea todas las circunstancias. Hay casos en que el cumplimiento estricto de la ley iría contra la justicia, aun siendo una buena ley. En ese caso el juez debe interpretar la ley ateniéndose a la razón de justicia y a la utilidad común.

Economía y ética

Respecto a la vida económica, Tomás de Aquino reflexiona que las cosas más imperfectas existen para las más perfectas, por consiguiente, los bienes materiales no han de apetecerse por sí mismos, sino en cuanto son necesarios para alcanzar la felicidad (beatitud). La economía debe  someterse a la ética.

El Aquinate reconoce el valor del egoísmo moderado (amor propio) en la fundamentación de la propiedad privada en el ius gentium, por razones de utilidad, pues aunque los bienes sean de la humanidad en general, se suele atender mejor a las cosas si se poseen privadamente. Pero rechaza el egoísmo como estímulo económico principal: quien posee los bienes no debe tenerlos como propios, sino como comunes, de modo que pueda darlos fácilmente a otros cuando los necesiten. Como Aristóteles, reconoce que un minimum de bienestar económico es condición previa de una vida virtuosa.

Bibliografía

Antonio Truyol y Serra. Historia de la filosofía del derecho y del Estado. Revista de Occidente, Madrid, 1961.


viernes, 2 de marzo de 2018

EMOTIVISMO ÉTICO (HUME)



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Nos mueven sentimientos, no razones

La tradición occidental de la reflexión filosófica sobre las costumbres ha sido más bien racionalistaintelectualista. Desde Sócrates, el problemático saber del bien y del mal orientó sus esfuerzos hacia un cálculo racional de los placeres y un control igualmente racional de las pasiones, que los estoicos veían como "morbos del cuerpo y del ánimo" (Séneca). Para el ascetismo estoico, la conquista de la serenidad implicaba la erradicación de estas "enfermedades" del alma.

Sin embargo, la tradición filosófica escocesa de la Ilustración ofrecerá una interpretación bien distinta a la del intelectualismo. La razón no es fin de la acción humana, sino instrumento, y su oficio es, precisamente, satisfacer las pasiones. Son las emociones las que nos mueven a hacer esto o lo otro; como decía el Hamlet de Shakespeare: "es el miedo lo que nos hace prudentes".

Shatesbury y Hutcheson forman parte de esa tradición emotivista que culmina en David Hume (1711-1776). El escocés explica en sus ensayos que la razón humana no es activa. Su tarea es relacionar ideas (lógica, aritmética, geometría) y explicar hechos (ciencias naturales), pero la razón por sí misma es incapaz de determinar la conducta del hombre.

viernes, 24 de noviembre de 2017

DIALÉCTICA PLATÓNICA

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"Moral y dialéctica es la orientación que Platón hereda de Sócrates"

Antonio Tovar
Introducción

Platón usa el nombre de dialéctica para referirse a su método filosófico (ἡ διαλεκτικὴ μέθοδοσ). Dialégesthai significa en griego discutir, dialogar o, más propiamente: "tomar parte en el tipo de conversación que es educada, seria e interesada en la verdad" (Robinson, Plato's Early Dialectic), tratando los interlocutores de aprender el uno del otro, clasificando las cosas por sí mismos ("dialegein" es clasificar).

Podríamos forzar la traducción de "Dialéctica" llamándola Dialógica o Lógica conversacional, una lógica que consiste en el arte y técnica de dar y recibir razones. Un arte de la discusión lógica inventado por Zenón de Elea y desarrollado primero Sócrates y luego Platón.

sábado, 28 de octubre de 2017

COMENTARIO AL TIMEO

Manuscrito medieval de la traducción del Timeo de Platón a partir de la versión de la versión comentada de Calcidio.

