lunes, 5 de junio de 2017

DIGESTIÓN ORTEGUIANA DE KANT Y NIETZSCHE


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Neokantianos alemanes

Fueron decisivos en la formación intelectual de José Ortega y Gasset (1883-1955), el mayor filósofo español del siglo XX y tal vez de todos los tiempos, los años que pasó en Alemania, en diversas etapas. El primer viaje fue en 1905 a la Universidad de Leipzig. En Lepizig tuvo Ortega su "primer cuerpo a cuerpo desesperado con la Crítica de la razón pura, que ofrece tan enormes dificultades a una cabeza latina". Ortega mismo describe como daba embestidas contra esta obra por analogía con el elefante del zoo (elefante, dios indio de la filosofía): el enorme paquidermo se formó un callo golpeando su noble frente contra los barrotes de su jaula, "que es lo más que una criatura puede hacer" (OO. CC. I, 441).

En Leipzig pasó Ortega un semestre, en el siguiente marchó a Berlín, luego en Marburgo durante tres años, becado austeramente por el Estado español, estudió con los neokantianos Hermann Cohen y Paul Natorp, quienes ejercerán profunda influencia en él. Son los años de lo que luego llamará su "prisión kantiana", y contra la que empezará a reaccionar en 1910. En Marburgo se describe a sí mismo como "una pura llama celtíbera que ardía, que chisporroteaba de entusiasmo dentro de la Universidad alemana" (VIII, 261). Discutía con Nicolai Hartmann, con Paul Scheffer... sobre Kant y sobre Parménides.

sábado, 3 de junio de 2017

NEOTOMISMO



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Tomás de Aquino en el siglo XX

En 1879, en su encíclica Aeterni Patris, el papa León XIII exhortaba a los filósofos católicos a inspirarse en el Aquinate. Por un lado ello provocó un magisterio doctrinal dogmático y estrecho, "escolástico", en el pobre sentido que esta palabra había cobrado desde Descartes. Pero también se auspiciaron renovaciones y reflexiones serias, a la altura de su tiempo. El mayor resurgir del tomismo debió mucho a la labor de Desiré Joseph Mercier (1851-1926) y sus colaboradores en Lovaina. Trabajaron para desarrollarlo a la luz de problemas modernos y en diálogo con las corrientes de la filosofía contemporánea: empirismo, positivismo, neokantismo...

Pero las dos figuras más famosas asociadas a la actualización del tomismo han sido Jacques Maritain y Étienne Gilson.

El realismo crítico de Maritain


Jacques Maritain nació en París en 1882. Superó su cientifismo inicial a causa de las lecciones de Henri Bergson y luego se convirtió al catolicismo influido por Léon Bloy en 1906. Estudió biología en Heidelberg con el neovitalista Hans Driesch. Fue profesor titular en Princeton y embajador de Francia en el Vaticano.

Maritain ha escrito mucho y bueno sobre teoría del conocimiento. En esta materia su obra más conocida es Distinguer por unir, ou les degrés du savoir (1932). Maritain extiende el concepto de conocimiento y saber más allá del círculo reducido de la ciencia físico-matemática. El conocimiento del mundo requiere también de la filosofía de la naturaleza y de la metafísica, y la ciencia misma origina problemas que van más allá del análisis matemático de los fenómenos sensibles.

Maritain reafirma el primado de la cuestión ontológica sobre la gnoseológica o epistemológica. Desde una posición que puede caracterizarse como realismo crítico denuncia tanto el idealismo moderno racionalista como el irracionalismo romántico. Ambos son antropocentrismos que se envanecen erróneamente de la superioridad autónoma de la conciencia. Pero el hombre no es el fundamento último de las cosas. Está vinculado a Dios, y en dirección a Él se realiza la expansión de todas sus posibilidades.

Maritain presenta a Tomás de Aquino, por su énfasis en el esse, entendido como existencia, como un genuino existencialista. No desprecia ni a las ciencias ni al conocimiento conceptual, pero admite la posibilidad de un conocimiento no conceptual, pre-reflexivo. Puede haber así un conocimiento implícito de Dios que no sea reconocido como tal por quien lo tiene. En virtud del dinamismo interno de la voluntad, la elección del bien en contra del mal entraña una afirmación implícita de Dios, del Bien mismo, como meta última de la existencia humana.

