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jueves, 28 de septiembre de 2023

DISPUTA DE LOS UNIVERSALES


Tres sistemas

 Algunas inteligencias, la de Cicerón entre las más tempranas, pensaron que las diferencias entre el idealismo esencialista platónico y el realismo empirista de Aristóteles era más bien formal que real. O sea, diferentes nombres para doctrinas análogas. Mas distaba mucho el Liceo de firmar la paz con la Academia, mucho menos con el escepticismo crítico en que esta derivó cuando Roma mandaba en el Mediterráneo. La Edad Media bebió cuanto pudo de lo que conoció de ambas tradiciones, a veces confundidas en copias de copias, o pasadas por el tamiz del árabe o del hebreo. La cuestión debatida en los fogonazos del siglo XIII, que anunciaban ya el renacer de la superior cultura fue la célebre Disputa de los Universales, piedra de toque donde la Escolástica en su plenitud demostró su valía.

jueves, 8 de marzo de 2018

FILOSOFÍA POLÍTICA DE TOMÁS DE AQUINO

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Introducción

Con Tomás de Aquino culmina el pensamiento escolástico. Su filosofía es el análogo intelectual de las grandes catedrales góticas. Su equilibrio la convirtió en la mayor autoridad intelectual del catolicismo. Eso no quiere decir que no haya aspectos caducos y hasta grotescos en su pensamiento que, si por una parte anticipa el racionalismo moderno, incluso el existencialismo; por otra parte, hereda concepciones que la ciencia ha reducido a obsoletas. Por ejemplo, el menosprecio del alma femenina.

La teoría tomista del derecho se halla sobre todo en la Summa theologiae en la que el "Doctor angélico" trabajó desde 1266 a 1273; también en la Summa contra gentes (1259-1264) y en los Comentarios a la Ética (1261-1264) y Política (1272) de Aristóteles, y en algunos otros opúsculos y comentarios.

lunes, 10 de abril de 2017

EL DIOS DE ARISTÓTELES Y EL DE TOMÁS DE AQUINO

Urbi et orbi. Flammarion.

Distinción entre la Teología (metafísica) de Aristóteles y la de Tomás de Aquino.

Es evidente que el dios de Aristóteles es muy distinto del Dios de Tomás de Aquino. Para empezar, el dios de Aristóteles no es un dios CREADOR, Hacedor de la naturaleza, sino un principio físico, consecuencia directa de su concepto de movimiento y cambio, pues todo ser es movido por otro, sin que sea razonable una serie infinita de causas, ha de existir una Causa primera del movimiento. También el dios de El Filósofo es un dios natural, que mueve el universo sin moverse, o sea, un Motor inmóvil. Atrae como fin de fines a todas las cosas hacia sí, como el eje de una peonza.

miércoles, 3 de febrero de 2016

PROPIEDADES DEL ENTE (Trascendentales)


Atributos del ente

El participio agente "trascendente" se usó antes que el adjetivo "trascendental" para referir a las propiedades del ente (de cualquier cosa existente). Tomás de Aquino usa la expresión transcendentium ordo, el orden de los conceptos trascendentes. Fue hacia el siglo XIV cuando empezó a usarse “trascendentales” y “transcendentalia” para referir a las propiedades del ente.

La idea había aparecido en la Metafísica de Aristóteles (IV, 2, 1004b), donde se puede leer que igual que el número posee atributos o afecciones propias como el de ser par o impar:

“El Ente en cuanto ente tiene ciertas afecciones propias, y éstas son aquellas acerca de las cuales es propio del filósofo investigar la verdad.”[1] τῷ ὄντι ᾕ ὂν ἔστι τινὰ ἴδια, καὶ ταῦτ' ἐστι περὶ ὧν τοῦ φιλοσόφου ἐπισκέψασθαι τὸ ἀληθές (1004b 15-17)

miércoles, 22 de enero de 2014

Sumas de Tomás de Aquino

Compendios teológicos medievales

El saber de Dios en la plenitud de la Escolástica


Las Summa, escritas en latín, constituyen el género literario más característico del siglo XIII, siglo del esplendor del gótico y del desarrollo de las universidades en el Occidente cristiano. En este género, el "Doctor angélico", Tomás de Aquino (1225-1274), supera a todos sus contemporáneos, por el vigor y armonía de las suyas, la perfección de su estilo dialéctico, la claridad de sus síntesis y su visión globalizadora.

