martes, 12 de enero de 2010

Sindéresis


El título de nuestro manual no es casual, ha sido cuidadosamente elegido. La palabra "sindéresis" es de uso corriente en Venezuela, pero no en España, salvo como término técnico, en los manuales de filosofía.

Si hemos de confiar en los conocimientos filológicos del cardenal Joseph Ratzinger (en la actualidad Papa Benedicto XVI), la palabra "sindéresis" (synteresis) procede de la doctrina estoica del microcosmos, siendo recogida por la tradición medieval de la conciencia. Tomás de Aquino la define como una resistencia interior contra el mal y una íntima inclinación al bien.

La sindéresis (del griego têrèô, vigilo atentamente) representa el orden práctico de la conciencia moral, nuestra capacidad natural para juzgar acertadamente, más o menos ofuscada o desarrollada. El diccionario de la RAE ha acabado recogiendo la palabra con el siguiente significado: Discreción, capacidad natural para juzgar rectamente.

También definida por la escolástica como 'Scintilla rationis', 'habitus primorum principiorum practicorum', es la capacidad de juicio que aporta regla universal e infalible a la voluntad. De ahí que la voluntad humana no sea un mero desear, sino un desear con sindéresis, un querer con conocimiento y conciencia del bien, un apetito de la inteligencia por lo bueno, verdadero, lo justo y lo bello.

Al parecer, fue San Jerónimo, traductor al latín de la Biblia, quien introdujo la forma sustantiva sindéresis como chispa de la conciencia que corrige los errores de la razón (práctica) y domina los apetitos sensibles.

Baltasar Graciàn, en El Héroe (1637) parece referirse a la sindéresis como una facultad política. En este tratado, que fue su primer libro, describe las cualidades que ha de tener el hombre excelente y virtuoso. En el Primor III (a modo de capítulo tercero) se refiere al entendimiento como la mayor prenda de un héroe, que se adecua a otras dos: fondo de juicio y elevación del ingenio. Las tres forman un prodigio si se juntan...

Señaló pródigamente la filosofía dos potencias al acordarse y al entender. Súfrasele a la política con más derecho introducir división entre el juicio y el ingenio, entre la sindéresis y la agudeza.

sábado, 9 de enero de 2010

Tercera vía

(Dcha. foto del físico británico Paul Davies)

La vía de la contingencia y la necesidad siempre ha sido mi favorita del Itinerarium mentis in Deum.
Resulta en efecto difícil de concebir un universo en que todas las cosas, todos los entes, sucesos, procesos, sistemas o leyes, sean contingentes, o sea, puedan no existir, pues en tal caso, si suponemos un tiempo infinito, o si abarcamos el conjunto de los entes naturales como contingente él mismo, en algún momento nada habría habido, y por consiguiente nada habría ahora, pues de la nada nada puede proceder.
La razón humana, en su uso libre y natural, parece exigir o pedir la creencia, suposición o postulado de, al menos, un ente necesario y por consiguiente infinito, es decir, de un ente que no pueda no existir, de un ente no-contingente.

Sin embargo, según Paul Davies (Dios y la nueva física, 1983):

"este argumento fracasa víctima de su propio éxito, puesto que supone ampliar la definición de 'Universo' para incluir a Dios. ¿Cuál es, entonces, la explicación del sistema total compuesto por Dios más el Universo físico del espacio, el tiempo y la materia? En resumen, ¿qué es lo que explica a Dios? El teólogo responde: 'Dios es un ser necesario que no tiene necesidad de explicación; Dios contiene en Sí mismo la explicación de su propia existencia.' Pero, ¿quiere esto decir algo? Y si es así, ¿por qué no podemos usar el mismo argumento para explicar el Universo? En efecto, podríamos aducir igualmente que el Universo es necesario y que contiene dentro de sí mismo la razón de su existencia".

Tomás de Aquino podría replicar que no es esto lo que nos muestra la experiencia, pues cuanto vemos es contingente, y hoy sabemos que incluso las estrellas (que la astronomía clásica suponía inmortales) también son contingentes.

