martes, 8 de noviembre de 2011

Plutarco y el demon socrático

"Innumerables son los senderos de nuestras vidas pero pocos son aquellos por donde los démones conducen a los hombres" (Sobre el demon de Sócrates, 586A)


Plutarco de Queronea (46-120) es un ejemplo admirable de síntesis cultural grecorromana. Representante ilustre del platonismo religioso, ofrece una serena síntesis educadora con sus Vidas paralelas y con sus Obras morales y de costumbres (Moralia), a la vez que un vivo retrato de las principales inquietudes de la época helenística, con su dramática fusión de individualismo y universalismo, reflexión y melancolía.

En su diálogo Sobre el demon de Sócrates, arremete contra la vanidad y la superstición. Puede, -afirma uno de sus personajes, Galaxidoro- que para los políticos propagar la superstición no esté mal, pues "acostumbrados a vivir ante un público atrevido y sin disciplina, podrán así según su conveniencia persuadir o transformar a la gente con el freno de la superstición" (580A). Sin embargo, la superstición no conviene a la filosofía y es opuesta a sus pretensiones, porque la filosofía pretende enseñar mediante la razón lo bueno y lo útil en su totalidad.


La filosofía no puede refugiarse ni en los dioses ni en las adivinaciones ni en los sueños, desdeñando aquello que le es propio: la demostración. Sócrates no era ni vanidoso ni supersticioso, "eligió la sencillez y la naturalidad, por ser libres y amigas de la verdad, y dejó para los sofistas la vanidad, como mero humo de la filosofía". Desde luego, Sócrates no despreciaba las manifestaciones divinas, pero opuso su "razón sobria" a las supersticiones con las que estaba mezclada la filosofía de Empédocles (exaltada por delirios místicos) y de los pitagóricos (llena de fantasmas y mitos, 580B). Si es así, ¿qué diremos del demon socrático, que parece haber acompañado a Sócrates desde su infancia, iluminándole en los momentos obscuros e incomprensibles para una mente humana, hablando con él e inspirando sus decisiones? ¿No será también él hijo de la superstición?

Hay quienes afirman (uno de la escuela megárica) que el demon de Sócrates se manifiesta mediante un estornudo, o mediante cualquier otro signo sonoro. Plutarco combate esta reducción superficial. Sócrates fue pobre voluntariamente y no se apartó nunca de la filosofía. Frente a sus temores, no recurría a augures, sino a razonamientos inconmovibles. Si bien cuando la razón se atascaba en antinomias, recurría al demon. El símil que pone Plutarco es muy expresivo. Una pequeña moneda no mueve el fiel de una balanza, pero si se agrega a un peso en equilibrio inclina hacia sí el total. Igualmente un ruido, un estornudo o alguna otra señal, no pueden arrastrar una inteligencia sólida a la acción, pero si se suma a dos razones opuestas resuelve la aporía y facilita la decisión. Así pues, el demon infunde impulso a la razón en los asuntos oscuros e inciertos. Pero no son los signos mismos, un estornudo o una voz, los que guían a Sócrates, sino un ser divino.

¿Diviniza Sócrates a la intuición? Simias -discípulo de Sócrates- le preguntó una vez por su demon y no obtuvo respuesta, pero le oyó muchas veces calificar de impostores a quienes decían haberse comunicado mediante visiones con algún ser divino, mientras que atendía y se informaba con interés de quienes afirmaban haber oído una voz. ¿Sería Sócrates un esquizofrénico genial?...

"El demon de Sócrates nunca había sido una aparición sino la percepción de una voz o la intelección de palabras que se le comunicaban de una forma extraordinaria, como también durante el sueño no se habla realmente, pero creemos oír voces, al recibir impresiones y percepciones de palabras" (588C-D)

Lo que sucede normalmente es que durante la vigilia, perturbado por las pasiones y los negocios, no prestamos atención a estas voces... "Pero la mente de Sócrates, pura y carente de pasiones, que se mezclaba poco con el cuerpo y sólo en los asuntos necesarios, era sensible y capaz de cambiar rápidamente bajo una impresión". Tal impresión no podía juzgarse como lenguaje hablado, sino como "palabra de demon" que, sin voz, alcanzaba su entendimiento con la misma revelación. La voz, transmitida por el aire, semejaba un golpe a través de las orejas del cerebro y de la sangre hasta el alma (Platón, Timeo 67b)... "Pero el entendimiento del ser superior conduce el alma noble tocándola solo con el pensamiento, sin necesidad de golpe".

