martes, 12 de mayo de 2015

El Imperativo Categórico. Sentido y formulaciones éticas


 Definición y fundamento 

Noción central en la ética formal kantiana, un imperativo categórico es lo contrario de  un imperativo hipotético del tipo: “Si quieres ser feliz, no te metas en política”, o “Si quieres la gloria eterna, cumple los mandamientos de la ley de Dios”, etc., donde el mandato, “no te metas en política”, “cumple los mandamientos…”, está condicionado por la hipótesis de lo que deseas (en cursiva).

Todos deseamos la felicidad. Es un hecho natural. Pero cada uno de nosotros la busca de forma diferente, porque todos somos distintos. Los juicios que refieren a hechos son contingentes, pueden ser verdaderos o falsos, como los mismos hechos, eventos o fenómenos son contingentes porque pueden darse o no darse, así que los mandamientos que tienen por contenido o principio la experiencia no obligan necesariamente. Uno puede preferir el infierno en lugar de la gloria, o la fama en lugar de la tranquilidad ¿Y si a X le hace feliz fastidiar al prójimo? ¿Y si Y prefiere entregarse a la lujuria, la pereza o la ira, en lugar de ser sobrio, diligente o calmado? ¿Y si alguien prefiere el adulterio a la fidelidad y abandona a sus hijos para fugarse con la vecina? Eso sucede todos los días.

Como Kant quiere universalizar la ética, como una deontología que sirva para cualquier criatura racional, independientemente de su estatus social, raza, credo, orientación sexual, etc., como quiere evitar cualquier privi-legio, el imperativo o mandamiento que regule las costumbres debe obligar necesariamente y por tanto debe ser incondicionado, es decir, a priori, puramente racional, independiente de la experiencia y de lo que deseamos por naturaleza. La conducta verdaderamente digna será aquella que se ajuste al deber por respeto al deber mismo, al margen de cualquier interés natural, tanto si nos gusta como si nos disgusta cumplir con nuestro deber.

De este modo, pierden consistencia esas falacias tan frecuentes de "me comporto mal porque todo el mundo lo hace así", "engaño para no ser engañado". Éticamente es para Kant muy pernicioso usar la experiencia como fuente para decidir qué debo hacer, igual que sería estúpido planificar el futuro basándose en los múltiples errores que la humanidad ha cometido en el pasado. De este modo, el progreso sería imposible. En ética es obligatorio ser platónico. Uno debe comportarse siguiendo principios racionales (ser un hombre de principios) y no mirando a lo que hacen los demás o a lo que sucede en el mundo, donde, claro está, abundan las injusticias. Uno debe ser justo con independencia de que sea afectado por injusticias. Del mismo modo que uno debe tratar con benevolencia al misántropo, aunque no pueda amarle.

1. Perfecciónate

Por eso, Kant busca una fórmula vacía de contenido empírico, que sirva para cualquier persona, puramente racional y a priori. La fórmula más sencilla del imperativo categórico será: Perfice te, o sea, Perfecciónate. Kant no nos dice cómo debemos perfeccionarnos. Eso es cosa nuestra. Sapere aude, ¡atrévete a saber! Ese lema de la Ilustración apela también el venerable mandamiento délfico adoptado por Sócrates: conócete a ti mismo y, mas kantianamente, atrévete a usar tu propia razón para saber qué debes hacer en concreto. Y lo que la razón nos exige en su uso práctico es que determinemos el querer racionalmente, osea, la voluntad, de acuerdo al último y más completo fin ético, es decir el bien o la virtud. De ahí una de las posibles formulaciones del imperativo categórico:

2. Principio de autonomía de la voluntad

“Obra de tal manera que la voluntad pueda considerarse a sí misma, mediante su  máxima, como legisladora universal”

Como sabemos, Kant distingue entre uso práctico-pragmático (o técnico) de la razón y uso práctico- ético. Una distinción capital. El fin práctico y empírico de nuestra vida es por naturaleza la felicidad, pero el fin ético es la dignidad. La razón pragmática usa máximas de conducta, por ejemplo uno puede adoptar por máxima el consejo de Epicuro: “Vive oculto”.

