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lunes, 5 de septiembre de 2022

VOLTAIRE, ESCRITOR FELIZ

 


Roland Barthes, el famoso crítico francés, llama a Voltaire “el último escritor feliz”. Es una exageración. Dice también que la filosofía de Voltaire está anticuada. Otra exageración, impropia del comedimiento y también del chovinismo galo. El autor de Cándido es un clásico y los clásicos nunca periclitan, al menos no del todo. Es cierto, sin embargo, que los ateos ya no se arrojan a los pies de los deístas que adoran a Dios sin intermediarios ni iglesias, sino que hoy perseveran en su negación. Deísta desde luego fue Voltaire, y anticlerical.

sábado, 9 de marzo de 2013

Isaac Newton (1642-1727), caudillo de la mecánica



En 1696 Newton fue nombrado celador, y luego director de la Casa de la Moneda en Londres. Desde ese momento, un erudito sensible, melancólico y soñador, el genio de la mecánica clásica, se transformaría en un grueso, irascible y pomposo administrador, envuelto en terciopelos y ricos brocados, transportado a través de Londres en una silla de manos, y por fin, en un autócrata de la ciencia, cuando asumió la presidencia de la Real Sociedad (Royal Society).

Ideológicamente, los estudiosos y biógrafos nos describen al gran científico como un solterón de ideas fijas y espíritu puritano, antipapista y antiestuardos, fervosoro secuaz de la Casa de Orange y Whig hasta su muerte. Aunque Newton se reuniera, obligado por sus cargos y como personaje público, con los corrompidos y libertinos políticos Whigs y recibiera a nobles extranjeros, casi todos "malditos papistas", no hay que pensar que participase en las orgías organizadas por lord Halifax ni que fuera invitado al Kit-Kat club. Probablemente le atraían más los profetas milenaristas que fascinaron a su joven amigo Fatio de Duillier, que la ingeniosa sociedad literaria de Pope, Swift y Gay. En el retiro de su cámara fue siempre el sabio concentrado en la historia sagrada, el creyente devoto, dispuesto a desvelar en los avatares de la historia del mundo y la órbita de los planetas la secreta intención y sabiduría de Dios, su inescrutable providencia. 

A muy pocos íntimos reveló su unitarianismo absoluto, es decir, la creencia en la esencia absolutamente unitaria de Dios y, por tanto, la negación de la Trinidad. Obispos y arzobismos de la Iglesia de Inglaterra buscaron su compañía y proclamaron su ejemplar piedad.