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domingo, 8 de diciembre de 2024

LOS IDEALES DE LA RAZÓN PURA

 

 

Para Ángel Castro Gómez, 
estudioso de Kant
 
"Por una crítica fundamental 
de los principios de la naturaleza y de la razón, 
Kant destruye la Ilustración y crea una nueva época"

Xavier Zubiri 

 

LA DIALÉCTICA, LÓGICA DE LA ILUSIÓN

En su Crítica de la razón pura y en la segunda parte de su "Lógica trascendental"Kant llama en general a la Dialéctica  una lógica de la ilusión. Aclara que no se trata de una doctrina de la probabilidad, pues trata de verdades, pero conocidas por razones insuficientes y cuyo conocimiento es defectuoso, pero no falaz. La ilusión no se halla en los sentidos, pues estos no se equivocan, pero no porque los sentidos juzguen correctamente, sino porque no juzgan en absoluto. En esto Kant es fiel a Aristóteles y a la escolástica. Verdad y error tienen que ver con el juicio, es decir, la falsedad y la verdad se dan en la relación del objeto con nuestro entendimiento. 

La "ilusión lógica" de que trata la Dialéctica es inevitable, tan inevitable como que la luna le parezca al astrónomo mayor a la salida, por más que no se deje engañar por esta ilusión. La dialéctica trascendental kantiana se conforma con detectar la ilusión de los juicios trascendentes, ilusión tan inevitable como natural, puesto que nuestra razón tiene tendencia natural a generar conceptos y principios que no toma ni de los sentidos ni del entendimiento, sino que ella misma produce. 

Aclaremos que "trascendental" significa que hace posible el conocimiento, trascendentales son las condiciones generales del conocer, y no es lo mismo "trascendental" que "trascendente". Esto último es lo que pensamos como más allá de la experiencia, lo suprasensible o sobrenatural. Trascendente es la idea del Yo como alma sustancial, simple, permanente y libre; trascendente es la idea de Mundo como orden de la totalidad de la experiencia (de la que no tenemos experiencia) y trascendente es la noción de Dios como Ideal de la razón pura o Idea del Soberano bien en que virtud y felicidad se confunden... 

"La filosofía primera tiene que renunciar al pomposo nombre de Ontología y convertirse en ciencia de las condiciones trascendentales del conocimiento de los objetos". Ahora bien, "lo trascendente es, ciertamente, pensable porque no es imposible" (X. Zubiri). Lo trascendente es suprasensible y, por lo tanto, no puede ser captado intuitivamente ni resulta subsumible bajo un concepto empírico de modo que podamos hacer de ello un objeto científico. Podemos, eso sí, formar de ello un concepto puramente nocional, una noción obtenida por puros conceptos y categorías que Kant, siguiendo a Platón, llamará Idea. A la facultad de las Ideas es a lo que Kant llama Razón y opone la esta razón pura a la facultad del entendimiento. Dichas ideas, en su función teorética, no son nuevos objetos, sino que expresan totalidades. No tienen una función cognoscitiva, sino reguladora.

Si el Entendimiento es la facultad de las reglas, la Razón es la facultad de los principios. Kant llama conocimiento por principios "a aquel en el que, por medio de conceptos, conozco lo particular en lo universal. Así, todo silogismo es un modo de derivar un conocimiento partiendo de un principio" (B357).

Sin embargo, pretender saber cómo la naturaleza de las cosas y los objetos en sí mismos se hallen bajo principios y sean determinados bajo simples conceptos constituye una exigencia, si no imposible, al menos contradictoria (antinomias). La razón tiene no obstante la intención de reducir la enorme variedad del conocimiento del entendimiento al menor número de principios y también la exigencia de conocer o, al menos, de pensar su unidad, pero la Unidad de la Razón no es la unidad de una experiencia posible. Por el contrario, el que todo tenga una causa no es un principio conocido y prescrito por la razón, sino un principio trascendetal que hace posible la experiencia sin tomar nada de la razón, la cual hubiese sido incapaz, sin esa referencia a la experiencia posible, por simples conceptos, de imponer semejante unidad sintética. Por eso Kant piensa que el Principio de causalidad pertenece al Entendimiento, no a la Razón.