¿Cuándo una máxima obliga éticamente, es decir, cuando puedo estar seguro de actuar como legislador universal? ¿Cuándo una máxima deviene ley moral y me obliga necesariamente como imperativo categórico? El criterio de validez ética de una máxima es su universalizabilidad. Y de ahí una de las formulaciones posibles del imperativo categórico:



3. Principio de universalizabilidad

“Obra según una máxima tal que puedas querer que se torne ley universal”.

Que se torne ley universal significa que recoja el fin de fines de la humanidad en general, que históricamente tiene que ver con el equilibrio entre seguridad y libertad, con la paz perpetua y el sometimiento de las disputas nacionales a derecho internacional. En la práctica cotidiana, el deber me obliga a considerar que el prójimo es, como yo, no sólo un hecho físico, sino también un ser inteligible, esto es un noúmeno, una entidad metafísica, o sea, una persona. Persona es precisamente lo que no puede ser de ningún modo cosa, lo que no puedo reducir a objeto, ni técnico ni científico. Los seres humanos somos fenómenos del mundo y como objeto de la ciencia podemos contar como fríos hechos, pero en el plano ético somos personas, dignos por tanto de ser tratados como tales. De ahí otra formulación del imperativo categórico:

4. Principio humanitarista: 

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca meramente como un medio”.

Los seres humanos nos instrumentalizamos y usamos como medios continuamente. Es lo que sucede cuando el zapatero entrega sus zapatos al médico que, por su parte, le cura de un catarro, o cuando le rasco la espalda a mi compañera para que ella me la rasque a mí, o cuando le pido una copa al camarero y a cambio le entrego unas monedas... El “pecado” no está en usar al otro como medio para lograr otro fin, sino en olvidarnos de que ese instrumento, además de un "fenómeno" natural, es persona metafísica, esto es, una entidad libre, digna, inteligible, y  un fin para sí mismo.  

Y ese fin es infinito porque las personas individuales son, paradójicamente, indefinibles. Su tarea ética, la de perfeccionarse, es infinita y reclama un horizonte anímico de inmortalidad. Por otra parte, el imperativo categórico nos obliga incondicionalmente. Haz lo que debes, te guste o no, te haga feliz o no. Es inútil esperar la felicidad del buen comportamiento en esta vida, igual que suele suceder que el malvado queda impune. 

Por lo tanto, la razón en su uso ético reclama también un punto de ajuste final entre virtud y felicidad, entre dignidad y alegría permanente. La conducta digna no nos garantiza la consecución de la felicidad, sino su merecimiento. La ética de Kant no es eudaimonista. El problema de ser feliz es un problema técnico o pragmático, pero no ético. El problema ético es hacerse digno de la felicidad, o sea, fundar razonablemente la esperanza, pues la esperanza de salvación (de alegría segura y permanente) alcanza su fundamento razonable en la experiencia ética. Es decir, si me comporto dignamente puedo esperar que Dios me conceda al fin la felicidad, pero no al revés. La ética fundamenta ahora la teología en una posición próxima al deísmo y moralismo de Voltaire. Aunque para Kant, no sabemos si Dios existe, puesto que Dios no es un objeto sometido al tiempo y al espacio y por consiguiente la teología es imposible como ciencia. Sin embargo, hemos de actuar como si el Soberano Bien (uno de los nombres kantianos de Dios) fuera posible. Es más, el Ideal de la razón pura es imprescindible como regla regulativa en la práctica, igual que la suposión de la libertad, de un orden del universo y de la inmortalidad del alma. Pues Dios es así un fin de fines, un horizonte de perfección posible. De ahí la...

5. Formulación teleológica del imperativo categórico, a la que también podríamos llamar teológica

“Cada uno debe proponerse como fin último el soberano bien posible en el mundo”. 

Ese “en el mundo” indica que, muy en la línea de la secularización ilustrada de la religión, la divina “providencia” se ha convertido en progreso, aun todo lo irregular que se quiera: un paso adelante, dos atrás, tres adelante, uno atrás, dos adelante… Considerada la historia universal con perspectiva, los humanos caminamos hacia una sociedad mejor. Esto es suficiente. El Soberano Bien es ahora una meta regulativa de una metafísica secular de la historia.

El intencionalismo, precedente estoico y límites


Habitualmente se ha visto en la ética formal kantiana una ética muy original, que pretende definirse como contraria a toda la tradición occidental de "éticas materiales", que son aquellas que nos dicen qué debemos o no debemos hacer en concreto, es decir, éticas con contenido empírico. 