Están formadas por cuestiones sobre el tema tratado. Se dividen en artículos que responden a una serie de preguntas. 


Los artículos tienen casi siempre la misma estructura: 
  1. Una pregunta inicial (que expresa normalmente lo contrario de lo que piensa Tomás de Aquino) 
  2. Argumentos u observaciones que irían en contra de la tesis propuesta (objeciones), 
  3. Argumentos a favor (sed contra). 
  4. En la parte central y principal se desarrolla la respuesta (responsio) 
  5. Finalmente se contestan una a una las objeciones (y a veces también los que han sido presentados como argumentos a favor). 

domingo, 19 de enero de 2014

Tomás de Aquino. SUMA TEOLÓGICA (I-II, C. 94, a. 2)


 "La ley natural, ¿comprende muchos preceptos o uno solamente?

Objeciones por las que parece que la ley natural[1] no comprende muchos preceptos, sino solamente uno.

1. Como ya vimos, la ley pertenece al género del precepto. Luego si hubiera muchos preceptos en la ley natural se seguiría que también serían muchas las leyes naturales.

2. La ley natural es algo consiguiente[2] a la naturaleza humana. Mas la naturaleza humana, aunque es una[3] considerada como un todo, es múltiple en sus partes. Por eso, la ley natural, o bien consta de un solo precepto por la unidad de la naturaleza humana como un todo, o bien consta de muchos por la multiplicidad de la naturaleza humana en sus partes. Pero en este caso también las inclinaciones de la parte concupiscible deberían pertenecer a la ley natural.

3. La ley, como ya vimos es cosa de la razón. Pero la razón en el hombre es una sola[4]. Luego la ley natural sólo tiene un precepto.

lunes, 21 de mayo de 2012

La tumba del Aquinate


Aún recuerdo una excelente biografía, o hagiografía, de Tomás de Aquino, escrita con verdadera devoción por Chesterton, y disponible en la red. Chesterton se refiere a la posibilidad de que Tomás de Aquino llevase “una especie de vida secundaria y misteriosa; la réplica divina de lo que se llama una doble vida”. Por su parte,  Copleston explica que los hechos de la vida del Aquinate pueden narrarse muy brevemente, pues su corta existencia no tuvo un final dramático como la de Sócrates, ni fue un personaje intempestivo  y solitario como Nietzsche. 

Puede que naciera en 1225, proveniente de una familia noble de origen lombardo, en un castillo, entre Nápoles y Roma. Se educó en la abadía de Monte Cassino y estudió en la universidad de Nápoles. Ingresó en la orden de Santo Domingo, contra el consentimiento de su familia, que lo tenía destinado a un puesto de más poder y gloria mundana, y tuvo por mentor al gran sabio y santo Alberto Magno, en París y Colonia. Se inició en el magisterio hacia 1252 con un curso sobre las Escrituras y otro sobre las Sentencias de Pedro Lombardo, tópico en la enseñanza superior de la época.

En 1256 lo tenemos como catedrático en la universidad de París. De 1259 a 1269 vivió en Italia, enseñando en distintas ciudades. El papa Gregorio X le ordenó tomar parte en el concilio de Lyon. Tomás de Aquino se puso en camino a principios de l274, pero dominado por la fiebre, tuvo que detenerse en el monasterio cisterciense de Fossanova. Ya no pudo reanudar la marcha. Por unos días aún le quedaron fuerzas para comentar ante los monjes el Cantar de los Cantares. Luego recibió los últimos Sacramentos, y el 7 de marzo entregó su alma a Dios. Inhumado en la Iglesia del monasterio, su cuerpo fue llevado a Tolosa.

viernes, 22 de enero de 2010

ESENCIA Y EXISTENCIA EN TOMÁS DE AQUINO


La distinción esencia/ existencia no era nueva en la época de Tomás de Aquino. Algunos filósofos islámicos como Alfarabi (muerto c. 950), Avicena (m 1037) y Algazel (m. 1111), ya la habían tenido en cuenta. Pero ellos se referían a la existencia como un "accidente", si bien Avicena se dio cuenta de que no podía ser un accidente como los demás.