Mosaico romano, reproducción de Baltasar Raya

LA CONCEPCIÓN DE LO INCONDICIONADO

El caso es que la razón tiende por su propia naturaleza a buscar la condición de la condición (por medio de un prosilogismo) es decir, a encontrar lo incondicionado del conocimiento condicionado por la experiencia y los conceptos que le dan nuestra forma, pero tales principios son trascendentes al mundo fenoménico y jamás podremos hacer de ellos (alma, mundo, Dios) un uso empíricamente adecuado. Las ideas o principios de la razón pura son distintos de todos los principios del entendimiento, cuyo uso es inmanente y no trascendente, ya que poseen como único tema la posibilidad de la experiencia.

Los  conceptos de la Razón sirven para concebir (begreifen), mientras que los conceptos del Entendimiento sirven para entender (versteben) las percepciones. Los conceptos de la razón pura, que aspiran a contener lo incondicionado bajo la rúbrica o símbolo de sus ideas (alma, mundo, Dios), refieren a aquello bajo lo cual está comprendida toda experiencia, pero sin ser nunca un objeto de experiencia. Son conceptos que pueden poseer una validez objetiva (conceptus ratiocinati) al ser correctamente inferidos (no obtenidos por simple reflexión) o, en caso contrario, podemos llamarlos conceptos sofísticos (conceptus ratiocinantes), Kant les da el nombre de ideas trascendentales.

Por idea o "concepto de razón" entiende Kant "un concepto que esté formado por nociones y que rebase la posibilidad de la experiencia" (B377), o bien "un concepto necesario de razón del que no puede darse en los sentidos un objeto correspondiente" (B383). Las ideas en general surgen de la razón suprema y no son extraídas de los sentidos, sino que sobrepasan con mucho los mismos conceptos del entendimiento, ya que nunca se halla en la experiencia algo que concuerde con esa idea. En efecto...

 "nuestra razón se eleva naturalmente hacia conocimientos tan altos, que ningún objeto ofrecido por la experiencia puede convenirles, a pesar de lo cual estos conocimientos no son meras ficciones, sino que poseen su realidad objetiva. // El terreno preferente donde Platón halló sus ideas fue el de todo lo práctico, es decir, el de la libertad, la cual depende, a su vez, de conocimientos que son producto genuino de la razón", 

pues quien quisiera derivar de la experiencia los conceptos de la virtud haría de la excelencia algo ambiguo y mudable según el tiempo y las circunstancias, es decir, algo inservible para constituir una regla de conducta (B371). 

No obstante, Kant aclara en nota que no puede seguir a Platón en su hipóstasis mística de las Ideas. Negativamente refiere a "la perfección soñada" de la Heliópolis platónica "la cual sólo puede asentarse en el cerebro de un pensador ocioso" y cita a Brucker que cree ridícula la afirmación del filósofo según la cual nunca regirá bien un prícipe que no participe de las ideas, pero Kant recuerda la República platónica positivamente y confuta a Brucker y su desprecio de Kalópolis, pues opina que "en vez de dejar a un lado como inútil este pensamiento con el mísero y contraproducente pretexto de ser impracticable, sería más oportuno tenerlo más en cuenta e iluminarlo con nuevos esfuerzos" (B372s). Y añade que una constitución que promueva la mayor libertad humana de acuerdo con leyes que hagan que la libertad de cada uno sea compatible con la de los demás es una idea necesaria, que ha de servir de base a todas las leyes. Por lo tanto, la idea que presenta este maximum como arquetipo es plenamente adecuada. Kant asume así la necesidad del ideal, ya que 

"nadie puede ni debe determinar cuál es el supremo grado en el cual tiene que detenerse la humanidad, ni, por tanto, cuál es la distancia que necesariamente separa la idea de su realización. Nadie puede ni debe hacerlo porque se trata precisamente de la libertad, la cual es capaz de franquear toda frontera predeterminada". "La razón humana revela verdadera causalidad, donde las ideas se tornan causas eficientes (de los actos y de sus objetos, es decir, en lo moral" (B374). De modo que "la razón práctica y la razón pura [en Kant] no son dos razones, sino una misma razón" (Zubiri).