El sustrato material y la existencia de la forma

El lado débil de cualquier idealismo es su filosofía de la naturaleza. Sobre todo si pretende ser ciencia de la naturaleza, saber objetivo. La naturaleza resulta muy poco ideal para quien la conoce de cerca. No me refiero al conocimiento científico, que cuando es teórico resulta notablemente ideal (y
aquí el Timeo sigue teniendo algo que decir), sino al conocimiento directo del campesino, del jornalero, del cazador, del pescador, del granjero. Ni siquiera hace falta tomarse en serio la Evolución, la lucha de las especies por la supervivencia, para comprender que la naturaleza es un campo de batalla de fuerzas ciegas. Como la Natura-Dios de Spinoza, el mundo no parece responder a fines y, en este sentido, no es ni bueno ni malo.

lunes, 5 de junio de 2017

DIGESTIÓN ORTEGUIANA DE KANT Y NIETZSCHE


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Neokantianos alemanes

Fueron decisivos en la formación intelectual de José Ortega y Gasset (1883-1955), el mayor filósofo español del siglo XX y tal vez de todos los tiempos, los años que pasó en Alemania, en diversas etapas. El primer viaje fue en 1905 a la Universidad de Leipzig. En Lepizig tuvo Ortega su "primer cuerpo a cuerpo desesperado con la Crítica de la razón pura, que ofrece tan enormes dificultades a una cabeza latina". Ortega mismo describe como daba embestidas contra esta obra por analogía con el elefante del zoo (elefante, dios indio de la filosofía): el enorme paquidermo se formó un callo golpeando su noble frente contra los barrotes de su jaula, "que es lo más que una criatura puede hacer" (OO. CC. I, 441).

En Leipzig pasó Ortega un semestre, en el siguiente marchó a Berlín, luego en Marburgo durante tres años, becado austeramente por el Estado español, estudió con los neokantianos Hermann Cohen y Paul Natorp, quienes ejercerán profunda influencia en él. Son los años de lo que luego llamará su "prisión kantiana", y contra la que empezará a reaccionar en 1910. En Marburgo se describe a sí mismo como "una pura llama celtíbera que ardía, que chisporroteaba de entusiasmo dentro de la Universidad alemana" (VIII, 261). Discutía con Nicolai Hartmann, con Paul Scheffer... sobre Kant y sobre Parménides.

sábado, 3 de junio de 2017

NEOTOMISMO



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Tomás de Aquino en el siglo XX

En 1879, en su encíclica Aeterni Patris, el papa León XIII exhortaba a los filósofos católicos a inspirarse en el Aquinate. Por un lado ello provocó un magisterio doctrinal dogmático y estrecho, "escolástico", en el pobre sentido que esta palabra había cobrado desde Descartes. Pero también se auspiciaron renovaciones y reflexiones serias, a la altura de su tiempo. El mayor resurgir del tomismo debió mucho a la labor de Desiré Joseph Mercier (1851-1926) y sus colaboradores en Lovaina. Trabajaron para desarrollarlo a la luz de problemas modernos y en diálogo con las corrientes de la filosofía contemporánea: empirismo, positivismo, neokantismo...

Pero las dos figuras más famosas asociadas a la actualización del tomismo han sido Jacques Maritain y Étienne Gilson.

El realismo crítico de Maritain


Jacques Maritain nació en París en 1882. Superó su cientifismo inicial a causa de las lecciones de Henri Bergson y luego se convirtió al catolicismo influido por Léon Bloy en 1906. Estudió biología en Heidelberg con el neovitalista Hans Driesch. Fue profesor titular en Princeton y embajador de Francia en el Vaticano.

¿DESCARTES PRAGMATISTA?



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Ecos cartesianos


La filosofía de Descartes ha sido objeto de numerosas interpretaciones. Unos, como M. Leroy, ven al francés como a un filósofo enmascarado, dando todo su valor al lema cartesiano 'Larvatus prodeo' (Avanzo oculto). Según Cassirer, Descartes se interesó como teórico por la fundamentación de la Nueva Ciencia y, como persona, por la obtención de la pax fidei, o sea, por la conciliación entre su cristianismo y su racionalismo, entre la teología y la filosofía.