martes, 27 de septiembre de 2016

EL PANTEÍSMO DE JUAN ESCOTO ERÍGENA

 
Página del Libro de Kells
“Dios se crea, creando”
Juan Escoto Erígena

Vestigios del mundo antiguo

Los modernos tenemos serias dificultades para comprender la mentalidad de los hombres del Medievo. Una mentalidad centrada en la idea de Dios, pero también, una mentalidad centrada en la idea del Infierno, que en el imaginario medieval ocupaba precisamente el centro de la Tierra y por tanto, del Mundo. Es cierto que la Edad Media fue violenta y oscura. Las ruinas del Imperio Romano Occidental, devastado por hordas bárbaras, no fueron albergue favorable ni propicio para el despegue de las obras del espíritu. Únicamente en el interior de los monasterios se conservó algo del clásico orden simbólico.

En algunos casos, como sucedió en la Sevilla visigótica de San Isidoro, la labor de los ministros de la Iglesia es más bien de recopilación de lo poco que queda de la cultura perdida (derecho, filosofía, medicina…) en conjuntos enciclopédicos que permiten poner algo de luz y orden en mitad de las tinieblas y el caos.

Una parte de la tradición griega sobrevivió en Bizancio. Durante mil años, el Imperio Romano Oriental, con capital en Constantinopla, hizo frente con éxito a los bárbaros, hasta que sucumbió al empuje del turco (1453). Parte de ese legado fecundaría la cultura del Renacimiento italiano.
Libro de Kells

Los clásicos latinos y celtas fueron salvados, en gran medida, por los monjes de Irlanda. Unos pocos, conocedores del griego y del latín, crearon una escritura artística sublime, copiando cientos de obras. El Libro de Kells (Codex Cennanensis), exhibido hoy como una joya en el Trinity College de Dublín y del que se ha dicho que fue hecho por un ángel y no por un hombre, es buena prueba de ello. Esta mágica etapa de Irlanda, que extendió su influjo a Europa, concluyó con las invasiones destructoras de los vikingos.

El Renacimiento Carolingio. Juan Escoto Erígena

Se atribuye a Carlomagno (742-814), rey de los francos, la fundación de la Europa moderna al gestar una nueva síntesis cultural. Con una visión internacional, animó a los obispos a fundar escuelas y bibliotecas. Fichó para ello a Alcuino de York, el cual impulsó las siete artes liberales y creó una escuela de copistas distinguida por la escritura carolingia minúscula.

En el contexto de una visión apocalíptica de la historia que aguarda para el año mil la purificación final por el fuego y en medio del horror y la anarquía, el libro del Apocalipsis, atribuido al evangelista Juan se convierte en el más sagrado y es comentado una y otra vez. Como ejemplo hispano, al final de la época visigótica, conservamos los comentarios del Beato de Liébana.
Ilustración de los Comentarios al Apocalipsis
del Beato de Liébana

Sorprende en este tiempo la figura singular y originalísima de Juan Escoto Erígena o Eriúgena[1] (h. 810-877), un Irlandés a caballo entre esa conciencia apocalíptica a la que nos hemos referido y una nueva espiritualidad que él mismo fecunda con el germen de la tradición neoplatónica. Profesó en París y preparó para el rey Carlos el Calvo la traducción desde el griego del Pseudo-Dionisio Aeropagita, gran maestro de la teología negativa o apofática. Erígena También tradujo a Gregorio de Nisa. Su obra principal está influida por el Pseudo-Dionisio y por Boecio: De la división de la naturaleza (De divisione naturae). Sus posiciones “pandeístas” influirán decisivamente en Giordano Bruno y Spinoza.

En su época Erígena eludió la condena de herejía gracias a la protección real. Pero en 1225 el papa Honorio III mandará quemar el texto, lo cual –según ironía de Borges- aumentará el interés por su lectura. En De praestinatione, se atrevió a afirmar que nadie está condenado al infierno porque Dios es omnipotente y no existe un solo ser ajeno a Él. Según Ferrater Mora, la obra de Erígena constituye el primer ensayo medieval de conciliación entre la tradición filosófica y los principales dogmas cristianos. Para el irlandés, Razón y Fe son dos fuentes legítimas de conocimiento, y en caso de contradicción entre una y otra debe prevalecer la razón. Erígena deseaba que la filosofía expresara una religión verdadera, fundida con ella.