Sin embargo, la ética kantiana tiene un venerable precedente en el intencionalismo estoico, en el que también el cosmopolitismo, el humanitarismo y la universalizabilidad contaban como criterios de valor. Lo que cuenta en ambas éticas, la estoica y la kantiana, es la determinación de la voluntad, es decir, la intención, puesto que en este mundo sólo la voluntad puede ser buena o mala, todas lo demás cosas pueden hacernos más o menos felices, pero son éticamente indiferentes.



Sobre este dogma de que "la intención es lo que cuenta" (éticamente) conviene reparar en la facilidad con que los humanos nos engañamos a nosotros mismos a propósito de cuáles sean nuestras verdaderas intenciones. El maltratador, por ejemplo, suele excusarse diciendo que sus insultos o vejaciones buscan mejorar (perfeccionar) a su víctima, pero en realidad su crueldad sirve a otros propósitos... El niño desde pequeño dirá que "el no quería" cuando le reprochemos un mal que ha hecho, el "fue sin querer queriendo" no es simplemente una gracia de El Chavo del 8, sino una condición universal de la paradójica voluntad humana. El mismo Kant habla de la insociable sociabilidad para referir al antagonismo creativo de los humanos. 

Por eso el dicho de "El infierno está empedrado de buenas intenciones". Es decir, que no sólo cuenta lo que pensamos que es el fin de nuestra acción, sino lo que hacemos realmente. El fin no justifica los medios y malos medios acaban pervirtiendo fines. Es el caso sangrante del terrorismo. 



Cuestiones

1. ¿Es posible un comportamiento por deber, completamente altruista y desinteresado sin otro motivo ni interés más que el respeto a la ley?
2. Justifique que, considerando Kant la misantropía siempre odiosa, afirme que debemos tratar con benevolencia al misántropo.
3. ¿Cuáles son las tres obras éticas de Kant? ¿Cuándo las publicó?
4, ¿Cuáles son, según Kant, los fines históricos de la razón? ¿Es Kant historicista?
5. Distinga entre imperativos éticos y juicios estéticos. ¿No emite juicios la razón en su uso práctico?
6. Distinga entre comportamientos conforme al deber, contrarios al deber y por deber... ¿cuáles de ellos tienen valor ético? 


martes, 7 de abril de 2015

Burckhardt y Nietzsche

El historiador y el profeta nihilista

Con veinticuatro años Friedrich Nietzsche (FN), gran esperanza de la filología alemana, fue nombrado catedrático en la universidad de Basilea. En ésta descollaba el historiador suizo Jacob Burckhardt (JB, 1818-1897), veintiséis años mayor que FN, autor de dos libros magistrales sobre el Renacimiento italiano. Nietzsche le admiraba por su extraordinaria aptitud para estimular la imaginación y por su esteticismo. Se puede decir que descubrió la superioridad del arte clásico leyendo y oyendo a Burckhardt.

Simpatizaron. Pero Burckhardt no era un espíritu vulgar y se percató pronto de la voluntad de Nietzsche de extraviarse mortalmente, así que se separó prudentemente de él. Lo explica Thoman Mann en su excelente ensayo “La filosofía deNietzsche a la luz de nuestra experiencia”. JB dejó caer a FN con indiferencia, según T. Mann, cuando una oscura pasión empujó a Nietzsche hacia lugares intransitables.

sábado, 28 de marzo de 2015

Sustancia 1ª y 2ª (Aristóteles)


Pregunta Carmen Mota:

Hola profesor, hay dos cuestiones de Aristóteles que no he podido responder con el manual, ¿me las podría explicar?

1. ¿En qué sentido es la sustancia soporte y sujeto?

2. ¿Por qué para Aristóteles las esencias sólo secundariamente son sujetos?

Estimada Carmen:

¡muy bien por tener el valor y la curiosidad de preguntar!

Respondo a la primera pregunta:

Construye cualquier proposición (o sea, frase que puede ser verdadera o falsa), su sujeto siempre será una sustancia, bien primera o bien segunda. Ejs.:

1. "Esto es una carta", donde el deíctico "esto" señala una sustancia individual concreta, es decir una sustancia primera.

domingo, 1 de marzo de 2015

Erótica matrimonial de Plutarco

Mestrio Plutarco (Πλούταρχος) de Queronea (Beocia)

Puede que Plutarco de Queronea (h. 46-120) fuese amigo del emperador Trajano, o tal vez su consejero. En la Academia de Atenas recibió clases de Amonio, un peripatético egipcio que lo inicia en todas las grandes escuelas filosóficas. 