Conocimiento por connaturalidad


Se trata de un conocimiento de Dios puramente práctico, que puede incluso coexistir con la irrelevancia teórica o científica de Dios. Asimismo, en el misticismo religioso se da un "conocimiento por connaturalidad", que en su modalidad más cotidiana puede representarse como "conocimiento poético", asociado a la emoción cuando esta se hace intencional e intuitiva y tiende a la expresión y a la creación.

El conocimiento por connaturalidad se da en la experiencia moral, en el modo en que el hombre adquiere sus convicciones morales, pues la filosofía moral presupone juicios morales que expresan una conformidad entre la razón práctica y las inclinaciones esenciales de la naturaleza humana.

Personalismo


Maritain ha intentado liberar al tomismo de sus prejuicios medievales, y desarrollar la filosofía tomista social y política aplicando sus principios a los problemas actuales. Para tal tarea recurre a la distinción entre "individuo" y "persona". Aceptando la teoría aristotélico-tomista de la materia como principio de individuación, describe la individualidad (nosotros diríamos el individualismo) como "aquello que excluye de uno mismo a todos los demás hombres" o como "la menesterosidad del ego, incesantemente amenazado y siempre dispuesto a acaparar para sí". Sin embargo, la persona (o personalidad) es el alma espiritual en cuanto comunicada al compuesto ser humano y que puede autodonarse en la libertad y en el amor.

Ciertas sociedades sobrestiman a los individuos como a particulares distintos despreciando lo universal, como es el caso del individualismo burgués, que corresponde filosóficamente al nominalismo. Otras sobrestiman tanto lo universal que subordinan por completo a los particulares, como ocurre en los diversos tipos de sociedades totalitarias, o en la falsa trascendencia del panteísmo.

El "realismo moderado" de Santo Tomás hallaría su expresión, dentro del campo ético-político, en una sociedad de personas que satisficiese las necesidades de los seres humanos como individuos biológicos pero estuviese a la vez fundada en el respeto a la persona humana en cuanto que ésta trasciende el nivel biológico y trasciende también toda sociedad temporal.

"El hombre no es en modo alguno para el Estado. El Estado es para el hombre"

Durante la guerra civil española, Maritain se declaró a favor de la República, y políticamente era más bien de izquierdas que de derechas.

Historiadores de la filosofía neoescolásticos


En cuanto a Gilson, el otro gran neotomista francés, diremos solamente que sus estudios históricos, por ejemplo su trabajo sobre La filosofía en la Edad Media (1922), tienen un extraordinario valor con independencia de la actitud que se adopte respecto al tomismo como filosofía idónea o no para tratar los problemas actuales.

Lo mismo sucede con el jesuita inglés Frederick Ch. Copleston (1907-1994) y su monumental Historia de la filosofía. Copleston alcanzó gran popularidad debido al debate que sostuvo en 1948 en la BBC con el premio nobel Bertrand Russell, matemático y filósofo, sobre el problema de la existencia de Dios.

Neotomismo español

En España, el movimiento neotomista estuvo demasiado asociado a la reacción contra el krausismo que había importado de Alemania Julián Sanz del Río (1814-1869). Muchos doctores de la Iglesia y profesores con sotana identificaban la restauración del tomismo con la auténtica filosofía católica, y constrastaban "la razón iluminada por la fe de Tomás de Aquino" con "la razón enemiga de la fe de Federico Krause". El neotomismo representaba así la reacción del integrismo y el tradicionalismo (incluso del carlismo político) a la renovación liberal de las conciencias y al racionalismo de estirpe cartesiana, kantiana o hegeliana que buscaba una modernización educativa en España.

Sin embargo, el principal representante del neotomismo en la segunda mitad del siglo XIX fue un dominico asturiano con verdadero talento: Ceferino González y Díaz Tuñón (1831-1895), quien con sus Estudios sobre la filosofía de Santo Tomás (1864-1886) se adelantó al movimiento de renovación escolástica de la Escuela de Lovaina al que nos hemos referido más arriba.

