martes, 7 de abril de 2015

Burckhardt y Nietzsche

El historiador y el profeta nihilista

Con veinticuatro años Friedrich Nietzsche (FN), gran esperanza de la filología alemana, fue nombrado catedrático en la universidad de Basilea. En ésta descollaba el historiador suizo Jacob Burckhardt (JB, 1818-1897), veintiséis años mayor que FN, autor de dos libros magistrales sobre el Renacimiento italiano. Nietzsche le admiraba por su extraordinaria aptitud para estimular la imaginación y por su esteticismo. Se puede decir que descubrió la superioridad del arte clásico leyendo y oyendo a Burckhardt.

Simpatizaron. Pero Burckhardt no era un espíritu vulgar y se percató pronto de la voluntad de Nietzsche de extraviarse mortalmente, así que se separó prudentemente de él. Lo explica Thoman Mann en su excelente ensayo “La filosofía deNietzsche a la luz de nuestra experiencia”. JB dejó caer a FN con indiferencia, según T. Mann, cuando una oscura pasión empujó a Nietzsche hacia lugares intransitables.

En el alejamiento de JB puede que influyera decisivamente la ruptura violenta de FN con Wagner y su deriva hacia la prosa ditirámbica y la predicación histriónica del Zaratustra. FN nunca fue informado de las reticencias de JB. Tras su ataque de locura aún le llama “su mayor máximo maestro”. Como Schopenhauer, JB era para FN un modelo de independencia intelectual y un opositor declarado al academicismo erudito y estéril de la investigación histórica universitaria.

Según afirma Fernando Castro, (“El mito del Renacimiento en Nietzsche”) FN compartía también con JB la aversión hacia el historicismo hegeliano, contra esa concepción que interpreta el devenir de la cultura como un necesario progreso del Espíritu, del que la idea del Estado prusiano sería la máxima e incuestionable encarnación.

Templo pagano de Agrigento, patria de Empédocles (Sicilia)
Ambos desde luego amaban el arte pagano y anhelaban la comprensión de sus formas estéticas. Cuenta la hermana de FN el susto que pasaron los dos cuando creyeron que había ardido el Louvre durante la Comuna de París. Nietzsche quedó fascinado cuando Burckhardt desarrolló durante el curso 1870-1871 su teoría de la historia, y más aún cuando disertó sobre la historia de la cultura griega en 1876. Las notas que FN tomó influyeron en la “dionisíaca” visión que propuso de la cultura agonística en el primero de sus libros: El origen de la tragedia.

Sin embargo, y al contrario que FN, JB nunca pensó que el fin justificase los medios, ni pretendió justificar jamás estéticamente la violencia o el ejercicio del poder. Sobre la estética del condottiere renacentista, transfigurado en saludable y magnífico "animal de presa" en Más allá del bien y del mal (aforismo 197) véase el magnífico artículo de Fernandode Castro al que antes he hecho referencia. En esto, a la influencia de Burckhardt, hay que añadir la del racista conde Joseph Arthur de Gobineau.

Nosotros nos detendremos aquí en la influencia de los textos de Burckhardt procedentes de La historia de la cultura griega: la exaltación del héroe homérico y del agonismo trágico griego.

En la sección novena de su monumental obra, que fue publicada póstumamente, JB refiere al hombre heleno a través de las épocas antiguas, al rapaz tipo heroico, al hombre del V a. C., de la gran época de Pericles, para acabar detallando el nuevo concepto de calocagatía (lo bello y bueno, lo intachable) de los filósofos.

Si bien antes de la gran época de la filosofía ática, la καλοκἀγαθία era una adaptación pura a la vida y significaba las cualidades aristocráticas agonales, los filósofos, que aún conservan este concepto, lo “someten a toda clase de manejos éticos”. Si antes, la calocagatía era un estado, ahora se convierte en el ejercicio de la influencia sobre otros, es decir, en “hacer mejorar a los hombres” (τὸ βελτιóυς ποιεῖν τοὺς ἀνθρώπους), contemplándose ya como una medida por la que se juzgan también las instituciones.

Sócrates expresaba así un nuevo ideal independiente de la realidad. Ya no se enfocaba al noble y libre, sino al ciudadano en general, e incluso al ser humano como tal. La democracia, en efecto, introdujo nuevos criterios de valor y así “los principios raciales debieron sufrir bastante mengua”, particularmente en Atenas, dado lo heterogéneo de su población activa, la admisión de metecos y extranjeros a la ciudadanía, la proliferación de bodas desiguales. Teognis se queja de que el dinero haya mezclado la sangre noble con la vulgar.

