domingo, 1 de marzo de 2015

Erótica matrimonial de Plutarco

Mestrio Plutarco (Πλούταρχος) de Queronea (Beocia)

Puede que Plutarco de Queronea (h. 46-120) fuese amigo del emperador Trajano, o tal vez su consejero. En la Academia de Atenas recibió clases de Amonio, un peripatético egipcio que lo inicia en todas las grandes escuelas filosóficas. 

Plutarco no es un filósofo original ni crea un nuevo sistema. Con una orientación principalmente platónica, un tanto ecléctica, polemiza con estoicos y epicúreos. Sin embargo, su obra, clásica y admirable por su elegante estilo, es considerada una maravillosa síntesis de los mejores saberes de su época.

Sus textos más leídos son las biografías contenidas en Vidas paralelas, donde pone frente a frente la biografía de un personaje ilustre griego con la de otro romano; y sus Obras morales (Moralia), que contienen tratados, diálogos y recomendaciones sobre diversos asuntos prácticos. Plutarco fue un gran teórico de la educación (paideía) y un sensato pedagogo que señala la moderación como fin primordial de toda enseñanza (paídeusis).

Venus y Cupido (Afrodita y Eros)


En lo personal, Plutarco fue un padre cariñoso y un amante esposo. Su actitud respecto de las mujeres contrasta con el machismo y la misoginia tradicional.

Debió de ser en las primeras décadas del siglo II cuando escribe su diálogo sobre el amor: el Erótico, una de sus mejores obras. En él defiende el amor entre hombre y mujer en el seno del matrimonio, discutiendo con quienes prefieren la pederastia, bastante común y hasta bien vista en aquella época.

Antes que Plutarco, autores estoicos como Antípatro de Tarso (II a. C.) o Musonio Rufo (I d. C.) ya elogiaron la educación de la mujer y la amistad de los esposos, defendiendo el matrimonio como deber cívico para la procreación de los hijos y el rejuvenecimiento del Estado. 

En Preceptos matrimoniales, Plutarco reunirá sus consejos para la armonía conyugal. En su Consolación a la esposa se muestra particularmente tierno con Timóxena, su legítima esposa, a la que consuela por la pérdida de un hijo. Y en su tratado Virtudes de las mujeres recoge femeninos ejemplos de valor.
 
Giorgio de Chirico. Héctor y Andrómaca.

En el Erótico, el amor conyugal es revalorizado y defendido de los prejuicios misóginos, para elevarse a la máxima dignidad como más perfecta vía de ascensión hacia la suprema Belleza, gracias al dios Eros que guía la sagrada y recíproca unión de los esposos, y gracias a la diosa Afrodita que anima la fusión placentera de sus cuerpos. 

Plutarco se opone al materialismo de los epicúreos que, igual que los cínicos, eran contrarios al matrimonio y renegaban de la pasión amorosa. Como Antípatro de Tarso, considera el vínculo entre los esposos como una fusión integral (di'hólon krâsis) por contraste con otras amistades y afectos. Y como Musonio Rufo sostiene que las mismas virtudes pueden adornar al varón y a la mujer, pues el "deseo y disposición natural hacia la virtud reside no sólo en los hombres sin también en las mujeres" (Disertaciones, III). 

Igual que ese estoico, Plutarco pone el acento en la idea de comunión (koinonía) del alma y el cuerpo de los cónyuges, como superior a otros afectos y bajo la divina tutela de Eros y Afrodita. Pero mientras los estoicos recelan de la pasión amorosa, fieles a su ideal de apátheia (imperturbabilidad) y prefieren quedarse en una serena amistad, Plutarco valora el Amor en toda su dimensión atribuyendo un valor moral a la unión sexual, pues es un factor de crecimiento de la concordia, la amistad y la fidelidad mutuas. El matrimonio se interpreta así como "sagrada comunión": física, mental y espiritual.

Mientras sus personajes dialogan en el Erótico, sucede algo que da una especial originalidad dramática a la obra. El joven Autobulo, hijo de Plutarco, cuenta la conversación que su padre, hace muchos años, mantuvo con unos amigos en Tespias, adonde acudió con su mujer, Timóxena, para celebrar las fiestas en honor de Eros y las Musas. En la discusión sale el caso de Bacón, un bello efebo a quien Ismenodora, una viuda rica y madura, pretende en matrimonio.