Mosaico romano, por Baltasar Raya


LOS MÉRITOS DEL PLATONISMO

Por consiguiente, 

"si prescindimos de la exageración de sus términos, el empeño espiritual de Platón por ascender desde la consideración del cosmos físico como copia hasta su conexión arquitectónica según fines, es decir, según ideas, constituye un esfuerzo digno de ser respetado y proseguido. Un mérito muy especial de Platón se halla en lo relativo a los principos de la moral, de la legislación y de la religión, donde son las ideas las que hacen posible la misma experiencia (del bien), aunque tales ideas nunca puedan ser plenamente expresadas en ella. El que este mérito no sea reconocido se debe únicamente a que se juzga desde reglas empíricas cuya validez, en cuanto principios, tuvo que ser eliminada precisamente por esas ideas. En efecto, si la experiencia nos suministra las reglas y es la fuente de la verdad en lo que afecta a la naturaleza, esta misma experiencia es (desgraciadamente), en lo que toca a las leyes morales, madre de la ilusión. Es muy reprobable el tomar las leyes relativas a lo que se debe hacer de aquello que se hace o bien limitarlas en virtud de esto último" (B375).

 

LA TOTALIDAD DE LAS CONDICIONES

Las ideas o conceptos trascendentales de la razón representan la totalidad de las condiciones de un condicionado dado. Sólo lo incondicionado hace posible la totalidad de las condiciones y, a la inversa, la totalidad de las condiciones es siempre incondicionada, por eso podemos explicar el concepto puro de la razón como concepto de lo incondicionado, "en el sentido de que contiene un fundamento de la síntesis de lo condicionado" (B379).

Los conceptos de razón pura serán tantos cuantas sean las clases de relación que el entendimiento se representa por medio de las categorías: habrá que buscar primero un incondicionado de la síntesis categórica en un sujeto; en segundo lugar un incondicionado de la síntesis hipotética de los miembros de una serie; en tercer lugar, un incondicionado de la síntesis disyuntiva de las partes en un sistema. Por medio de prosilogismos avanzamos hasta un sujeto que ya no es, a su vez, predicado (Yo, alma); hasta una suposición que no supone nada más (Dios); y en tercer lugar, hasta un agregado de los miembros de la división donde nada falta para completar la division de un concepto (Mundo). Tales conceptos son necesarios, al menos como proyectos tendentes a proseguir, dentro de lo posible, la unidad del entendimiento hasta lo incondicionado. Se basan en la naturaleza de la razón humana y no poseen más utilidad que la de llevar al entendimiento en una dirección en la que éste, al ampliar al máximo su uso, se pone en perfecta armonía consigo mismo (B380).


RELEVANCIA PRÁCTICA DE LAS IDEAS

Kant deja claro que las ideas trascendentes no son invenciones arbitrarias, sino que ofrecen el concepto de un maximum. Podemos afirmar que el todo absoluto de todos los fenómenos es una simple idea, pues nunca podremos formarnos de él una imagen. Pero la idea práctica es siempre muy fecunda, porque en relación a los actos resulta necesaria e indispensable, pues la razón pura posee en ella incluso la causalidad de convertir en real lo contenido en su concepto (podríamos decir recordando el título del famoso ensayo de Richard M. Weaver que las ideas tienen consecuencias)... 

"No podemos, pues, decir desdeñosamente que la sabiduría sea una simple idea. Al contrario, precisamente por ser la idea de la necesaria unidad de todos los fines posibles, debe servir, en cuanto condición originaria o, al menos restrictiva, de norma para todo lo práctico" (B385).

