sábado, 3 de octubre de 2015

Medea, el coraje del despecho


Creen los historiadores que la Medea (Μήδεια) de Eurípides (Εὐριπίδης, 480 a. C.- 406 a. C) se representó por primera vez el año 431 a. C.

El argumento, como sucede en todas las obras de la dramaturgia trágica antigua, toma pie obligado en el mito, más concretamente en la saga mítica de los Argonautas y su legendaria aventura en busca del vellocino de oro, largo viaje a la Cólquide y la vuelta a Grecia, a través del Danubio y la costa itálica, o incluso a través del Atlántico y luego el Mediterráneo, según diversas versiones.

Ruta de Jasón y los argonautas hasta el reino de Medea en la Cólquide



El nombre de Medea aparece en la Teogonía de Hesíodo (h. 700 a. C.):

"Con el incansable Helio [el Sol] tuvo la famosa Oceánide Perseis a Circe y al rey Eetes. Eetes, hijo de Helio, que brilla para los mortales, se casó por decisión de los dioses con una hija de Océano, río perfecto, con Idia, de hermosas mejillas. Ésta, en unión amorosa con él por obra de la dorada Afrodita, dio a luz a Medea, de hermosos tobillos" (956ss.)

El poeta Píndaro (Πίνδαρος, V a. C.) en su cuarta Pítica cita a Medea como profetisa. Sobre la capacidad profética del coro en la Medea de Séneca véase nuestra entrada: "Filósofos & profetas".

Medea, nieta del Sol y sobrina de Circe, fue el auxiliar necesario en la conquista del vellocino de oro por Jasón. Traicionó a su propia familia y despedazó a su hermano Apsirto para ayudar al héroe griego del que estaba locamente enamorada, y con quien se casó y tuvo hijos. Pero Jasón, en lugar de mostrarle agradecimiento y guardarle fidelidad, la abandona por oportunismo político y Medea se venga matando a la que Jasón quiere desposar, la princesa Glauce (Γλαυκή), a su padre Creonte, rey de Corinto, y a sus propios hijos, usando sus superpoderes de hechicera, conocedora de conjuros, de pócimas, venenos y drogas.


Los críticos consideran  a la Medea, junto con el Hipólito, la cumbre del arte trágico de Eurípides. En ella se representan las fuerzas oscuras que pueden dominar la mente. La lucha entre razón y pathos (pasión) se expresa de manera inmortal en tres monólogos en los que Medea expone al espectador su tormento: su deseo de venganza, su amor de madre, toda la violencia de su alma herida. Eurípides humaniza a Medea. Su mente es el campo de batalla de formidables emociones, propias -como dice su nodriza- de un "carácter salvaje y de la naturaleza terrible de su alma despiadada" (146s). O como ella misma dice de sí: "dura para mis enemigos y, para mis amigos, benévola" (808s)... Odio, cólera, despecho, celos...

"Mi pasión es más poderosa que mis reflexiones y ella es la mayor causante de males para los mortales" (1079 ss.).

El final de la obra es apoteósico: Medea huye hacia Atenas en un carro tirado por dragones alados que recibe de su pariente, el dios Helios. Con el propósito de casarse allí con Egeo, con los cadáveres de sus hijos a los que ha asesinado para causar todo el dolor posible a Jasón.


El personaje de Medea ha llegado a ser un paradigma del arte occidental, en la pintura, la música (v. la Medea de Cherubini, por ejemplo) o el cine (Pasolini filmó una Medea con María Callas en el papel principal). Los poderes de Medea no son solo mágicos y alquímicos, sino que también es extraordinaria su fuerza de persuasión. En la saga mítica, cuando de regreso de la Cólquide llegan a Yolco, y para vengar a Jasón por la muerte de su padre a manos de Pelias, Medea convence a las hijas del usurpador que lo descuarticen y lo pongan a cocer, asegurándoles que así recobraría la juventud. Pelias, claro, no vuelve a la vida.

Ovidio escribió una tragedia perdida sobre el mismo tema. Se nos ha conservado la de Séneca, "un espíritu descomunal en un cuerpo enteco y enfermizo".

De las tragedias del filósofo cordobés se ha dicho que son más para ser leídas que representadas. En su obra, la rival de Medea toma el nombre alternativo de Creúsa. Fingiendo resignarse al repudio por Jasón y al exilio, le manda Medea a Creúsa un manto y unos dijes "hadados", apenas los viste arde en llamaradas, tanto ella como su padre que intenta auxiliarla. Medea destroza después a sus hijos antes de remontarse al cielo en la formidable carroza.