Según Jacob Burckhardt, al contrario que en Roma donde los personajes relevantes son básicamente guerreros patriotas, en Grecia actúa una individualidad que busca distinguirse de la masa, exaltándose el poder personal  (δεινότης), tanto si éste se expresa para la Polis en los méritos más altos o en los crímenes más bajos, “pero la misma Polis, con sus desconfianzas y conceptos igualitarios por un lado y sus exigencias exageradas de actitudes (ἀρετή) del individuo por otro, lleva el talento por estos derroteros, que pueden conducirle a la decisión temeraria (τόλμα) y en ocasiones a la ira”.

El prototipo de esta personalidad prominente es Alcibíades. Aristófanes pone en boca de un Esquilo imaginario estas frases que aluden al “enfant terrible” de Sócrates:

No criéis en el Estado cachorros de león;
Pero, una vez hecho, someteos a sus maneras.

El mismo Platón describe en el Gorgias (483) la personalidad poderosa y su derecho, con Calicles, alter ego de Alcibíades, en contraste con la igualdad hipócrita:

“la ley de la naturaleza exige que el más fuerte (ἀμείνων) domine sobre el más débil (χείρων); ciertamente lo contrario a nuestra ley (ateniense), según la cual cogemos a los más aptos y jóvenes, fuertes como leones, los engañamos con canciones fantásticas y con el arte de birlibirloque, teniendo como norma la igualdad, y pretendiendo que sea ello lo bello y lo justo; pero cuando surge uno de una naturaleza adecuada, me parece que todo eso lo aparta de sí, lo rompe, y con las plantas de sus pies pisa todos vuestros escritos, magias, cantos de alabanza y vuestras leyes contrarias a la naturaleza humana, y se hace vuestro amo, y entonces aparece glorioso el derecho de la naturaleza (τὸ τῆς φύσεως δíκαιον)”

Burckhardt añade, y tal vez lamente, que la política en el IV a. C. ya no tome ese rumbo, pues “ahí ya no existe el poder personal (δεινός) respecto a la Polis, sino sólo en el campo de la filosofía, la elocuencia, el arte, la vida particular, etc.”. Pero sabe que el egoísmo exorbitante de Alcibíades y su prestigio populista condujeron a Atenas a su desastrosa expedición a Sicilia y a la pérdida definitiva de su hegemonía. Y sin embargo, cuando Alcibíades se escapa de la nave oficial que debía devolverle a Atenas para ser juzgado por impiedad y llega a Esparta, entonces se demuestra lo que llama Platón “el aparecer glorioso del derecho de la Naturaleza”. Alcibíades traiciona a su patria y se hace espartano, sin melancolía y sin remodimiento; sin vacilar, indica las medidas más adecuadas para la exterminación de Atenas y, por fin, fomenta la escisión jonia y la alianza de Esparta y Persia, lo cual no le impide seducir a la esposa del rey Agis para que, en lugar de los Heráclidas, sean sus hijos los futuros reyes de Esparta.

Ruinas del Valle de los templos de Agrigento (Sicilia)

La doctrina del derecho del más fuerte no era sino expresión y presunta justificación de una situación de hecho. El poderoso impone por su elocuencia demagógica o por la fuerza de las armas su ley, expresión de su voluntad e intereses. Lo que ordena “el león” se convierte así en medida de “lo justo” para el gran rebaño. En un Estado así no hay lugar para la opinión y el acuerdo (δόξῃ καὶ νόμῳ). Sin embargo, y muy al contrario de lo que hará FN con su teoría del superhombre, Burckhard deja claro que constatar los hechos no significa alabarlos o justificarlos.

Se les reprocha a los sofistas el hacer valer la subjetividad y la opinión propia contra las tradiciones y costumbres, pero antes que ellos –dice el historiador suizo- ya habían atentado contra el bien común hombres como Temístocles o Alcibíades con su pretensión de excepcionalidad y su egoísmo desalmado.

Sin duda, Nietzsche sacaría de quicio algunas de las ideas de la historiografía de Burckhardt, exaltando, frente a los valores igualitarios de la democracia y el eticismo socrático, la compulsión violenta del "héroe" homérico, el pesimismo trágico y el derecho al poder de los más fuertes, con su metafísica romántica, esteticista e irreverente.

Nota bibliográfica

He usado para la Historia de la cultura griega de Jacob Burckhardt la edición en cuatro volúmenes de la editorial Iberia, con traducción directa del alemán de Germán J. Fons, Barcelona 1947.


sábado, 28 de marzo de 2015

Sustancia 1ª y 2ª (Aristóteles)


Pregunta Carmen Mota:

Hola profesor, hay dos cuestiones de Aristóteles que no he podido responder con el manual, ¿me las podría explicar?