En Ocaña organizó un seminario de Lenguas clásicas y modernas, un laboratorio de Física y un museo de Historia natural, y en el convento de la Pasión de Madrid reunió en torno suyo a un puñado de jóvenes interesados por la filosofía; entre ellos Juan M. Ortí y Lara (Marmolejo, Jaén 1826- Madrid 1904), que acabará siendo el más feroz impugnador del krausismo y del pensamiento moderno, desde su cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid (*).

De la Historia de la Filosofía de Ceferino González se hicieron varias ediciones, la segunda en cuatro volúmenes. Esta obra tiene el mérito de presentar las corrientes y los autores sin dejarse llevar en ningún momento por el dogmatismo ni por la intolerancia. Sus exposiciones son serias y bien documentadas y sus juicios serenos y prudentes -explica José Luis Abellán. Esta y otras obras suyas se pueden leer o consultar en la Red, gracias al Proyecto Filosofía en español de la universidad de Oviedo, promovido por Gustavo Bueno. 

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El cardenal filósofo Ceferino González
Ceferino González contrastó el tomismo con los sistemas filosóficos modernos y lo actualizó con arreglo a los nuevos descubrimientos científicos, a los que estaba atento. Prueba de su buen sentido y espíritu abierto es que fue respetado por el krausista Manuel de la Revilla que lo consideró "un insigne pensador, émulo de Balmes" que "dio nueva vida al escolasticismo", y por el regeneracionista granadino Ángel Ganivet: "ha intentado en todas sus obras rejuvenecer la filosofía escolástica, armonizándola con los progresos actuales".

Quizá su mayor originalidad se halle en su filosofía de la historia, donde establece una postura equidistante entre el idealismo hegeliano y el positivismo materialista, a través de un profundo análisis crítico de Vico, Herder, Cousin, Bossuet y, sobre todo, Hegel.

A propósito de la polémica entre Ciencia y Religión, abierta en España por un prólogo de Nicolás Salmerón a un libro de J. W. Draper, fray Ceferino redactó su obra apologética La Biblia y la ciencia (Madrid, 1891-1894) donde intenta demostrar que  no hay contradicción entre el relato bíblico y los más recientes descubrimientos científicos.  


Nota

(*) Juan Manuel Ortí y Lara fue un filósofo ultraconservador que atacó el krausismo, el liberalismo y hasta el conservadurismo de Menéndez Pelayo. Todo lo que no fuera escolasticismo rígido e intolerante le parecía al jiennense una debilidad, incluida la posición de su maestro Ceferino González que le pareció blanda respecto a "los errores de la filosofía moderna". Unamuno, que estudió con él metafísica en Madrid, llamó a Ortí y Lara "profesor, que no maestro".

Para Ortí y Lara el tomismo oficial católico era la culminación especulativa del género humano, tras cada formulación ya no cabía progreso alguno. Desde este ángulo, el tomismo apareció -con razón- como una mera "ideología" (en sentido marxista) al servicio del inmovilismo social más rancio. Ortí y Lara, que no era ningún tonto y dominaba el alemán, fue de los pocos que leyeron los textos de Krause originales, eso sí, para emprender feroces ataques, que no dudaban en ir hasta lo personal, rebatiendo y satirizando a los bienintencionados krausistas hispanos, hombres de buena fe.

Bibliografía


  • Abellán, José Luis. El pensamiento español de Séneca a Zubiri. UNED, Madrid 1977.
  • Copleston. Historia de la Filosofía, ed. Ariel, 1980. vol. 9. Parte III, cap. XII: "El tomismo en Francia".
  • Diccionario Ferrater Mora. Maritain, Jacques.


¿DESCARTES PRAGMATISTA?



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Ecos cartesianos


La filosofía de Descartes ha sido objeto de numerosas interpretaciones. Unos, como M. Leroy, ven al francés como a un filósofo enmascarado, dando todo su valor al lema cartesiano 'Larvatus prodeo' (Avanzo oculto). Según Cassirer, Descartes se interesó como teórico por la fundamentación de la Nueva Ciencia y, como persona, por la obtención de la pax fidei, o sea, por la conciliación entre su cristianismo y su racionalismo, entre la teología y la filosofía.