Plutarco no es un filósofo original ni crea un nuevo sistema. Con una orientación principalmente platónica, un tanto ecléctica, polemiza con estoicos y epicúreos. Sin embargo, su obra, clásica y admirable por su elegante estilo, es considerada una maravillosa síntesis de los mejores saberes de su época.

Sus textos más leídos son las biografías contenidas en Vidas paralelas, donde pone frente a frente la biografía de un personaje ilustre griego con la de otro romano; y sus Obras morales (Moralia), que contienen tratados, diálogos y recomendaciones sobre diversos asuntos prácticos. Plutarco fue un gran teórico de la educación (paideía) y un sensato pedagogo que señala la moderación como fin primordial de toda enseñanza (paídeusis).

sábado, 21 de febrero de 2015

EL PENSAMIENTO CRISTIANO

Introducción histórica




El cristianismo nació en Palestina y luego en Siria, antes de difundirse rápidamente por todo el Imperio y, finalmente, hasta más allá de sus confines. La comunidad judía de la que brotó estuvo al principio dispersa desde Jerusalén y Antioquía, donde primero aparece la palabra "cristiano", hasta Alejandría de Egipto y Roma.
Sodoma, 1525, Martirio de San Sebastián

Como los cristianos negaban obstinadamente la divinidad del emperador y eran pacifistas, fueron duramente perseguidos durante trescientos años.  Acusados por Trajano de fundar "sociedades secretas" y por Marco Aurelio de "irreligiosidad", Decio les exigió la apostasía (o sea, que renegaran de su fe). Y Diocleciano emprendió la última y más terrible de las persecuciones con sus edictos del 303 y 304.

sábado, 14 de febrero de 2015

Ousía: sustancia y esencia

"Y las causas se dividen en cuatro, una de las cuales decimos que es la substancia [οὐσíα, ousía] y la esencia [tò tí ên eînai, quod quid erat esse] (pues el porqué se reduce al concepto [lógos] último, y el porqué primero es causa y principio); otra es la materia o el sujeto; la tercera, aquella de donde procede el principio del movimiento, y la cuarta, la que se opone a ésta, es decir, la causa final o el bien (pues éste es el fin de cualquier generación y movimiento)." 
Aristóteles. Metafísica, I, 3., 983a

 El término griego οὐσíα, transcrito ousía, es el resultado de la sustantivación del participio de presente femenino οὐσα del verbo εἰμί (infinitivo εἶναι, ser). Su significado genuino en griego antiguo es propiedad o riqueza de una persona. Un hombre rico era un hombre con ousía, es decir, alguien que tiene algo de suyo. Del sentido de ser propio de alguien debió de pasarse al significado filosófico de lo propiamente ser de cualquier cosa, o sea: entidad.

En República IX 585bd, Platón usa el término para referir a la cualidad esencial, como la blancura para las cosas blancas, en otros diálogos (v. Diccionario de Ferrater Mora) Platón usa el término ousía con matices distintos, para referir al quid de cada ente o idea. Sin embargo, el uso más famoso para ousía es aquel en el que el fundador de la Academia ateniense afirma que el bien está más allá de la ousía (ἐπéκεινα τῆς οὐσíας).

miércoles, 21 de enero de 2015

Thomas Mann interpreta a Nietzsche


Thomas Mann (1875-1955, TM) fue el humanista y escritor alemán más interesante de la generación siguiente a la de Friedrich Nietzsche (1844-1900). Sacó a la luz en los primeros meses de 1947 un ensayo sobre “La filosofía de Nietzsche a la luz de nuestra experiencia”. El texto lo resumió en conferencias que pronunció en Washington, Nueva York, Londres, Zürich, etc.

En su ensayo comienza lamentando que una razón como la de Nietzsche (FN) fuese destruida por el entusiasmo visionario. Reconoce la fascinación que ejerce su figura, dotada de una complejidad y riqueza cultural enormes: compendio de todo lo europeo. Por ello FN asume en sí, en sus contradicciones, muchos elementos de nuestro pasado que recuerda, repite y actualiza de manera mítica.