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viernes, 2 de junio de 2023

EUGENIO D'ORS

El joven Eugenio D'Ors dibujado por Ramón Casas

A mi amigo Juan Ramón Córdoba León,
excelente fotógrafo y notable escritor

PERFIL COMPLEJO

"Yo no soy un libro hecho con reflexión 
yo soy un hombre con mi contradicción" 
E. D'Ors 

La fanática subcultura de la cancelación y el maniqueísmo oficial -a veces de estirpe agustinista-, se han conjurado para considerar a Eugenio D'Ors (1881-1954) un ángel caído de la literatura y de la filosofía española, traidor por añadidura al catalanismo, y eso aunque se haya acreditado como un monumento bizarro de la cultura universal. Su figura aparece en los mass-media tan admirable como aborrecible, tan ególatra como imprescindible; su biografía con las contradicciones propias de un alma que -como la de Séneca- quiso y no pudo nadar contra corriente, aun pensando originalmente en medio de la mediocridad, en mitad del torbellino de una edad turbulenta, repleta de extremismos y atrocidades. 

lunes, 26 de abril de 2021

APRIORISMO KANTIANO Y RELEVANCIA EMPÍRICA (HUME)

 

Esquema de la Analítica trascendental kantiana.
Kunzmann, Burkard y Wiedmann. Atlas de Filosofía, 1991

Yahoo ha notificado a sus usuarios que va a cerrar su plataforma digital de RESPUESTAS (YAHOO-ANSWERS). No obstante, ha facilitado a sus registrados (en mi caso bajo el pseudónimo de Telémaco) la descarga de sus preguntas y respuestas, que paso a este cuaderno virtual por si pueden ser de utilidad para estudiantes y estudiosos. 


PREGUNTA: Por favor, necesito ayuda con Kant y Hume para un examen. No entiendo el apriorismo kantiano. Estas son mis dudas: ¿Qué es exactamente lo que defiende Kant? ¿Qué se propuso Kant probar contra los empiristas y racionalistas? ¿En qué no coincide con Hume? Kant no defiende la teoría de las ciencias empíricas de Hume, ¿por qué? ¿Por qué dice Hume que la ciencia no puede predecir hechos?

martes, 3 de marzo de 2020

FE Y CRISIS DEL PROGRESO

VOAEX: Viaje de (H)ormigón por la Alta Extremadura,
Wolf Vostell, 1976. Paraje natural de Los Barruecos (Malpartida, Cáceres)

  
A finales del siglo pasado menguó el interés por la conquista de la galaxia. Salvo a los astrónomos, los empleados de la NASA y unos cuantos frikis repartidos por las naciones del planeta Tierra, ¿a quién le importa ya que esta o aquella sonda haya rebasado Plutón? Incluso Plutón ha perdido su antaño consideración de “planeta” para ser una roca más entre la multitud de mundos muertos que orbitan alrededor del sol en un radio lejanísimo. No hay signos que palíen la soledad de nuestra raza o vulneren el silencio del cosmos, que no ha hecho sino extenderse más y más desde la revolución científica del XVI, como un precipicio inhumano o un pozo sin fondo, o cuyo abismo es la Nada paradójica de los agujeros negros. La Historia universal del hombre parece ser la de un relato épico pero inútil y, lo peor, sin oyentes.

sábado, 14 de mayo de 2016

FILOSOFÍA DE LA CIRCUNSTANCIA


"Yo soy: yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo a mí"
Meditaciones del Quijote, 1914

Los buenos lectores son quizá tan escasos como los buenos escritores. Resumir en pocas páginas, no ya un libro solo, sino una obra tan vasta como la de Ortega y Gasset, requiere mucho genio, el que tuvo el intelectual galduriense Juan López-Morillas cuando en 1959 publicó una introducción al filósofo español para universitarios norteamericanos, "José Ortega y Gasset: An Introduction".

Comienza hablando de la fuerza subyugante del estilo orteguiano, idóneo para exponer sus doctrinas ante un auditorio "vivo" forcejeando con el presunto escepticismo de sus oyentes en esa especie de diálogo unilateral de la lección o la conferencia. Y es que Ortega conservaba siempre la cálida sugestión de la palabra hablada, lo que explica la sensación de presencia inmediata y magistral que provoca en el lector atento.

Igualmente podríamos referir a la transparencia de su escritura: "La claridad -dijo una vez- es la cortesía del filósofo". Gadamer definió la prosa de Ortega como de "concisión iluminativa". Sus radiantes metáforas e ingeniosas comparaciones pronto le convirtieron en un clásico de nuestra lengua.