Por lo tanto, las ideas no son superfluas ni carecen de valor. Si bien no podemos determinar ningún objeto por medio de ellas, pueden servir de forma imperceptible de canon del amplio y uniforme uso del entendimiento. Por eso, cuando consideramos un conocimiento como dado, la razón se ve obligada a suponer completa y dada en su totalidad la serie ascendente de las condiciones (B388) COMO SI lo incondicionado fuera real, que no lo sabemos. 

"Es posible que la serie de las premisas tenga, por el lado de las condiciones, un primer eslabón como condición suprema, o que no lo tenga y que, por consiguiente, no esté limitada a parte priori. En todo caso, aun suponiendo que nunca pudiéramos abarcar la totalidad de las condiciones, esa serie debe contenerla y ser incondicionalmente verdadera, si se pretende tener por verdadero lo condicionado que consideramos consecuencia resultante de la serie. Esta es una exigencia de una razón que determina a priori su conocimiento y lo proclama necesario..." (B389).

Las ideas trascendentales, que aluden a principios trascendentes (Alma, Mundo, Dios) de los que por tanto ni tenemos ni podemos tener constancia inmanente, no tienen un uso científicamente constructivo ni constitutivo, pero tienen un uso regulativo, orientan la investigación intelectual hacia la unidad que representan. Las ideas son reglas para ampliar y armonizar el conocimiento COMO SI todos los fenómenos fuesen manifestaciones de una única sustancia y formasen un sistema (Mundo), o COMO SI esta dependiese de un ordenador perfecto. Las ideas valen  problemáticamente.

"La idea se niega como realidad objetiva -en la crítica de la metafísica- para afirmarse como realidad simbólica, realidad interior, la realidad de un modelo por alcanzar, de una regla a seguir en las obras humanas, una de las cuales es la obra del conocimiento" (Manuel García Morente).

 

PERTINENCIA CULTURAL DE LOS IDEALES DE LA RAZÓN 

Así, de las tres ideas de la Razón pura se desprenden como reglas gnoseológicas y epistemológicas: 

1. De la homogeneidad: Nuestro conocimiento debería tender a establecer leyes más generales reduciendo en cuanto sea posible el número de sustancias.

2. Máxima lógica de la especificación o variedad: Esta regla corrige la anterior asegurándole al conocimiento extensión y realidad, pues el Entendimiento no debe olvidar el carácter específico de los fenómenos.

Ambos principios 1. y 2. persiguen la supresión de lo contingente, de lo casual; el uno por afirmación de semejanzas, el otro acentuando los caracteres específicos. Se corresponden con los preceptos cartesianos de la síntesis y del análisis.

3. Máxima lógica de la afinidad de los conceptos: Esta es la comunidad de géneros (κοινωνία τῶν γενῶν) sobre la cual fundaba Platón la unidad del sistema de las ideas, la referencia de todas las ideas a la Idea del Bien, reguladora máxima del ser (que se corresponde en Kant con el Primado de la razón práctica). Hacia esa unidad absoluta tiende siempre la experiencia y en la marcha tras ese inasequible ideal va produciéndose la cultura.

Dios, Alma y Mundo no son objetos, ni sus Ideas son conceptos con que poder conocer algo dado, pues carecen de contenido empírico y no hay en ellos ninguna intuición. "Pero son Ideas cuya función es servir de faro que oriente y guíe al entendimiento en orden a constituir un sistema, y no sólo una mera colección de conocimientos" (Zubiri)

Fuentes                                                                                   

Imanuel Kant. Crítica de la razón pura. Prólogo, traducción, notas e índices de Pedro Ribas, Alfaguara, Madrid 1993, 9ª ed.)
Manuel García Morente. La filosofía de Kant, Espasa Calpe, Madrid 1975.
Xavier Zubiri. Cinco lecciones de Filosofía, II. Kant, 1963.


lunes, 22 de mayo de 2017

CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

La filosofía como crítica del conocimiento

La Ilustración había entronizado a la Razón como a una diosa, en polémica con el trono, con el altar, con los privilegios de la nobleza. A Kant se lo ha definido como cartógrafo de la razón,  ya que dibuja cuidadosamente el mapa de los distintos usos de la razón con sus fronteras. Para Kant, la función crítica de la Filosofía estudia las condiciones de posibilidad del conocimiento y sus límites. Kant llama a esta tarea Crítica de la razón pura y a su método propio análisis crítico o trascendental.