Tomás de Aquino dio una gran importancia a esta distinción que, por ser sumamente abstracta (metafísica), nos resulta difícil de entender, aunque pueda ser expresada en relación al lenguaje corriente: así, un niño puede preguntar qué son un dinosaurio y un elefante, y el padre puede recurrir al diccionario o explicárselo sin aludir al hecho de que los elefantes existen (tienen ser actualmente) y los dinosaurios no.

Esencia es la sustancia en tanto que definible, la quididad, "aquello que se entiende en la definición de una cosa" (De ente et essentia, 2), de este modo las cosas materiales sensibles son esencialmente "compuestos hilemórficos" (conjuntos concretos e indivisibles de materia y forma). La existencia es el acto de ser; se dice que una cosa existe cuando es actual, no cuando está en potencia.

Esencia es el componente potencial metafísico o la posibilidad lógica (abstraída por análisis) de una cosa: "lo que es" (quod est), mientras que existencia es el acto "por el cual" la esencia tiene ser (quo est).

Se trata de una distinción metafísica y no física, dentro de una cosa. La esencia y la existencia no son para Tomás de Aquino dos cosas. No hay esencia objetiva sin existencia, y no hay existencia que no sea la existencia de algo finito y concreto. La existencia se recibe o está limitada por la esencia.

Los seres finitos están compuestos de esencia y existencia (De veritate, 27, 1 ad 8). Mientras la distinción entre esencia y existencia en Dios es puramente mental, en las cosas finitas no es sólo mental, por consiguiente (al menos así lo interpreta Copleston), Sto. Tomás de Aquino afirmó una distinción objetiva o real entre la esencia y la existencia en las cosas finitas:


"Toda esencia puede ser entendida sin entender su existencia actual. Pues puedo comprender lo que es un hombre o un fénix y no saber, sin embargo, si existen en la naturaleza. Es manifiesto, por tanto, que la existencia es diferente de la quididad, a menos que exista algo cuya esencia sea la existencia"
                                                        De ente et essentia, 5.

jueves, 14 de enero de 2010

CÓMO PASAR DE PLATON A LOCKE


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Interpretación de la Atlántida (fundamento de Kalípolis)
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Publicada por: A.M.Canto

Dejamos al pensativo Platón diseñando la posibilidad de una ciudad ideal, en la que brillara la virtud de la Justicia y que permitiese el acceso a la verdad a sus ciudadanos. Para tan noble tarea era imprescindible un correcto uso del Alma humana, pues era imprescindible ordenar nuestra alma para conseguir ordenar la ciudad (esto es lo que Tomás Calvo llamaba con la expresión “Isomorfismo Estructural”).

Con la llegada del Cristianismo la Ciudad Ideal se traslada hasta el mismo Mundo Inteligible, cuando S. Agustín nos habla de dos tipos de ciudades: la terrenal, que hereda todas las taras que Platón había señalado para el mundo sensible, y la ciudad celestial o la Ciudad de Dios, que, evidentemente, contendrá la verdad y eternidad que caracterizaban al mundo inteligible de Platón. El problema se planteaba al tratar de conjugar el sitio de la razón humana y del propio ser humano con los dictados de la Revelación Divina. En general, en este terreno, la filosofía mantiene que la Razón está supeditada a la Fe, pero, poco a poco, se alzarán voces que independicen las dos formas de dirigir la vida del ser humano.

Santo Tomás es el punto de inflexión en esta problemática al mantener que Fe y Razón son dos fuentes de conocimiento distintas e independientes tanto en el método que emplean como por el objeto formal que estudian. Eso no significa que obtengan resultados o verdades opuestas. Ambas llegan a las mismas conclusiones, pues sólo hay una verdad. La razón tiene la misión de ayudar a la fe, clarificando los contenidos de la revelación, y la fe ayuda a la razón confirmando las verdades que la razón descubre (es decir, que si la razón hallaba una verdad que entraba en contradicción con lo que la fe decía, la razón debía estar equivocada). De todos modos es importante el avance para que la filosofía y la razón humana encuentren, de nuevo, un puesto destacado en el Cosmos. Pero no sólo nos interesa Santo Tomás por esta aportación sino por la recuperación que hace de la Filosofía aristotélica y, en particular, de la Ética Eudemonista.