Pisias y Protógenes se oponen a esa unión "desigual" y ofrecen argumentos contra ella, pero Plutarco, en una primera disertación a favor del matrimonio entre Bacón e Ismenodora, aprecia las cualidades que adornan a la viuda madura: belleza, alcurnia, riqueza y virtud. De pronto, un mensajero les anuncia el rapto de Bacón por Ismenodora con la complicidad de sus amigos. Indignado por el suceso, Pisias se marcha con Protógenes. La intervención del escéptico Pémptides provoca el segundo discurso de Plutarco acerca de la naturaleza divina y los beneficios del Amor. 
 
Anne Bancroft seduce a un jovencito (Dustin Hoffman)
en
  El Graduado


El diálogo nos ha llegado aquí con una laguna. El texto perdido seguramente incluía otras objeciones, a las que Plutarco contesta con su tercera disertación en la que sostiene que la mujer es tan buena moralmente como el varón, si no más. Exalta la afectividad de las mujeres, su gracia y fidelidad, para concluir que el amor de hombre y mujer dentro del matrimonio constituye la unión más perfecta.

Entonces llega otro mensajero anunciando que se les espera para celebrar el matrimonio de Bacón e Ismenodora y que Pisias (que estaba enamorado del joven) se muestra ya partidario ferviente de tal enlace.

Teniendo en cuenta la situación típica del matrimonio tradicional en la Grecia antigua, donde solía casarse un hombre adulto de unos treinta años con una joven adolescente de 15 a 18, el caso de Bacón e Inmenodora invierte del todo la costumbre. Es cierto que la comedia nueva y la novela ofrecían ejemplos de jóvenes amantes de edad pareja, y en la literatura erótica, sobre todo en las novelas, no faltaban ejemplos de mujeres maduras que, como Ismenodora, se enamoraban y seducían a jóvencitos.
 
Boda romana

Protógenes ensalza la amistad entre varones, frente a "ese amor lánguido y casero que pasa el tiempo en los regazos y lechos de las mujeres, que siempre persigue la molicie y se abandona a placeres nada viriles". Ese amor, ni amigable ni entusiástico, merece ser rechazado. Contrapone la belleza natural de los mancebos a los artificiales arreglos de las mujeres y aduce que él no busca en su amor por ellos placer sexual, sino noble y virtuosa amistad... 

"La amistad, en efecto, es algo bello y elevado, en tanto que el placer es vulgar e innoble"

En el diálogo, Dafneo no le cree y arremete contra la pederastia, considera el amor heterosexual como más antiguo y a la pederastia como una novedad que... 

"penetró furtivamente ayer o anteayer en los gimnasios con el desvestirse y las desnudeces de los jóvenes, acariciándolos suavemente e insinuándose; luego poco a poco echó alas en las palestras y ya no es posible contenerlo, sino que ultraja y mancilla aquel amor conyugal que contribuye a la inmortalidad de la raza mortal reavivando puntualmente de su extinción nuestra naturaleza a través de los nacimientos"

Concluye Dafneo que el tan celebrado por Protógenes amor homosexual por un efebo niega el placer (patrocinado por Afrodita) por vergüenza y temor, ya que "necesita de alguna excusa noble para acercarse a los bellos y lozanos mancebos. Su pretexto, por tanto, es la amistad y la virtud". Sin embargo, un amor que sólo suponga deseo insatisfecho y amistad, un amor sin Afrodita (diosa que representa el deseo sexual, el cuerpo a cuerpo del amor) no es posible..., sería como una borrachera sin vino, como una turbación infructuosa e imperfecta y que hastía.

Ante semejante crítica, Pisias, amante celoso de Bacón, se indigna. Entre otros argumentos en contra de la viuda y sus pretensiones matrimoniales, arguye que es preferible estar atado con cadenas de oro -como se contaba que sucedía en Etiopía- que por las riquezas, la arrogancia y la vanidad de una mujer. De una mujer enamorada hay que alejarse, evitando como principio de matrimonio una tal "incontinencia". Es preferible buscar una especie de sierva dócil.

