jueves, 11 de junio de 2015

Apología de Sócrates



De esta obra primeriza de Platón, Apología de Sócrates, Popper decía que era el texto de filosofía más importante que se había publicado nunca. No es un diálogo, aunque se suela editar bajo este epígrafe, pues Platón nos cuenta en la Apología (defensa) el comportamiento de Sócrates, su maestro, ante quienes le juzgaron. Platón fue testigo presencial de lo que cuenta, así que podemos pensar que fue bastante fiel a lo que sucedió históricamente. La imputación era por impiedad (asebeia) y corrupción de menores. Un delito religioso penado con la muerte, pues le acusaban de introducir en Atenas divinidades nuevas...

La fe religiosa en Atenas, tras la ilustración y la sofística, no era lo que había sido. Por eso es muy probable que se usase el delito de "impiedad" como pretexto y que la democracia buscase en Sócrates una "cabeza de turco" contra el partido oligárquico, pues muchos de sus discípulos pertenecían a dicho partido, y algunos estuvieron complicados en los crímenes de la tiranía de los treinta, impuesta en Atenas por Esparta tras su victoria definitiva en la guerra del Peloponeso (404 a. C). Sócrates no era un aristócrata (eupátrida), sino un hijo de comadrona y picapedrero y nos consta que no quiso complicarse en las purgas y represiones emprendidas por "Los Treinta". Restaurada la democracia, le echaron mano mediante una acusación formalizada por tres sicarios: Ánito, Meleto y Licón.


El "tábano de Atenas" se comportó ante sus jueces con una dignidad suicida. En lugar de fingir humildad, afectar arrepentimiento, y proponer una pena menor, una multa por ejemplo (que sin duda estarían dispuestos a pagar sus seguidores y discípulos porque Sócrates era pobre), dijo que su labor había sido excelente y que no se arrepentía de nada. Su discípulo Querefonte (que pertenecía al partido democrático) había preguntado al Oráculo quién era el ateniense más sabio, y el Oráculo le había dicho que Sócrates..., porque sabía que no sabía. De ahí la frase "Sólo sé que no sé nada" que se le atribuye y que identifica la filosofía, frente a la sofística, como un saber que busca la verdad porque acepta de entrada el no estar en posesión de ella.

Su única convicción había sido ésta: siempre es preferible sufrir injusticia a cometerla, porque la injusticia es la peor enfermedad de la mente, hija de la ignorancia. Según sus propias palabras, él se había pasado la vida animando a los atenienses a que se preocuparan por la perfección del alma (mente, psique), por su virtud o excelencia (areté) y no por los bienes materiales, la voz de su demon (divinidad interior) le impulsaba siempre a preguntarse por la esencia de la sensatez, del valor, de la piedad, de la amistad, etc. Por tan excelente trabajo, el cuidado del alma de sus conciudadanos (terapia psíquica), merecía ser alimentado gratis por la ciudad-estado (polis)...

Ante semejante actitud, el pueblo falló dos veces en su contra. Así que fue condenado a muerte y ejecutado en el 399 a. C., haciéndole beber un veneno letal: cicuta (la escena representada en la ilustración de esta entrada).

Platón jamás perdonó al régimen democrático el asesinato de su mentor, pues le tuvo siempre por un ciudadano ejemplar: "el hombre más justo de Atenas". Rinde homenaje perdurable a su maestro haciéndole casi siempre protagonista de sus inmortales diálogos. Este personaje (el Sócrates platónico) alude a la suerte del Sócrates histórico en la famosa alegoría de la caverna (República VII). No hay duda de que Platón estaba pensando en él cuando habla del prisionero que se libera de la ignorancia e intenta liberar a sus compañeros de prisión, y al que éstos, ingratos, matarían por ello si pudieran echarle mano...

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