La Felicidad es el fin último al que se dirige la acción humana. En Aristóteles esa felicidad coincidía con lo que el ser humano apetecía en virtud de su naturaleza, que era la racionalidad. Saber, pues, hacía al ser humano feliz, pero para Santo Tomás ese fin último o bien supremo coincide con Dios (saber es ahora creer, siguiendo la teoría iluminista de San Agustín). La coincidencia con Aristóteles se manifiesta cuando habla de la necesidad de ordenar la vida terrenal “socialmente”, porque ella misma es un bien útil para alcanzar el bien supremo, que es Dios.

En su concepto de “sociedad”, el de Aquino expone cómo es aquello que posibilita la paz y la seguridad del individuo y, además, permite satisfacer las necesidades materiales, siempre y cuando en ella se impongan las Leyes Naturales, es decir, las leyes dictadas por la propia naturaleza humana (que recordemos que es ser racional). Pero como la razón humana busca o apetece el Bien Supremo, Dios es en realidad el que ordena las Leyes Humanas. La distinción que aparece entre Ley Eterna (abarca el plan divino de la creación que es incomprensible para la mente humana), y Ley Humana (las leyes positivas o civiles que rigen los Estados y las sociedades), se resuelve a favor de la primera ya que es la Ley Natural (el reflejo de ese plan divino en la esencia de las cosas) el fundamento de la Ley Moral Humana.

¿Bastaría con la Ley Natural? No, los seres humanos necesitamos concretar la ley natural según las circunstancias concretas de los pueblos y Estados, y necesitamos una autoridad humana que garantice el cumplimiento de la misma. Hasta aquí la omnipotencia divina se había apoderado del ser humano y gobernaba en la ciudad terrestre y en la ciudad celeste.

sábado, 9 de enero de 2010

Tercera vía

(Dcha. foto del físico británico Paul Davies)

La vía de la contingencia y la necesidad siempre ha sido mi favorita del Itinerarium mentis in Deum.
Resulta en efecto difícil de concebir un universo en que todas las cosas, todos los entes, sucesos, procesos, sistemas o leyes, sean contingentes, o sea, puedan no existir, pues en tal caso, si suponemos un tiempo infinito, o si abarcamos el conjunto de los entes naturales como contingente él mismo, en algún momento nada habría habido, y por consiguiente nada habría ahora, pues de la nada nada puede proceder.
La razón humana, en su uso libre y natural, parece exigir o pedir la creencia, suposición o postulado de, al menos, un ente necesario y por consiguiente infinito, es decir, de un ente que no pueda no existir, de un ente no-contingente.

Sin embargo, según Paul Davies (Dios y la nueva física, 1983):

"este argumento fracasa víctima de su propio éxito, puesto que supone ampliar la definición de 'Universo' para incluir a Dios. ¿Cuál es, entonces, la explicación del sistema total compuesto por Dios más el Universo físico del espacio, el tiempo y la materia? En resumen, ¿qué es lo que explica a Dios? El teólogo responde: 'Dios es un ser necesario que no tiene necesidad de explicación; Dios contiene en Sí mismo la explicación de su propia existencia.' Pero, ¿quiere esto decir algo? Y si es así, ¿por qué no podemos usar el mismo argumento para explicar el Universo? En efecto, podríamos aducir igualmente que el Universo es necesario y que contiene dentro de sí mismo la razón de su existencia".

Tomás de Aquino podría replicar que no es esto lo que nos muestra la experiencia, pues cuanto vemos es contingente, y hoy sabemos que incluso las estrellas (que la astronomía clásica suponía inmortales) también son contingentes.