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Charles Sanders Peirce (1839-1914),
padre de la Semiótica y maestro del pragmatismo 

El pragmatismo

Recientemente, se han encontrado motivos y pasajes en su obra para considerarlo también pionero del pragmatismo. El pragmatismo es una corriente que se ha desarrollado sobre todo en el mundo anglosajón (EEUU e Inglaterra) con ciertos ilustres ecos en Italia. Sus figuras principales en origen fueron Peirce y William James (Metaphysical Club de Boston). Peirce aclaró sus propósitos en un artículo de 1878: "Toda la función del pensamiento es producir hábitos de acción" y "una cosa significa los hábitos que envuelve". Pueden ser también considerados pragmatistas autores de la talla de Dewey, George H. Mead y O. Lovejoy. Este último ha analizado con detalle las diversas corrientes de la filosofía pragmatista.

Validación pragmatista del criterio de certeza cartesiano


Pues bien, como se sabe, Descartes extrae su criterio de evidencia de la claridad y distinción del cogito, o sea, del "je pense, donc je suis", es decir de la indubitabilidad e independencia de la existencia del sujeto como sustancia pensante (res cogitans). El cogito sirve así de modelo para toda intuición verdadera. La percepción de una idea es cierta y segura si es clara y distinta. La claridad de una idea revela su presencia real. Se opone así una evidencia a un recuerdo o a una mera creencia. Por su parte, una idea es distinta cuando no es confusa.

Pero, al lado de este criterio de indubitabilidad respecto de nuestras percepciones intelectuales, y ante la suposición hiperbólica de un genio maligno que se complace engañándome, Descartes se siente obligado a encontrar una garantía suplementaria en la existencia y bondad de un Dios que me haya creado de modo que yo no me equivoque sistemáticamente.

Sin embargo, validar la corrección de nuestros pensamientos a base de recuperar el argumento ontológico de San Anselmo, combinado con el principio metafísico de causalidad y el innatismo de ciertas ideas, implica caer en una petición de principio, lo cual ha sido duramente objetado bajo el filosofema de "círculo cartesiano", pues el mismo argumento que me permite demostrar la existencia de Dios podría ser erróneo dado que todavía no sé que existe Dios y es perfectamente bueno, para saber así que ese mismo Dios impide que me equivoque sistemáticamente. Es decir, Descartes da por supuesto lo que tendría que demostrar.

Por ello, según Sergio Gª Rodríguez, Descartes ensayó una forma alternativa de justificación de la certeza atendiendo para ello al carácter práctico del conocimiento, es decir, suplementó su metafísica con una validación pragmatista del conocimiento. Apela por ello en distintos momentos de su obra a las consecuencias útiles de su criterio y de su método, así como al fin científico a los que ambos sirven.

Por supuesto, para Descartes una validación meramente pragmatista de la certeza no era suficiente, pues como declara en sus Meditaciones metafísicas "un ateo no puede estar cierto de no ser engañado en las cosas que le parecen ser muy evidentes (...), si antes no reconoce a Dios" (IX).

No obstante, es cierto que...

"la justificación pragmatista de Descartes posibilita una validación alternativa de las percepciones claras y distintas, pudiendo, asimismo, dar cuenta del 'instrumentalismo cartesiano' propio de su pragmatismo 'avant la lettre' que nos presenta a un sujeto preocupado por la acción y las consecuencias útiles, germen de lo que será el pragmatismo clásico" (Sergio Gª Rodríguez).

Bibliografía

Descartes. Discurso del método, 2ª y 4ª parte.
Diccionario Ferrater Mora. arts.: Descartes y Pragmatismo.
Sergio Gª Rodríguez. "Justificación y error en Descartes: un argumento pragmatista en la validación cartesiana del criterio de claridad y distinción". Revista de Filosofía, Vol. 41. Núm 1 (2016), pgs. 97-109.