1. ¿En qué sentido es la sustancia soporte y sujeto?

2. ¿Por qué para Aristóteles las esencias sólo secundariamente son sujetos?

Estimada Carmen:

¡muy bien por tener el valor y la curiosidad de preguntar!

Respondo a la primera pregunta:

Construye cualquier proposición (o sea, frase que puede ser verdadera o falsa), su sujeto siempre será una sustancia, bien primera o bien segunda. Ejs.:

1. "Esto es una carta", donde el deíctico "esto" señala una sustancia individual concreta, es decir una sustancia primera.

2. "Carmen es una buena estudiante", donde el nombre propio "Carmen" refiere también a sustancia primera, es decir, a un conjunto hilemórfico individual.

3. "Las cigarras son insectos", donde "cigarra" es el nombre de una clase lógica, de un género o especie de insectos, o sea, una sustancia segunda.

4. "Amar es hermoso", donde "amar", aunque sea una forma verbal se ha sustantivado. Se trata por tanto de una sustancia segunda, pues sólo existen los amores concretos.

5. "jugando me voy a la cama", el sujeto elidido Yo, es una sustancia concreta, es decir, una sustancia primera. (Aristóteles parte de una antropología monista, yo soy una sola cosa, un cuerpo cuya forma y principio de actividad, pues estoy vivo, es su alma).

La Metafísica hipostasía el Ser como algo subyacente a todos los entes. La existencia en efecto -dirá luego Tomás de Aquino siguiendo al Estagirita- es lo primero que capta el entendimiento en el orden especulativo o teórico (científico). Es decir, para conocer una cosa, primero debo anotar su existencia por las distintas sensaciones que se integran en una imagen.

Puedo pensar qué sea el Ser en sí (esto lo admite incluso Kant), y Aristóteles concluye que el Ser en sí es un motor inmóvil, pura energía o ser en acto, pero para el Estagirita, en la naturaleza empíricamente accesible, que es eterna, sólo existen entes concretos, es decir sustancias primeras. Las formas o ideas (géneros y especies), que son principio de inteligibilidad de las cosas, su esencia, existen in re, están en las cosas concretas, en acto, constituyen su estructura individual, que configura una materia concreta (principio de individuación). Es verdad que unas formas se parecen a otras, y por eso podemos abstraer la forma gato, perro, mesa, amistad...

Solo las sustancias pueden ser sujetos, porque son el soporte o sustrato de los otros modos de ser. Para que alguien sonría, primero debe existir ese alguien. Para que algo sea dulce, primero debe existir ese algo. Por lo tanto se dice que las otras categorías (imputaciones de ser) inhieren en el ser sustancial, se predican de él.

Segunda pregunta. Respondo

Las sustancias segundas (esencias: especies y géneros) sólo secundariamente son sujetos, porque para que el entendimiento agente o poético abstraiga las sustancias segundas, primeramente han de existir y ser sentidas e imaginadas o recordadas las sustancias primeras, o sea los individuos concretos. Luego de percibirlos, los imaginamos, construimos una imagen general mediante una inducción inmediata a la que podemos llamar abstracción. La memoria retiene esas imágenes, materia del entendimiento. El entendimiento trabaja sobre esas formas (gato, cigarra, mesa...), por eso escribe Aristóteles que es forma de formas (Acerca del alma, III, 8).

Espero que mis explicaciones te sean de utilidad, Carmen.

domingo, 1 de marzo de 2015

Erótica matrimonial de Plutarco

Mestrio Plutarco (Πλούταρχος) de Queronea (Beocia)

Puede que Plutarco de Queronea (h. 46-120) fuese amigo del emperador Trajano, o tal vez su consejero. En la Academia de Atenas recibió clases de Amonio, un peripatético egipcio que lo inicia en todas las grandes escuelas filosóficas. 

Plutarco no es un filósofo original ni crea un nuevo sistema. Con una orientación principalmente platónica, un tanto ecléctica, polemiza con estoicos y epicúreos. Sin embargo, su obra, clásica y admirable por su elegante estilo, es considerada una maravillosa síntesis de los mejores saberes de su época.

