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sábado, 5 de febrero de 2022

GENIO DE CARÁCTER

 

Fragmento de la pg 325 del libro de Agustín García Calvo:
Razón común, edición, traducción y comentario
de los restos del  libro de Heráclito, Lucina, 1985.

Interpretaciones del fragmento 119 (Diels-Kranz) de Sobre la naturaleza de Heráclito de Éfeso 

ἮθΟΣ  ἈΝΘΡΏΠΟΙ  ΔΑÍΜΩΝ

Antonio Escohotado en Hitos del sentido (Barcelona 2020) traduce el famoso fragmento 119 (D-K) de Heráclito “êthos anthrópoi daímon”: “el carácter es el sino del hombre” o “la costumbre moldea el carácter”. “Daímon” o demon, la interioridad individual divinizada o la divinidad íntima, remite, según el comentarista a perfiles heroicos; êthos, a la conducta habitual de un grupo. Recuérdese el Demon socrático, que impulsaba al Tábano ateniense a proseguir incansable su indagación ética. Otra cosa piensa Agustín García Calvo, como veremos más adelante.

sábado, 6 de octubre de 2012

El fragmento de Anaximandro


El nacimiento a los seres existentes les viene de aquello en lo que se convierten al perecer, ‘segùn la necesidad, pues se pagan mutua pena y retribución por su injusticia según la disposición del tiempo’.
Anaximandro de Mileto (siglo VI a. C.).

 Si Tales ha merecido el título de primer filósofo por su abandono de las fórmulas míticas, Anaximandro fue el primero del que tenemos testimonios concretos de que hizo un intento comprensivo y detallado por explicar todos los aspectos del mundo de la experiencia humana (Kirk y Raven).Teofrasto –discìpulo de Aristòteles y continuador suyo en la dirección del Liceo- llamó a Anaximandro “sucesor y discípulo” de Tales, y la tradición doxogràfica[1] posterior lo hizo también su pariente, compañero, amigo o conciudadano.

El texto que comentamos pasa por ser uno de los más antiguos de la historia de la filosofía (y de la ciencia) que se nos han conservado. La cita procede de la Física de Simplicio, un neoplatónico bizantino (490-560) que debió emigrar a la Persia de los sasánidas cuando Justiniano I cerró la Academia con sus Edictos contra el paganismo en 529. Seguramente, Simplicio toma su cita (las palabras entre comas simples) de una versión de la historia de la filosofía procedente de Teofrasto (371-287), en el contexto de un análisis peripatético del principio material (perì  arjês). Sin duda, los presocráticos no hacían distinciones entre material y formal. Y esa consideración de su física como materialista es una interpretación peripatética sesgada. No creo que Anaximandro pensase su famoso to apeiron (lo indefinido o ilimitado) como un principio exclusivamente “material”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Alma en Platón y Heidegger


El pasado 10 de septiembre murió el profesor de Filosofía del IES de Vilches, Eduardo Ruiz Jarén. Leyendo uno de sus artículos publicados en ALFA (Revista de la Asociación Andaluza de Filosofía, AAFi, nº21) he encontrado este interesante comentario sobre el alma en Platón, en contraste con el Dasein (ahí del ser de la existencia humana), que trascribo más abajo como recuerdo de mi compañero y amigo.

La foto que he escogido para ilustrar su comentario es de una Pyronia cecilia (lobito jaspeado), ya muy gastada por el vuelo, libando en una flor de Matavid o tomillo blanco (Staehelina dubia), una escena de biodiversidad que todavía es posible en nuestras tierras, en padrones e islas silvestres, tierras demasiado colonizadas por el olivar.

El comentario plantea secundariamente el tema de la inmortalidad del alma. El principal argumento platónico para apostar por la inmortalidad (una "dichosa esperanza" para el hombre justo) es la afinidad o connaturalidad del alma y las ideas (Fedón).

Es posible que la palabra del griego antiguo "Psyché", de donde el cultismo español "psique", alma o mente, significase precisamente eso: mariposa. Al menos, esa es la lección filológica de Giner de los Ríos.


"La independencia -la autarquía- venía al alma platónica de su patria en el mundo de las ideas, a las que se emparentaba; y en consecuencia, ella no podía reencontrar en ese mundo nada verdaderamente extraño, a ningún extranjero. La razón, el logos, la facultad de mantenerse idéntica por debajo de las variaciones del devenir, formaba el alma de ese alma. Heidegger impugna acertadamente esa posición, pero deja el Dasein en el Mismo, como mortal. La posibilidad de nihilizarse es precisamente constitutiva del Dasein y también su ipseidad. Esa nada es su muerte, es decir, mi muerte, mi posibilidad más cierta (la de la imposibilidad), mi auténtico poder. Nadie puede sustituirme a mí para morir. El instante supremo de la resolución es solitario y personal".


Eduardo Ruiz Jarén. "Heidegger y Lévinas: dos filosofías, un mismo talante filosófico", ALFA XXI, diciembre 2007, pg. 18.


Requiem in pacem.