Paul Davies sigue argumentando:

"La idea de un sistema físico que contiene su propia explicación puede parecer paradójica (...). Aunque admitamos (ignorando los efectos cuánticos) que cada suceso es contingente y depende para su explicación de algún otro suceso, no hay razón para concluir que esta serie debe continuar indefinidamente o que deba tener su origen en Dios, sino que puede tratarse de un bucle cerrado. Por ejemplo, los siguientes cuatro sucesos, u objetos, o sistemas, pueden tener la siguiente relación de dependencia:He aquí una explicación en cadena: la materia está compuesta de moléculas, las cuales están compuestas de átomos, que a su vez están compuestos de electrones y núcleos y estos últimos están compuestos de protones y neutrones. Desde los griegos, se ha supuesto que esta cadena explicativa tiene un fin, es decir, que debe haber un pequeño número de partículas verdaderamente elementales que no tengan partes internas y que constituyan los bloques estructurales de toda la materia. Tarde o temprano, de acuerdo con esta tesis, cuando podamos sondear en regiones aún más pequeñas dentro del átomo, se acabarán descubriendo estas partículas fundamentales sin estructura. En la actualidad esta teoría cuenta con un fuerte apoyo experimental en el marco de la llamada teoría de los quarks.
Una imagen alternativa, permitida por las extrañas propiedades de la teoría cuántica, es que, en cierto sentido, no existen en absoluto partículas elementales. Por el contrario, cada partícula (al menos cada partícula subnuclear) está hecha a partir de las demás. Ninguna partícula es elemental o primaria, sino que cada una contiene algo de la identidad de todas las restantes. La idea de un sistema de partículas que se crean unas a otras recuerda la historia del muchacho que cayó en una ciénaga y consiguió salir de la misma tirando de las correas de sus propias botas. De este modo, podemos concebir un Universo que contiene su propia explicación en términos de interacciones físicas naturales.
El teólogo -o un metafísico- replicará que un bucle como el de la figura anterior no incluye la coordenada temporal, pero, si el universo es temporal y autosuficiente, tal bucle supone el absurdo lógico (círculo vicioso) de que un suceso sea condición de sí mismo, anterior y posterior a sí mismo, como si alguien pudiera ser a la vez hijo y padre de sí mismo. Dado que Dios es infinitamente poderoso e infinitamente sabio, y, por tanto, el ser más simple imaginable, es mucho más probable que contenga en Sí mismo la razón de su propia existencia antes de que lo haga el Universo, el cual es complicado y especial en sus distintas características particulares:
'Es muy poco probable que exista un Universo sin causa, pero es mucho más probable que exista un Dios sin causa. La existencia del Universo es extraña y desconcertante. Se puede hacer comprensible si se supone que ha sido causado por Dios...'".

Paul Davies admite que esta réplica resulta muy convincente.

"Cuesta creer que este intrincado Universo exista por simple casualidad [¡ojo! no cunfundir con causalidad, en cierto sentido es lo contrario] y es difícil aceptar que la razón de la existencia del mismo sea un hecho inexplicable. En cambio, una mente única, simple e infinita (a pesar de que la razón lógica de su existencia nos pueda dejar confusos) parece decididamente un candidato mucho más plausible para algo que deba existir por necesidad"

Pero otros científicos ponen en duda la afirmación de que una mente infinita (Dios) sea más sencilla que el Universo. Sabemos por experiencia que la mente sólo se da en aquellos sistemas físicos que están por encima de un cierto umbral de complejidad..., a fin de cuentas, el cerebro es un sistema tremendamente sofisticado. Cabe también preguntarse si tiene sentido hablar de una mente que existe fuera del tiempo. Hoy más que nunca parece que estamos próximos a asociar el pensamiento y la conciencia a la naturaleza profunda del tiempo. Además, si la predicción de la singularidad inicial (anterior al Big Bang) se da como válida, el Universo empezó en un estado de temperatura infinita, densidad infinita y energía infinita. ¿No es esto tan plausible como una mente infinita? Y no podría también imaginarse esta Singularidad Inicial, anterior al tiempo, como algo muy próximo a la idea filosófica de Dios, de un Dios que estalla, como un Uno plotiniano, y del que emana, al fin, el cerebro, la mente y la conciencia libre?