Así como Copérnico cambió la imagen del mundo mostrando que no es el cielo el que gira alrededor de la Tierra, sino el planeta Tierra el que gira alrededor del Sol, Kant pretende una revolución copernicana en el campo de la teoría del conocimiento, al mostrar que el conocimiento no es una aprehensión conceptual de las cosas, sino un encuentro entre lo dado (sensaciones, fenómenos) y lo puesto por el sujeto (tiempo, espacio, conceptos), es decir, el conocimiento es una síntesis trascendental. Conocer es un hacer (tun) del sujeto.

Kant divide la Doctrina trascendental de los elementos del conocimiento, primera parte de la Crítica de la razón pura, en Estética trascendental, Analítica trascendental y Dialéctica trascendental.

Esquema de Diego Sánchez Meca. Aproximación a la Filosofía, 1982.

lunes, 2 de enero de 2017

ARISTÓTELES CONTRA LA TEORÍA DE LAS FORMAS

Frutos de acanto. El empirismo de Aristóteles
estimuló el interés por la zoología
y la botánica, así como su estudio científico.
'Amicus Plato, sed magis amica veritas'

El gramático griego Ammonio recogió en el siglo cuarto una frase que atribuye a Aristóteles y que se ha convertido en locución clásica de la Historia de la Filosofía: "Soy amigo de Platón, pero mayor amiga mía es la verdad". En efecto, Aristóteles jamás habló mal de su maestro, pero refutó con potentes razones su Teoría de las formas o Teoría de las ideas...


I. "Afirmar que las Especies [ideas] son paradigmas y que participan de ellas las demás cosas son palabras vacías y metáforas poéticas. Pues ¿qué es lo que actúa mirando a las Ideas? Puede ocurrir, en efecto, que algo sea o se haga semejante a otra cosa sin ser modelado según ella; de suerte que, existiendo o no existiendo Sócrates, alguien podría llegar a ser como Sócrates; y es evidente que lo mismo podría suceder si Sócrates fuera eterno"...

domingo, 14 de junio de 2015

MEDITACIONES DEL QUIJOTE

Sancho contempla las piruetas penitenciales de Don Quijote
Ilustración de Gustave Doré

Sorprende el fuerte nervio poético de esta obra de Ortega de 1914, famosa sobre todo porque en ella aparece por primera vez la fórmula: "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". La sentencia continúa así:

"Benefac loco illi quo natus est, leemos en la Biblia. Y en la escuela platónica se nos da como empresa de toda cultura, ésta: 'salvar las apariencias', los fenómenos. Es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea"

Su discípula, María Zambrano, ratificaría esta misión platónica de "salvar las apariencias", como propia de la razón poética y de su filosofía.

sábado, 15 de noviembre de 2014

IDEAS EJEMPLARES. PARADIGMAS Y ARQUETIPOS

Recorte de un icono de la Piedad de Miguel Ángel
LA ESENCIA DE LA PIEDAD

Probablemente sea el Eutifrón el primer diálogo socrático escrito por Platón en el que aparecen las palabras ἰδέα, εἶδος (idéa, eîdos) en el sentido especial platónico. En 5d la idea es la característica única que distingue a lo piadoso en sí mismo, o lo que comparten los actos piadosos para poder ser pensados como tales. O sea, el eîdos o la idéa de la piedad es el carácter propio por el que todas las cosas pías son pías.