Aitana Sánchez Gijón interpretando la Medea de Séneca

Al contrario que en la obra de Eurípides, el filicidio ocurre en escena, ante los ojos del pueblo:

"Males fieros, no vistos, horrorosos, espantables por igual a cielo y tierra, hacen hervir mi alma en su fondón más abstruso" 

Eso dice Medea en su primera intervención. Y estimulándose a sí misma:

"Ármate de ira y prepárate al exterminio con todo tu furor". 

Tras su primera intervención, el coro entona un canto nupcial que requiere para su comprensión todo un tratado de mitología.

La Medea de Séneca es una campeona de la maldad. En su segunda intervención hace recuento de sus crímenes: "¡Cuántas veces, impía, derramé sangre funesta!". Pero alega en su favor que ninguno de sus crímenes fue resultado del interés propio, sino que "mi infortunado amor [por Jasón] me hizo cruel". Algunas frases de las que emplea son lapidarias:

"La fortuna teme a los fuertes y a los cobardes los aplasta"...
"Jamás el valor deja de hallar su coyuntura".

Para Creón, Medea es un monstruo cruel, maquinadora de "maldades hazañosas", con malignidad de mujer y fuerza de hombre. Teme a le hechicera, por eso no le concede ni siquiera el paraje más oscuro de su reino. La quiere muy lejos, instándola a volver a Colcos:

"Limpia mi reino de tu presencia; llévate contigo tus letales hierbas; libra de miedo a los ciudadanos; y desde otro suelo anda a importunar a los dioses".

En su defensa, Medea argumenta que sus numerosos crímenes nunca los cometió en interés propio, sino a favor de los intereses de Jasón. Y es consciente de que el crimen que ahora concibe arremeterá contra los dioses y todo lo trastornará. A la hora de su venganza funde venenos de cielo y tierra, convoca a los dioses infernales y pronuncia los conjuros más terroríficos. Prometeo mismo le había enseñado a esconder fuego en oro fulvo. La ejecución por despecho de sus propios hijos aparece como la maldad suprema y ella expresa en su monólogo final su condición de alma atormentada entre la ira y el amor maternal:

"¿Por qué de un lado la ira, y el amor del otro lado, me van descuartizando? Una corriente ambigua me arrebata en la incertidumbre (...), dentro del pecho mi corazón fluctúa. La ira ahuyenta la piedad; la piedad, la ira"

No tengo que añadir que acaba imponiéndose esa loca ira que necesita satisfacer su deseo de venganza en el dolor, el que provocará a Jasón ver como ella misma sacrifica a sus dos hijos. Poco antes dice Medea a Jasón algo terrible para que este comprenda la profundidad de su rabia:

"Y si alguna prenda de nuestro amor ocúltase en la madre, aún ahora, con la espada escudriñaré mi vientre y sacaréla en la punta de la espada"

Al contrario que en Eurípides, Medea ni siquiera se lleva los cadáveres de sus hijos, se los arroja a Jasón desde el carro alado que la transporta y en el que se transfigura. Jasón la maldice de esta forma:

Jasón y Medea, por Gustavo Moreau
"¡Vuela, sí; vuela por los espacios altos del cielo superior y atestigua que no hay dioses por donde tú te elevas!". 

En 2015, con puesta en escena de Andrés Lima, la actriz Aitana Sánchez Gijón triunfó en la escena con una adaptación de la "seca y durísima" Medea de Séneca.

A pesar de la maldición de Jasón, Medea sigue volando en nuestro horizonte cultural con bastante éxito, y no solo porque crímenes parecidos a los que ella cometió se siguen cometiendo cuando las pasiones arrasan toda moderación, sino porque según la leyenda, tras desposarse en Atenas con el rey Egeo, aún conspirará contra Teseo, regresará a la Cólquide donde repondrá en el trono a su padre y, por fin, en los Campos Elíseos desposará con Aquiles.




Bibliografía consultada

Eurípides. Tragedias I, Biblioteca clásica Gredos, 1982.
Hesíodo. Teogonía, Alianza, 1986.
Séneca. Tragedias completas, Aguilar, 1970.
Diccionario de mitología clásica, 2. Varios autores, Alianza, 1980.


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