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sábado, 11 de febrero de 2017

ALCESTIS Y LA PIEDAD DE APOLO

Vaso etrusco representando la despedida de Alcestis y Admeto

Obra maestra de Eurípides

Alcestis se representó en el teatro de Atenas hacia 438 a. C. Comprende el tema popular de la esposa amante, Alcestis, que se inmola heroicamente ofreciendo su vida por la de su esposo y, unido a este asunto, la lucha victoriosa del héroe mítico Hércules contra el Genio de la Muerte.

Algunos críticos la consideran una tragicomedia, mejor que una tragedia, porque acaba bien. El dios Apolo recita el prólogo informando de la situación previa a la acción, cosa que es frecuente en las tragedias de Eurípdes. Cuenta Apolo que ha sido humillado y sufre por estar al servicio de un mortal, Admeto, del que se ha hecho amigo. El castigo se lo ha impuesto Zeus por haber matado a los Cíclopes que le fabricaban los rayos. Con la muerte de cíclopes,por su parte, Apolo se vengaba así de Zeus, pues el padre de los dioses había asesinado a su hijo Asclepio...

sábado, 5 de mayo de 2012

RAZÓN VS. PASIÓN (Kant)


Portada de un magazine mensual francés
dedicado a la divulgación de la filosofía

¿Puede ser moral la pasión?



Esta pregunta se puede hacer a la sombra de las polémicas ilustradas. Tras leer apasionadamente a Rousseau, Kant le refuta. No se debe fundar la moral en el “corazón”, sino que hay que cimentarla en el uso ético de la razón.

Rousseau pensaba que la capacidad moral del humano enraizaba en una especie de sentimiento específico, en la compasión o piedad genuina que nos produce el sufrimiento ajeno, o sea, en una tipo de pasión natural y universal. Pero Kant le objeta que, en ese caso, no podríamos esperar que la moral fuese universal ni que todos los seres humanos se comportaran moralmente.

"No podríamos esperar", pero..., ¿no es la esperanza también una pasión y puede que la más fuerte, "la última que se pierde"? Si fundamos la moral en el corazón de los humanos -piensa Kant-, ¿qué pasa con los que no tienen corazón, con los que muestran “mala entraña”? Estarían condenados a la amoralidad o a la inmoralidad.

De ahí su propuesta: fundar la moral en el uso apriorístico de la razón. La razón me permite, ella sola, aplicar el imperativo categórico: “Obra de tal manera que la máxima de tu acción pueda ser elevada a ley universal". Alguien me ha dañado y yo ansío vengarme. Aplicando el imperativo categórico, me percato enseguida de que es imposible convertir la máxima de la venganza en ley moral universal. Si todo el mundo se vengara cuando le apetece, la vida en sociedad sería imposible. Todos los hombres pueden estar de acuerdo en esto, ¡incluso los que no tienen buenos sentimientos! Por tanto, es suficiente ser racional para ser moral.