Enseguida, esa característica común aparece como medida ejemplar o modelo (παράδειγμα, paradigma):

“Dime cuál es precisamente esta forma (idea), a fin de que mirando a ella y sirviéndome de ella como de un modelo (paradigma), pueda decir que es piadoso lo que tú haces” (Eutifrón, 6d).

jueves, 5 de enero de 2012

PLATÓN Y LA CULTURA DE LA IMAGEN

Icono vs. Idea


José Luis Pardo, en su ensayo La banalidad (finalista del XVI premio Anagrama, Barcelona, 1989), reconoce que el platonismo es una referencia obligada respecto a la crítica de la cultura de la imagen actual. Pero hace una interpretación muy original, "pragmática" en lugar de "metafísica" de la célebre alegoría de la caverna:

"La tradición occidental  se ha inclinado en términos generales a interpretar la filosofía de Platón del siguiente modo: en primer lugar, la distinción entre la Verdad y la Imagen; después, la fundamentación del único camino (methodos) capaz de conducir desde la Imagen hasta la Verdad en forma de régimen comunicacional; la dialéctica; y, finalmente, la presuposición de los tres postulados básicos que hacen ese camino transitable: que la comunicación (si es dialéctica) se sustenta siempre sobre el ser acerca del que se habla, que esta forma de hablar implica una organización del poder político como Ilustración, y que tal Ilustración requiere la destrucción o descalificación del Mythos supersticioso y prerracional.
     Para quienes profesan esta interpretación, no cabe duda de que la cultura de la imagen característica del siglo XX debe aparecer como la genuina Umkehrung [inversión] del platonismo soñada por Nietzsche. En efecto, desde tal punto de vista, la 'civilización audiovisual' supone el eclipse de la distinción entre imagen y verdad, posibilitando por unos 'medios de comunicación' que excluyen el diálogo, que carecen de apoyo en las profundidades o alturas ontológicas y que parecen distribuir una neomitología popular y superticiosa tras la cual el poder político escapa a toda posible legimitación racional-discursiva.

domingo, 21 de febrero de 2010

Vox significat mediantibus conceptibus

Descartes, Locke: Signos, ideas y cosas

1. Como sabemos, Descartes precisa su criterio de evidencia racional distinguiendo las ideas distintas de las confusas; además, una idea, para ser evidente, ha de ser también clara. Una idea es clara si resulta ser "la chose même conçue", la cosa misma como contenido objetivo del concepto.

Según Étienne Gilson, atendiendo a las exigencias de su método matemático, Descartes se apropió de la noción medieval de conceptus objetivus. Según ella, es la realidad misma la que resulta representada en y por el concepto. Cada idea puede y debe ser tomada como representativa de un objeto diferente y, en este sentido, las ideas son tan desiguales como los objetos que representan.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Ideas vs. solipsismo


El siguiente texto de Antonio Machado ha sido propuesto para el comentario, ej. 9, pg. 79 de Sindéresis:

«La fe platónica en las ideas trascendentes salvó a Grecia del solus ipse en que la hubiera encerrado la sofística. La razón humana es pensamiento genérico. Quien razona afirma la existencia de su prójimo, la necesidad del diálogo, la posible comunicación mental entre los hombres. Sin la absoluta trascendencia de las ideas, iguales para todos, intuibles e indeformables por el pensamiento individual, la razón, como estructura común a una pluralidad de espíritus, no existiría, no tendría razón de existir... Para nosotros lo esencial del platonismo es una fe en la realidad metafísica de la idea, que los siglos no han logrado destruir.» Antonio Machado. Juan de Mairena, XV, 1936.