¿Era Sócrates una especie de telépata? Más bien, el demon parece la voz de la conciencia racional... Y es que "el alma del humano, como si estuviera tensada con cuerdas, es con mucho el más dócil instrumento, si se toca con la razón, porque toma estímulo para moverse en el pensamiento. Pues allí, al pensamiento, tienden con fuerza los principios de las pasiones y de los impulsos y, si éste se mueve, tiran y arrastran y ponen en tensión al hombre. Principalmente de este modo se da a conocer cuán gran fuerza tiene el pensamiento... en cuanto el alma concibe un pensamiento y le da impulso, se levanta esta masa y se pone en tensión en todos sus elementos y como con alas se encamina a la acción". Pues así como la razón con el concurso del pensamiento mueve el cuerpo, no debemos extrañarnos "de que un entendimiento pueda moverse a causa de otro superior o un alma gracias a otra más divina, que desde fuera realiza el contacto por el que una razón se fija de un modo natural en otra razón, como la luz con su reflejo" (589B). He aquí un claro precedente platónico de la doctrina de la iluminación de Agustín de Hipona, padre de la Iglesia.

"En efecto, los pensamientos de los démones poseen una luz con la que iluminan a los hombres susceptibles de lo divino, sin necesidad de verbos ni de nombres, que utilizan los hombres como símbolos y con los que ven las representaciones e imágenes de sus pensamientos. Y los hombres no los conocen, excepto aquellos que en particular han recibido una iluminación divina" (589BC)... "Las palabras de los démones son llevadas a través de todos, pero solo tienen eco en las personas de carácter apacible y alma tranquila, a quienes llamamos hombres sagrados y divinos" (589D).

La falta de armonía y equilibrio impide oír estas "voces". Pero Sócrates era un hombre equilibrado. Por eso encontraba en sí mismo un guía mejor para su vida que innumerables maestros y pedagogos. Por último, Plutarco, se hace eco de un relato escuchado a Timarco de Queronea. Se muestra reticente a contarlo pues es más ficticio que real, pero Teócrito anima al interlocutor, pues a fin de cuentas, "el mito, aunque no sea exacto, atañe en cierto modo a la verdad". Timarco deseaba conocer cuál era el poder del demon socrático, así pues bajó y se encerró en una gruta, donde permaneció dos noches y un día, al volver al exterior contó una extraña historia: su alma había volado sobre el Tártaro y la laguna Estigia, camino del Hades, oyendo la música de las esferas susurrada por el éter, mientras un demon le había revelado los secretos del universo. Entre ellos, que cuatro son los principios de todas las cosas: el de la vida, el del movimiento, el del nacimiento y el de la corrupción.

"La Unidad une el primero con el segundo en el dominio de lo invisible, el Entendimiento el segundo con el tercero en el del Sol, la Naturaleza el tercero con el cuarto en el de la Luna. La Moira, hija de la Necesidad, es quien guarda cada una de estas uniones".

El mito tiene un indudable sabor pitagórico. Sucede que todas las almas participan del entendimiento y ninguna carece de razón e inteligencia, pero no todas las almas se mezclan por igual con la carne y las pasiones, potencias irracionales. Unas se hunden por completo en el cuerpo, sacudidas totalmente por las pasiones a lo largo de su vida terrenal. Otras en cambio solo se mezclan en parte, y dejan a parte el elemento más puro, permaneciendo por encima de lo terrenal, como la parte superior de una boya. Alma es lo que queda sumergido, entendimiento (noûs) lo que queda libre de corrupción, este entendimiento que nos afecta desde fuera, es lo que llaman demon. De aquellas almas bien educadas, embridadas y obedientes desde el nacimiento a su demon particular, procede la raza de los adivinos y profetas. Sin embargo, la divinidad por sí misma se comunica con pocos y en raras ocasiones. "Los dioses ordenan la vida de pocos hombres, a quienes quieren hacer en verdad especialmente bienaventurados y divinos. Y las almas apartadas del nacimiento y sin relación en adelante con el cuerpo, totalmente liberadas, son 'démones al cuidado de los hombres', según Hesíodo". Estas almas, libres ya de la reencarnación, no desprecian en absoluto los asuntos del mundo, sino que estimulan a los humanos a la virtud, exhortando e impulsando a quienes hacen merecimientos para ello, "pues la ayuda divina no ocurre de un modo casual" (593EF).

El demon aparece aquí como una especie de protector del alma, un verdadero "ángel de la guarda":

"Cuando un alma, que ha competido ya con innumerables nacimientos en grandes combates bien y valerosamente, al cumplirse su ciclo, se acerca (...) a su salida al mundo de arriba, Dios no se irrita porque su demon particular la ayude sino que también se lo permite a quien desee ayudarla. Y un demon desea liberar por sus consejos a un alma, otro a otra. El alma, por su parte, por acercarse, le escucha y así se salva; pero si no obedece, al abandonarla el demon, se aleja sin alcanzar felizmente su fin" (594).

Terminaremos este resumen con una bella exhortación de Carón, uno de los libertadores de Tebas, en el relato histórico que Plutarco superpone y con el que enmarca la discusión sobre el demon socrático:

"Arriésgate con muchos ciudadanos valerosos por la libertad y la virtud. Queda aún mucha esperanza y, en algún lugar, un dios nos contempla mientras combatimos por la justicia" (595D).

1 comentario:

  1. Muy buen artículo, pero no me queda clara la función del demon en el juicio racional; decir que es de cierto modo un impulso a que este juicio se dé, ¿Es poner a la intuición como principio de la moral?

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