Pero Plutarco de opone a todo esto: Sería absurdo que por causa de su riqueza o de su amor rechazásemos a Ismenodora. Se pregunta retóricamenete si acaso es mejor un matrimonio por dinero o conveniencia que un matrimonio por amor, como el que Ismenodora propone. El hecho de comprar una mujer no evita -además- que ésta no pueda de todos modos acabar por esclavizarte. Y pone de ello legendarios ejemplos de flautistas y bailarinas que pisotearon coronas de reyes o se las acabaron calzando en la testa. El caso más sonado: Semíramis de Asiria, sierva y concubina de un esclavo del palacio real, lo que no le impidió seducir al rey Nino, dominarlo y destruirlo. En efecto, Semíramis le pidió que le permitiera sentarse en el trono, sustituyéndole por un solo día, ciñéndose la corona y gobernando. En cuanto Nino accedió y Semíramis se aseguró de que todos le obedecían, ordenó apresar a Nino, encadenarlo y finalmente matarlo. Tras de lo cual, reino brillantemente en Asia durante mucho tiempo...
 
Semíramis de Asiria

 
"Preferir la riqueza de una mujer a su virtud o su alcurnia es vil e innoble, pero evitar la riqueza unida a la virtud y la alcurnia es necio" 
Además, nadie está libre de autoridad ni es del todo independiente. 
"¿Qué tiene de extraño si una mujer sensata de más edad gobierna la vida de un hombre joven, siendo beneficiosa por su mayor prudencia, y dulce y agradable por su afecto?" 

En fin, el matrimonio por amor es preferible a cualquier otro, una unión sin amor produce insatisfacción y no conduce a nada hermoso. Ciertamente, encontramos desde el principio en nuestras almas una tendencia a apropiarnos de lo bello y a rechazar lo feo, pero la obra de Afrodita (o sea, el sexo) sin Amor es mercancía de poco valor, y nadie -salvo un desesperado- soportaría la fatiga y el peligro que conlleva la búsqueda del placer sexual sin estar enamorado. La cara de Afrodita es oscura como la de la luna si la luz del amor solar no la ilumina.

"Tan débil y proclive al hastío es la gracia de Afrodita si no la inspira el Amor"
Las obras de Amor superan a las de Ares (Marte romano, señor de la guerra). Así los amantes consienten que los tiranos les roben todo..., menos sus amadas o amados. Plutarco cuenta la anécdota del gran Alejandro, que sintió inclinación por una tañedora de lira que acompañaba a Antipátrides en una juerga. Alejandro le preguntó si estaba enamorado de ella, como Antipátrides le dijese que completamente, el emperador le dijo: "desgraciado, ojalá perezcas miserablemente". Pero se contuvo y no tocó a la música. 

Venus y Marte. Sandro Botticelli
El Amor ni está ocioso ni desarmado. Es un estratega invencible. Y por eso los pueblos más belicosos son los más proclives al amor: beocios, lacedemonios, cretenses... Así también los varones antiguos: Heracles, Meleagro, Aquiles, Aristómenes... El Amor es el único de los dioses de quien Hades, señor de los infiernos, cumple órdenes.

Plutarco ni acata por completo los mitos ni desconfía de ellos totalmente, en esto está con los estoicos, y en los mitos se afirma que desde el Hades hay una subida hacia la luz para los enamorados, "como si hubieran errado el sendero que Platón vislumbró el primero de los hombres mediante la filosofía" (762a). 

Para sumar los beneficios que Amor aporta a los amantes, Plutarco cita a Eurípides: "a ser poeta Amor enseña, incluso a quien antes fuese ignorante de las Musas". El amor hace inteligente a quien fue atolondrado y valeroso al pusilánime; otorga generosidad, sinceridad y grandeza de ánimo a quien fue ruin, mezquino o avaricioso. Cualquier casa resulta más venerable de aspecto con el fuego del amor encendido, y cualquier persona llega a ser mejor si radia en ella el calor amoroso, esa "turbación sobrenatural del alma". Amor, en fin, inflama la memoria y nos devuelve la reminiscencia de lo bello y lo divino, "desde el Hades hacia la verdad y la llanura de la verdad"  (Fedro, 248b).