De la expresión "(ego) solus ipse" procede el término filosófico solipsismo existe el sí mismo. Sorprendentemente, en la enciclopedia libre Wikipedia, en la entrada del término, se aludía a la "alegoría de la caverna" de Platón como un precedente posible del solipsismo. He tenido que arreglar eso. Tal vez uno de los prisioneros podría llegar a pensar que las sombras que contempla en el fondo de la caverna son sólo proyecciones suyas, creaciones de su mente, es decir, podría hacerse solipsista. Pero como prueba la autoridad de Machado (en su apócrifo filosófico, Juan de Mairena), la teoría de las ideas de Platón se opone a cualquier especie de solipsismo. Éste puede verse, más bien, como una consecuencia extremosa del relativismo de los sofistas. Así, si no existe más criterio que el de cada quisque para saber qué es verdad, qué vale y qué es real, uno puede llegar a pensar que es la ipseidad, el propio sí mismo, el creador de la opinión verdadera, el mundo real y el valor moral.

Sin embargo, la objetividad inteligible de las ideas, así como la seguridad del razonamiento matemático, ofrecen a Platón un mundo común, universal, en el que es posible el consenso y el mutuo entendimiento, así como un criterio externo de verdad, basta con que el filósofo razone o dialogue razonablemente para que adquiera si quiera un vislumbre de esas realidades comunes que son las ideas universales, modelos ejemplares (paradigmas) y criterios genuinos de verdad, realidad y valor.

En la época romántica, el idealismo subjetivista de Fichte puede interpretarse como una especie de solipsismo. Aún hoy, el solipsismo aparece como una consecuencia del subjetivismo individualista, como una filosofía nihilista y larvada en el narcisismo contemporáneo del humano occidental, alentado por el halago incesante de la "internacional publicitaria", y para el cual no existen ni ideas, ni realidades, ni ideales universales, sino sólo los caprichos consumistas del yo (ego), de sus gustos y ocurrencias.

martes, 10 de noviembre de 2009

LA IDEA DE BIEN

En esta primera entrega que os hago llegar, voy a aproximarme a cuál debería ser la definición de la IDEA DE BIEN. La cuestión de las definiciones en filosofía es, desde mi punto de vista, central para desgranar el comentario de texto porque, a partir de los términos, podemos encontrar qué ideas, qué teorías están representadas en el texto en cuestión. No seáis, por lo tanto, rácanos en este apartado (el de definir), pero tened presente que sólo debéis apuntar la teoría para después desarrollarla en la Justificación filosófica.

En el primer párrafo de La República de la selección de textos que hemos (habéis) de comentar, nos introduce Platón la Idea de BIEN. Con ella, Platón, quiere mostrar a cualquiera que esté interesado en el conocimiento verdadero que es posible alcanzarlo si fijamos nuestro interés en esta Idea.

La Idea del Bien es lo máximamente real y, por ello, causa de lo verdadero. Si algo es máximamente real no puede por menos que imponerse al intelecto humano, que desea, anhela, encontrar la verdad para andar firme en el Cosmos, como el objeto de nuestro conocer. Por ello causa la verdad, porque nos ilumina en ese camino de búsqueda.
Como vemos, la Idea de Bien es principio ontológico y principio epistemológico y sus características serían las de cualquier Idea (recordemos que poseen las mismas características que el Ser de Parménides –incluida la rectificación de Meliso de Samos-), sólo que la Idea de Bien las tendría en grado sumo porque es definida como el Dios del Mundo inteligible. Este carácter especial es el que la encumbra hasta la cúspide del Mundo Inteligible y lo que lleva a Platón a establecer una jerarquía, un orden, dentro de este otro mundo trascendente. Las metáforas que utiliza en La República para referirse a la Idea de Bien es “el sol del mundo inteligible”, para ilustrar cómo es causa “vital” (causa ontológica) y cómo es causa de que podamos “ver” lo realmente real (causa epistemológica). Pero además, se presenta como causa de la bondad de las acciones privadas (causa ética) y de las públicas (causa política). De este modo, vemos cómo, efectivamente, la idea de Bien es la “piedra filosofal” sobre la que Platón es capaz de organizar todo un sistema de pensamiento que va a tener como meta principal la construcción de un Estado Ideal que toma como principio rector la Justicia.