Ejercicios

1. Escriba una semblanza sobre el teólogo y filósofo Raimon Panikkar (1918-2010).

2. Comente su texto:
"Las pruebas de la existencia de Dios en la escolástica cristiana sólo prueban la no-irracionalidad de la existencia divina a aquellos que ya creen en Dios. De otro modo, ¿cómo podrían reconocer que la prueba 'prueba' aquello que buscan? Es evidente que lo probado depende del probans -lo que prueba- y que el probans es mucho más fuerte, más potente, que lo probado."
R. Panikkar. Iconos del misterio. La experiencia de Dios, 5. Barcelona 1998



jueves, 7 de enero de 2010

Cuestiones peripatéticas y helenísticas


En oscuro, la increíble extensión que alcanzó el Imperio de Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles


1. Aristóteles vs. Platón

A lo largo de la historia de la filosofía se ha discutido mucho si Aristóteles es compatible con su maestro... El importante humanista español Fox Morcillo ensayó su conciliación..., que es muy difícil porque Aristóteles, según la tradición, se tuvo siempre por "amigo de Platón, pero más amigo aún de la verdad".

Platón halló el ser (esencia) en la inmovilidad perfecta de la idea; su discípulo de Estagira, en la actividad y dinámica (potencia) de la sustancia hilemórfica, individual, ya en acto por toda la eternidad.

Aristóteles reprocha a Platón haber confundido la "sustancia segunda" con la "sustancia primera" (cfr. pg. 86 de Sindéresis, párr. 4).

lunes, 14 de diciembre de 2009

ARISTÓTELES

La esencia, en las cosas

La pregunta por el primer principio de la naturaleza o por la “esencia” de las cosas se inmanentiza en Aristóteles respecto a su maestro Platón: en Platón la esencia de las cosas, su ser verdadero, aquello que permanece en virtud de lo cual es posible el conocimiento, son las IDEAS; para Aristóteles la explicación acerca de la naturaleza de las cosas debe buscarse en el interior de las cosas mismas (¿Realismo frente a Idealismo?). No, a parte de las cosas, sino en las cosas.

La clave de este planteamiento está en el concepto de Naturaleza, Physis, que toma Aristóteles de la tradición: el nombre “PHYSIS” procede del verbo griego “PHYO” cuyo significado comprende “brotar”, “crecer”, “nacer”,... y de ahí que Physis quiera significar “nacimiento”, “crecimiento”, o bien “la fuerza íntima que hace nacer o crecer”. En este sentido, queda claro que a la naturaleza le es inherente el movimiento pues se trata de una fuerza que anima, una lucha por hacer surgir elementos o por modificarlos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Ejemplo de Comentario de texto de Platón



Comentario de Texto del Libro VI de La República de Platón

Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima.

A petición de algunos alumnos de clase, os propongo la corrección de la parte de Comentario en el Blog. Este curso (2009), la estructura de la prueba de Selectividad cambia pero en lo sustancial sigue siendo la misma. Han modificado la puntuación de las preguntas para asignar mayor importancia a la labor de comentario de texto. Esta es la parte sustancial de un comentario y de ella depende haber entendido el texto.

Lo primero que hay que hacer con un texto es leerlo. Parece una obviedad, pero no lo es. Una lectura detallada, subrayando términos, haciendo acotaciones en los márgenes sobre las ideas que se propongan, es la labor de despiece que va a permitirnos ordenar nuestras ideas. Normalmente, los párrafos suelen desarrollar una idea o como mucho dos (una central y otra explicativa), sin embargo Platón es especial para enredar las cosas. Vamos, entonces, a ir despacito en este análisis preliminar.