Sus textos más leídos son las biografías contenidas en Vidas paralelas, donde pone frente a frente la biografía de un personaje ilustre griego con la de otro romano; y sus Obras morales (Moralia), que contienen tratados, diálogos y recomendaciones sobre diversos asuntos prácticos. Plutarco fue un gran teórico de la educación (paideía) y un sensato pedagogo que señala la moderación como fin primordial de toda enseñanza (paídeusis).

sábado, 21 de febrero de 2015

EL PENSAMIENTO CRISTIANO

Introducción histórica




El cristianismo nació en Palestina y luego en Siria, antes de difundirse rápidamente por todo el Imperio y, finalmente, hasta más allá de sus confines. La comunidad judía de la que brotó estuvo al principio dispersa desde Jerusalén y Antioquía, donde primero aparece la palabra "cristiano", hasta Alejandría de Egipto y Roma.
Sodoma, 1525, Martirio de San Sebastián

Como los cristianos negaban obstinadamente la divinidad del emperador y eran pacifistas, fueron duramente perseguidos durante trescientos años.  Acusados por Trajano de fundar "sociedades secretas" y por Marco Aurelio de "irreligiosidad", Decio les exigió la apostasía (o sea, que renegaran de su fe). Y Diocleciano emprendió la última y más terrible de las persecuciones con sus edictos del 303 y 304.

sábado, 14 de febrero de 2015

Ousía: sustancia y esencia

"Y las causas se dividen en cuatro, una de las cuales decimos que es la substancia [οὐσíα, ousía] y la esencia [tò tí ên eînai, quod quid erat esse] (pues el porqué se reduce al concepto [lógos] último, y el porqué primero es causa y principio); otra es la materia o el sujeto; la tercera, aquella de donde procede el principio del movimiento, y la cuarta, la que se opone a ésta, es decir, la causa final o el bien (pues éste es el fin de cualquier generación y movimiento)." 
Aristóteles. Metafísica, I, 3., 983a

 El término griego οὐσíα, transcrito ousía, es el resultado de la sustantivación del participio de presente femenino οὐσα del verbo εἰμί (infinitivo εἶναι, ser). Su significado genuino en griego antiguo es propiedad o riqueza de una persona. Un hombre rico era un hombre con ousía, es decir, alguien que tiene algo de suyo. Del sentido de ser propio de alguien debió de pasarse al significado filosófico de lo propiamente ser de cualquier cosa, o sea: entidad.

En República IX 585bd, Platón usa el término para referir a la cualidad esencial, como la blancura para las cosas blancas, en otros diálogos (v. Diccionario de Ferrater Mora) Platón usa el término ousía con matices distintos, para referir al quid de cada ente o idea. Sin embargo, el uso más famoso para ousía es aquel en el que el fundador de la Academia ateniense afirma que el bien está más allá de la ousía (ἐπéκεινα τῆς οὐσíας).

miércoles, 21 de enero de 2015

Thomas Mann interpreta a Nietzsche


Thomas Mann (1875-1955, TM) fue el humanista y escritor alemán más interesante de la generación siguiente a la de Friedrich Nietzsche (1844-1900). Sacó a la luz en los primeros meses de 1947 un ensayo sobre “La filosofía de Nietzsche a la luz de nuestra experiencia”. El texto lo resumió en conferencias que pronunció en Washington, Nueva York, Londres, Zürich, etc.

En su ensayo comienza lamentando que una razón como la de Nietzsche (FN) fuese destruida por el entusiasmo visionario. Reconoce la fascinación que ejerce su figura, dotada de una complejidad y riqueza cultural enormes: compendio de todo lo europeo. Por ello FN asume en sí, en sus contradicciones, muchos elementos de nuestro pasado que recuerda, repite y actualiza de manera mítica.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Platón místico, según Simone Weil

La desnudez del alma

Al final de su vida, Simone Weil (SW, 1909-1943) estudió y tradujo a los clásicos griegos. Deseaba popularizar su sabiduría. Su ensayo “Dios en Platón” aparece en un cuaderno redactado por la filósofa en Marsella y Nueva York, entre 1940 y 1942.

Para SW la historia griega comenzó con un crimen atroz: la destrucción de Troya. Más que gloriarse de ello, los griegos convirtieron ese recuerdo mítico en remordimiento y tormento. La Ilíada es así el cuadro más conmovedor de la miseria humana.

Toda la civilización griega es una búsqueda de puentes y mediaciones. Su espiritualidad se vierte en los textos de Platón que es, para SW, sobre todo, un místico.

Platón recoge las tradiciones mistéricas y órficas anteriores[1]. Somos hijos del cielo y la vida terrenal es olvido, por eso la reminiscencia platónica, central en su metafísica, es el reconocimiento o des-cubrimiento (a-letheia), recobrado recuerdo de las cosas divinas.