La filosofía de Ortega es una "filosofía de la circunstancia", pues cada hombre al tomar conciencia de sí mismo descubre:

a) que no le es dado elegir el mundo en el que ha de vivir: es siempre el de un "aquí" y un "ahora", el de una situación histórica particular.

b) que su circunstancia está constituida por facilidades y dificultades de las que puede servirse o sacar provecho, como el nadador con el agua o el ave con el aire. La condición del hombre es la de náufrago o peregrino.

c) que le es ineludible, para sostenerse en el universo, hacer algo con su circunstancia.

d) y que para tratar con su circunstancia tendrá que forjar un plan, proyecto o imagen de su vida.

domingo, 17 de enero de 2010

CÓMO PASAR DE PLATON A LOCKE II

El Renacimiento significa el renacer de lo clásico, o al menos de la idea que se tenía de los clásicos. El poder de la Razón y su autonomía frente a cualquier otra facultad humana va ganado terreno y la dependencia de lo divino se va dejando a un lado. Las utopías del Renacimiento (La ciudad del sol de T. Campanella o Utopía de T. Moro), vuelven a retomar la idea platónica de construir una ciudad ideal, una sociedad ideal que eleve al ser humano al puesto digno que se merece en el cosmos y no solo a ser un sirviente de un Dios o dioses. La Política, en el sentido aristotélico debe encontrar un marco autónomo, teórico, que permita dibujar cuál es la sociedad que se avecina. ¿Cuáles serán las herramientas de las que se sirva ese humano tan desvalido ahora, fuera de la tutela de los dioses?

Por otra parte, esta independencia, que no es tanto en realidad, permitirá que la Ciencia prospere de manera espectacular y, como consecuencia, la imagen del mundo para el ser humano cambia, en el sentido de que se hace infinitamente más grande pero infinitamente más cercano (en el sentido de más cognoscible, medible, manipulable). La Revolución Astronómica hace volver la mirada del pensador hacia la propia posibilidad del conocimiento humano: si la preocupación desde el comienzo de la filosofía era desentrañar la esencia de las cosas (Ontología), el pensador de los siglos XVI-XVII repara en la cuestión, más fundamental, de cómo es posible que conozcamos la esencia de las cosas que están ahí, frente a nosotros.

Descartes apuesta por un nuevo comienzo: fundamentar todo el edifico del saber sobre la sola luz de la Razón. Y esta decisión se basa en la constatación de algo tan sencillo como que continuamente nos equivocamos y que a la filosofía le era necesario encontrar un método que la guiase en la búsqueda del saber. Ese método, claro está, debía de construirse de manera similar a como se había construido el método de la nueva Ciencia: tomando las matemáticas, la ciencia del orden y de la medida, como fundamento del saber verdadero. Matemáticas y Razón deben bastar al hombre para construir una Ciencia Universal. Ya tenemos entonces, los dos pilares del Racionalismo Cartesiano:

  • La Meta que debe alcanzar el filósofo es la fundamentación de todo el edificio del Saber con vistas a obtener una MATHESIS UNIVERSALIS (observamos el carácter epistemológico de la empresa)
  • Los Instrumentos para realizarla son: de un lado la Razón (presente en todos los seres humanos y definida de la misma forma en todos ellos, pues no sufre ni merma ni especialización con su ejercicio); y del otro, claro está, las Matemáticas y el Método Científico.

El Método cartesiano, el camino que debe guiar a la razón humana, esconde en realidad un criterio para poder distinguir lo verdadero de lo falso (lo que en filosofía contemporánea se llama Criterio de Demarcación). Y para Descartes lo verdadero es aquello que se nos muestra de manera evidente, es decir, de lo que no tenemos ninguna duda y nos hace sentirnos seguros. Pues bien, ya estamos en condiciones de dedicarnos a la búsqueda de esa verdad que permita fundamentar, esta vez de manera firme, el edificio del saber o Filosofía.

La primera verdad que se presenta al intelecto humano con claridad y distinción suficiente como para ser afirmada como evidente es... “que pienso”. ¿Nada más? –podríais decir-¡Y nada menos! –tendría que responder-. No podría haber nada que me interesase hacer si no supiera que “yo”, algo, lo voy a disfrutar. Para emprender cualquier tarea el ser humano se siente vivo, desea, anhela y piensa, de tal manera que no fue un disparate la sencillez del planteamiento cartesiano en su búsqueda del Saber. Gracias al ejercicio de una actitud escéptica o desconfiada sobre todo lo heredado de la tradición (gracias al ejercicio de la Duda metódica), Descartes es capaz de encontrar una verdad indubitable: el hecho de que mientras estoy dudando de todo, no puedo dudar de que estoy dudando, de que soy algo que duda. A esta primera verdad epistemológica (sin ella el resto de verdades no podrían ir desarrollándose o alcanzándose) se le conoce como la Verdad del Cógito.

Lo que viene a continuación, en la deducción del resto de verdades, conforma lo que conocemos como la corriente Idealista, porque, efectivamente, el Cógito es pensamiento, es una idea (la idea de Yo), y en virtud de la misma vamos a definir el resto de verdades y, consiguientemente, el resto de realidades. Las ideas son el objeto inmediato del conocer, son lo único que podemos afirmar con certeza.

El Racionalismo cartesiano es idealista pues considera que la razón humana cuenta con unos elementos innatos que guían el conocimiento que tenemos del mundo. Estos elementos son las Ideas Innatas: Yo, Dios y Mundo. Con ellas tenemos definido, también, el orden Ontológico, que se desarrolla en la teoría de la sustancia y que organiza la realidad en base a tres sustancias: la Sustancia pensante, la sustancia infinita y la sustancia extensa.