Retrato imaginario de Juan Escoto Erígena

En la teología de Juan Escoto, la noción plotiniana de emanación es sustituida por la cristiana de creación. Se trata de un neoplatonismo dinámico, congruente con la consideración de la historia como peripecia única y de la evolución creadora como un drama. Concibe el mundo como una jerarquía de seres procedentes de la divinidad.

Dios es naturaleza creadora e increada, de la que procede la naturaleza creadora y creada, es decir, las ideas, lo inteligible. Pero Dios es también la naturaleza increada pero no creadora, o sea, el mundo sensible. La naturaleza toda se confunde así con Dios como alfa y omega, con la omnitud de Dios y su temporalidad, que no es más que la manifestación en el mundo de la eternidad[2]. No es de extrañar pues la acusación de panteísmo.

El hombre, en el que está formada la imagen de Dios, representa el principio de la vuelta o retorno de la divinidad tras la última división de la naturaleza. Su caída en el pecado expresa su máxima inmersión en la materia. La vuelta a Dios se concibe como espiritualización y divinización de todo ser.

Pandeísmo del Erígena

Para Eugenio Trías, la figura solitaria y genial de Escoto Erígena se halla a caballo entre la conciencia apocalíptica del Medievo y el “eón místico correspondiente a una historia simbólica que nadie como él supo entender”[3]:

“En Perifýseon [Sobre la naturaleza[4]] despliega una grandiosa concepción jerarquizada y mística, en la que importa tanto el despliegue desde la ‘naturaleza increada y creadora’ como el reintegro de la creación y la creatura en la ‘naturaleza no creada y no creadora’ (o Dios como causa final). Una cascada de luces brota de la naturaleza divina, a través de la eterna procesión de sus atributos verbales[5]: arquetipos desde los cuales se produce la emanación.
Tales atributos divinos componen el Verbo de Dios, eternamente engendrado desde el Padre. Bonitas, Veritas, Essentia, Vita, Sapientia, Ratio constituyen los nombres de Dios a través de los cuales se gesta ab aeterno su Verbo creador. Tales atributos se confieren, aminorando su intensidad, a la ‘naturaleza creada y no creadora’. Ésta es la materia prima de la sabiduría divina, o es la propia sofía de Dios en sus razones seminales. Se compone de los elementos católicos, universales, fuego, aire, agua y tierra, que son informados por el Verbo hasta configurar un cosmos.
Tal cosmos era un ‘caos’ antes de su ordenación categorial. Mediante locus y tempus ese caos asume orden, confiriéndose una regla de aparición a los fenómenos elementales. Y esa ‘naturaleza creada y no creadora’ acaba sublimada en la criatura que resume y compendia la procesión emanativa. El hombre, en efecto, constituye un reflejo de esa procesión, un verdadero microcosmos. En él culmina la emanación, iniciando así su giero: el que devuelve hacia Dios la totalidad jerarquizada de los entes, a través del reingreso en la ‘naturaleza no creada ni creadora’ (o Dios como causa finalis). En ese retorno se advierte el tránsito de la segunda persona de la Trinidad a la tercera, o la culminación de un proceso ‘espiritual’ que orienta y guía ese viaje de retorno.”  

Escoto Erígena anticipa con esto una espiritualidad que culminará siglos después, al marcar la distinción entre la naturaleza creadora increada, o Dios previo a la creación, y la naturaleza no creadora e increada, que como causa final divina reintegra en y para sí la comunidad de retorno, o comunidad espiritual. En esa causa final Dios mismo se transforma internamente en Tercera Persona, en Espíritu, alcanzando su perfección.
 