Por eso, no debemos reprimir la pasión, sino que, aplicando una "prudente razón con pudor", debemos permitir que naturalmente se consuma para que deje en el alma resplandor, luz y calor en su disolución maravillosa y fecunda, "como en una planta que germina y crece, que abre vías de complacencia y amabilidad; éstos [bienes eróticos] en no mucho tiempo, traspasando el cuerpo de los amados, acceden a su interior y alcanzan la intimidad de su carácter, contemplan las visiones que descubren y establecen entre sí una profunda unión mediante palabras y acciones, a condición de que mantengan en su pensamiento un perfil y una imagen de lo bello".

Pero la mayoría se extravía como el chiquillo que ansía coger el arco iris con sus manos, quieren palpar la imagen de la belleza en sus espejos, en muchachos o en mujeres, y no pueden captar nada más consistente que una mezcla de placer y dolor entre sombras. En las almas nobles, por el contrario, la ilusión amorosa produce una refracción de la memoria (Eros hijo de Iris, según Alceo), a partir de lo que aquí nos parece bello, "hacia aquella belleza divina, amable, venturosa en verdad y admirable".

Sarcófago etrusco de los esposos
El amante sensato, cuando se encuentra con la belleza de un cuerpo visible, la usa como un instrumento de la memoria, la abraza y la estima, pues allí se refracta hacia la belleza divina e inteligible. Entonces el alma "echa alas" cada vez que un carácter puro y armonioso se hace patente en la lozanía y la gracia de un cuerpo.

"Además, las consideradas causas y motivaciones del Amor no son particulares de ningún sexo". "Donde exista la belleza, soy ambidiestro". Todo es común para los sexos. Comunes también son los bienes para los esposos, y "aun separados en sus cuerpos, reúnen con fuerza sus almas y las funden, y ni quieren ni piensan en ser dos. Luego la fidelidad mutua, de la cual necesita especialmente un matrimonio, que mantiene desde fuera y debido a las leyes más que de manera voluntaria lo impuesto por la vergüenza y el temor, obra de muchos frenos y de timones también, está siempre en mano de los cónyuges". Y el mismo Amor da continencia, decoro y lealtad a las almas disolutas, doblega su altivez y grosería y les infunde pudor, silencio y calma.

La relación sexual entre los esposos es como la comunión en un ritual. Si el placer resulta pequeño, lo compensa la gracia, el respeto, el aprecio mutuo y la confianza que de él germina cada día. En esto Afrodita reparte armonía y amistad. A juicio de Plutarco, Solón fue "un legislador muy experto en asuntos matrimoniales al prescribir que el hombre se acerque a la esposa no menos de tres veces al mes, no por placer seguramente, sino queriendo con tal muestra de afecto renovar el matrimonio de las disensiones que siempre se acumulan, de igual modo que las ciudades cada cierto tiempo renuevan sus pactos entre ellas" (769ab).

Plutarco no escatima elogios a la riqueza emocional de la mujer, aunque es consciente de la ambivalencia moral de la misma: 

"la naturaleza, dotando a la mujer de la gracia de la mirada, la persuasión de la voz y la atractiva belleza de la figura, proporciona gran ayuda a la disoluta para el placer y el engaño, a la honesta para el afecto de su esposo y la amistad"

El matrimonio puede parecer una experiencia desgarradora al principio, pero aun con herida, unirse a una mujer buena es una bendición, como el injerto en los árboles. Y no existe unión en la que no se experimente una alteración recíproca. También las matemáticas perturban al principio a los niños, y la filosofía a los jóvenes. Pero la molestia no tiene que permanecer para siempre, poco a poco se va produciendo la fusión integral, muy distinta de los contactos y enlaces de Epicuro, que no producen la unidad de la comunión matrimonial. De ningunos otros amores resultan mayores placeres ni ventajas más duraderas, ni la belleza de otra amistad tan gloriosa y envidiable como "cuando con sentimientos concordes administran su casa marido y mujer". 

"El amor a las mujeres honestas no sólo no conoce el otoño, al florecer entre canas y arrugas, sino que permanece hasta la tumba y la sepultura"




Plutarco. Erótico, en Obras morales y de costumbres (Moralia), volumen X, Gredos, Madrid 2003.


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