Paul Davies sigue argumentando:

"La idea de un sistema físico que contiene su propia explicación puede parecer paradójica (...). Aunque admitamos (ignorando los efectos cuánticos) que cada suceso es contingente y depende para su explicación de algún otro suceso, no hay razón para concluir que esta serie debe continuar indefinidamente o que deba tener su origen en Dios, sino que puede tratarse de un bucle cerrado. Por ejemplo, los siguientes cuatro sucesos, u objetos, o sistemas, pueden tener la siguiente relación de dependencia:He aquí una explicación en cadena: la materia está compuesta de moléculas, las cuales están compuestas de átomos, que a su vez están compuestos de electrones y núcleos y estos últimos están compuestos de protones y neutrones. Desde los griegos, se ha supuesto que esta cadena explicativa tiene un fin, es decir, que debe haber un pequeño número de partículas verdaderamente elementales que no tengan partes internas y que constituyan los bloques estructurales de toda la materia. Tarde o temprano, de acuerdo con esta tesis, cuando podamos sondear en regiones aún más pequeñas dentro del átomo, se acabarán descubriendo estas partículas fundamentales sin estructura. En la actualidad esta teoría cuenta con un fuerte apoyo experimental en el marco de la llamada teoría de los quarks.
Una imagen alternativa, permitida por las extrañas propiedades de la teoría cuántica, es que, en cierto sentido, no existen en absoluto partículas elementales. Por el contrario, cada partícula (al menos cada partícula subnuclear) está hecha a partir de las demás. Ninguna partícula es elemental o primaria, sino que cada una contiene algo de la identidad de todas las restantes. La idea de un sistema de partículas que se crean unas a otras recuerda la historia del muchacho que cayó en una ciénaga y consiguió salir de la misma tirando de las correas de sus propias botas. De este modo, podemos concebir un Universo que contiene su propia explicación en términos de interacciones físicas naturales.
El teólogo -o un metafísico- replicará que un bucle como el de la figura anterior no incluye la coordenada temporal, pero, si el universo es temporal y autosuficiente, tal bucle supone el absurdo lógico (círculo vicioso) de que un suceso sea condición de sí mismo, anterior y posterior a sí mismo, como si alguien pudiera ser a la vez hijo y padre de sí mismo. Dado que Dios es infinitamente poderoso e infinitamente sabio, y, por tanto, el ser más simple imaginable, es mucho más probable que contenga en Sí mismo la razón de su propia existencia antes de que lo haga el Universo, el cual es complicado y especial en sus distintas características particulares:
'Es muy poco probable que exista un Universo sin causa, pero es mucho más probable que exista un Dios sin causa. La existencia del Universo es extraña y desconcertante. Se puede hacer comprensible si se supone que ha sido causado por Dios...'".

Paul Davies admite que esta réplica resulta muy convincente.

"Cuesta creer que este intrincado Universo exista por simple casualidad [¡ojo! no cunfundir con causalidad, en cierto sentido es lo contrario] y es difícil aceptar que la razón de la existencia del mismo sea un hecho inexplicable. En cambio, una mente única, simple e infinita (a pesar de que la razón lógica de su existencia nos pueda dejar confusos) parece decididamente un candidato mucho más plausible para algo que deba existir por necesidad"

Pero otros científicos ponen en duda la afirmación de que una mente infinita (Dios) sea más sencilla que el Universo. Sabemos por experiencia que la mente sólo se da en aquellos sistemas físicos que están por encima de un cierto umbral de complejidad..., a fin de cuentas, el cerebro es un sistema tremendamente sofisticado. Cabe también preguntarse si tiene sentido hablar de una mente que existe fuera del tiempo. Hoy más que nunca parece que estamos próximos a asociar el pensamiento y la conciencia a la naturaleza profunda del tiempo. Además, si la predicción de la singularidad inicial (anterior al Big Bang) se da como válida, el Universo empezó en un estado de temperatura infinita, densidad infinita y energía infinita. ¿No es esto tan plausible como una mente infinita? Y no podría también imaginarse esta Singularidad Inicial, anterior al tiempo, como algo muy próximo a la idea filosófica de Dios, de un Dios que estalla, como un Uno plotiniano, y del que emana, al fin, el cerebro, la mente y la conciencia libre?

Ejercicios

1. Escriba una semblanza sobre el teólogo y filósofo Raimon Panikkar (1918-2010).

2. Comente su texto:
"Las pruebas de la existencia de Dios en la escolástica cristiana sólo prueban la no-irracionalidad de la existencia divina a aquellos que ya creen en Dios. De otro modo, ¿cómo podrían reconocer que la prueba 'prueba' aquello que buscan? Es evidente que lo probado depende del probans -lo que prueba- y que el probans es mucho más fuerte, más potente, que lo probado."
R. Panikkar. Iconos del misterio. La experiencia de Dios, 5. Barcelona 1998