Libro del Beato de Liébana

Bibliografía consultada
Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía.
Fernando Báez. Historia universal de la destrucción de libros, Barcelona 2004.
Eugenio Trías. La Edad del espíritu, Barcelona 2006.
Wikipedia




[1] Una doble redundancia, porque Scoti en aquella época se refería a todos los gaélicos, escoceses o irlandeses y erígena o eriúgena significa irlandés, del nombre antiguo de Irlanda, Erin.
[2] Recuérdese a Platón y su definición del tiempo como “imagen móvil de la eternidad”.
[3] La Edad del espíritu, Barcelona 2006, 2º  L. 6ª Cat. Pg. 268.
[4] Supongo que con este título, frecuente entre los presocráticos, Trías se refiere al tratado De la división de la naturaleza.
[5] Lo mismo se podría haber dicho atributos lógicos, pues el Verbum de San Jerónimo traduce el Lógos de la versión griega del Evangelio de Juan, que este en sus primeras líneas identifica con Dios.

jueves, 19 de mayo de 2016

EL ENSAYO, GÉNERO FILOSÓFICO

"La verdad no es el todo"
Adorno

En su artículo "El ensayo en la crisis de la modernidad" (1991), Pedro Cerezo aborda la historia del género. La forma ensayística no tiene nada que ver con la concepción sistemática de la filosofía, pero esta es cosa de los modernos (yo añadiría que ya en el siglo XIII, la plenitud de la escolástica engendraría sistemas como "summas"). Pero desde luego ni Platón ni Aristóteles pretendieron construir una representación cerrada y coherente del mundo. Los diálogos platónicos, verbigracia, son "experimentos de exploración de la esfera de lo universal".

Dejando a un lado los intelectualistas tratados teo-lógicos de los escolásticos, los sistemas o los tratados sistemáticos modernos aparecerán cuando se fundamente el ser a partir de la propia conciencia racional, en el momento en el que es el pensar lo que fundamenta el ser, más bien que al revés, digamos post-cogito. El sistema es la consumación del principio de razón suficiente, según el cual todo tiene una esencia o explicación racional por la que existe, sea esta en última instancia -como presumió Leibniz- la Razón Divina (verdades de razón) o Su Divina Voluntad (verdades de hecho).

Es posible que en la pretensión de sistema anidara una voluntad de artificio muy propia del barroco. Nietzsche verá en esa voluntad de sistema una voluntad de poderío, de dominio, e incluso de consuelo: el intento de someter la realidad a control congelándola, amortajándola, para no aceptar su dimensión efímera, temporal (res est forma fugax), problemática, o sea, su dinamismo trágico.

sábado, 14 de mayo de 2016

FILOSOFÍA DE LA CIRCUNSTANCIA


"Yo soy: yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo a mí"
Meditaciones del Quijote, 1914

Los buenos lectores son quizá tan escasos como los buenos escritores. Resumir en pocas páginas, no ya un libro solo, sino una obra tan vasta como la de Ortega y Gasset, requiere mucho genio, el que tuvo el intelectual galduriense Juan López-Morillas cuando en 1959 publicó una introducción al filósofo español para universitarios norteamericanos, "José Ortega y Gasset: An Introduction".

Comienza hablando de la fuerza subyugante del estilo orteguiano, idóneo para exponer sus doctrinas ante un auditorio "vivo" forcejeando con el presunto escepticismo de sus oyentes en esa especie de diálogo unilateral de la lección o la conferencia. Y es que Ortega conservaba siempre la cálida sugestión de la palabra hablada, lo que explica la sensación de presencia inmediata y magistral que provoca en el lector atento.

Igualmente podríamos referir a la transparencia de su escritura: "La claridad -dijo una vez- es la cortesía del filósofo". Gadamer definió la prosa de Ortega como de "concisión iluminativa". Sus radiantes metáforas e ingeniosas comparaciones pronto le convirtieron en un clásico de nuestra lengua.

La filosofía de Ortega es una "filosofía de la circunstancia", pues cada hombre al tomar conciencia de sí mismo descubre:

a) que no le es dado elegir el mundo en el que ha de vivir: es siempre el de un "aquí" y un "ahora", el de una situación histórica particular.

b) que su circunstancia está constituida por facilidades y dificultades de las que puede servirse o sacar provecho, como el nadador con el agua o el ave con el aire. La condición del hombre es la de náufrago o peregrino.

c) que le es ineludible, para sostenerse en el universo, hacer algo con su circunstancia.

d) y que para tratar con su circunstancia tendrá que forjar un plan, proyecto o imagen de su vida.

domingo, 17 de abril de 2016

EL ARTE, ÓRGANO ROMÁNTICO DE LA FILOSOFÍA



Schelling. Sentimiento de la naturaleza y el arte

1. Una vida romántica

Federico Guillermo José Schelling nació en Leonberg, una bella aldea de Württemberg (Suabia), hijo de un pastor protestante. En el seminario de Tubinga conoció a Hegel y Hölderlin, poeta que sería su amigo íntimo durante décadas. Influido por Fichte elaboró una tesis en latín sobre el papel del mal (1792). En 1796 marchó a la universidad de Jena recomendado por Goethe y en 1798 ya formaba parte del círculo romántico de Carolina Michaelis, viuda del célebre médico Böhmer y esposa del erudito Friedrich von Schlegel, con cuya hija Augusta se casó.

domingo, 6 de marzo de 2016

PROVERBIOS SAPIENCIALES

"Manzanas de oro con adornos de plata,
es la palabra dicha a tiempo.
El Evangelista Mateo. Codex Aureus de Canterbury
(s. VIII)
Anillo de oro, o collar de oro fino,
la reprensión sabia en oído atento"
Proverbios (25, 11-12) 

La Biblia


La Biblia es una colección heterogénea de textos de distintas épocas, estilos y autores. 

El cristianismo basa su doctrina sobre todo en el Nuevo Testamento, que incluye cuatro Evangelios canónicos (existen otros llamados Apócrifos), los Hechos de los apóstoles, una abundante colección de Cartas o Epístolas de los padres apostólicos, y el misterioso Apocalipsis atribuido a San Juan. 

Los libros más antiguos de la Biblia son los del Pentateuco del Antiguo Testamento, la Torah de los hebreos. Son cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, todos ellos atribuidos a Moisés. Completan el Antiguo Testamento los Salmos de David, más otras colecciones de libros históricos, proféticos, sapienciales y apocalípticos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

PROPIEDADES DEL ENTE (Trascendentales)


Atributos del ente

El participio agente "trascendente" se usó antes que el adjetivo "trascendental" para referir a las propiedades del ente (de cualquier cosa existente). Tomás de Aquino usa la expresión transcendentium ordo, el orden de los conceptos trascendentes. Fue hacia el siglo XIV cuando empezó a usarse “trascendentales” y “transcendentalia” para referir a las propiedades del ente.

La idea había aparecido en la Metafísica de Aristóteles (IV, 2, 1004b), donde se puede leer que igual que el número posee atributos o afecciones propias como el de ser par o impar:

“el Ente en cuanto ente tiene ciertas afecciones propias, y éstas son aquellas acerca de las cuales es propio del filósofo investigar la verdad.”[1] τῷ ὄντι ᾕ ὂν ἔστι τινὰ ἴδια, καὶ ταῦτ' ἐστι περὶ ὧν τοῦ φιλοσόφου ἐπισκέψασθαι τὸ ἀληθές (1004b 15-17)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

ODISEO DESAFÍA A LOS DIOSES


El Cíclope es el único drama satírico que conservamos de Eurípides (480-406 a. C.). Unos piensan que lo compuso joven; otros, que viejo.

Volviendo de la guerra de Troya, Odiseo desembarca en Sicilia buscando provisiones. Allí se encuentra a Sileno y a su tribu de sátiros, sometidos a esclavitud por Polifemo, el temible cíclope. Odiseo los soborna fácilmente con vino, a cambio de corderos y leche. Pero, antes de que el trueque se lleve a efecto, se presenta el cíclope y pregunta el motivo del presunto expolio. Sileno miente diciéndole que el extranjero está robando sus bienes y anima a su monstruoso amo a acabar con Odiseo explotando la extraordinaria fama de charlatán de este: “si pegas un mordisco a su lengua, te convertirás en el más pícaro y charlatán”.
Sileno, caudillo de los sátiros