Vamos a ir leyendo y a fijarnos en los términos que van apareciendo y que nos suenan a filosofía: verdad ; cosas cognoscibles ; Idea del Bien..., hasta aquí está introduciendo una tesis. Seguimos: ciencia ; cognoscible ; conocimiento. Aporta una explicación de la tesis, aclara alguna de las características de esa Idea de bien. Ahora pasa a un recurso muy utilizado en los dos libros que comentamos: las metáforas (los símiles); los términos más pregnantes son: luz ; vista ; sol (y yo, incluso, señalaría “análogamente”). Mediante esta analogía pretende aclarar, aún más, las características de la Idea de bien y concluye que la condición del bien es mucho más digna que cualquier otra cosa.

Con todas estas ideas debemos de construir el tema del Texto. Pero, vayamos por partes y tratemos de definir los términos subrayados que nos van a aclarar por dónde meterle mano a la justificación.
Sólo con mirar los dos términos, ya sabemos que tendremos que enfocar la justificación vía Epistemología, pero no podemos olvidar que el fundamento de la misma está en la Ontología (así que también habrá que incluirla) y de nada serviría todo esto, si no tenemos presente la última intencionalidad del sabio, que como síntesis final habrá que incluir (debemos de redactar esta pregunta durante media hora, si queremos hacer una distribución racional del tiempo total que es hora y media, así que a afinar el lápiz.)

a) Explicación de las dos expresiones subrayadas (1 p.)

La definición de la Idea de Bien ya está recogida en esta página en el mes de noviembre.

Pasemos a definir CONOCIMIENTO. Es difícil hacer una definición sin solaparse con lo que después vamos a tener que trabajar en la Justificación, pero se puede. Utilizando conocimientos de cursos anteriores, podemos decir que “conocimiento” es el resultado de la actividad de conocer y “conocer” lo hemos definido como aquella actividad que tiene como objeto la aprehensión de un estado de cosas, de tal forma que puede ser compartida o comunicada a los demás.

Desde Parménides el conocimiento se plantea como un problema, pues existe la tendencia natural en el ser humano a confundir el conocimiento de la verdad con la mera opinión, o es más, con la falsedad o contradicción. Esta es la raíz del problema que hereda Platón: hay que fundamentar el conocimiento en la verdad para que el acuerdo entre los seres humanos sea posible. El antecedente inmediato de este problema lo encuentra Platón en su maestro Sócrates y su lucha contra el Relativismo Sofista.

¿Es posible hablar de un conocimiento de verdades? Para Platón sí es posible y es el que alcanza nuestra alma racional teniendo como objeto de estudio el mundo inteligible (que puede ser entendido, pero no visto con los sentidos). En este sentido, el conocimiento es una actividad intelectual que reside en la parte racional del alma o mente (no habla Platón aún de psique en el sentido actual) y que se puede alcanzar de tres formas complementarias: gracias a la dialéctica, gracias al recuerdo y gracias al Eros. Esto es lo que habrá que explicar en la Justificación.

b) Exposición de la Temática (2p.)

Temática: La condición de la Idea del Bien es más digna que el conocimiento y que la propia verdad, pues aquella es la causa de éstas.

Con esta caracterización, Platón adelanta qué entiende por la Idea del Bien y la propone como aquella realidad causa del verdadero conocimiento. Sin embrago, nos advierte que no se puede confundir lo que causa algo (lo que causa conocimiento) con ese algo (con el propio conocimiento); en esto reside la dignidad del Bien. Y para aclarar su pensamiento vuelve a proponer una “analogía”: equipara el Sol con la Idea del Bien y la luz con el conocimiento.

(La cuestión más peliaguda del comentario, que ha quedado sin resolver en la ponencia de Selectividad cuando nos ha convocado, es qué hay que poner exactamente en este apartado. La puntuación es importante, por ello la idea generalizada es que nos podemos contestar a esta pregunta como debiera ser, es decir, aportando sólo y exclusivamente el tema del texto, la pregunta a la que trata de responder el texto. Mi propuesta es la de analizar las ideas presentadas en el texto y proponer, seguidamente, el tema del texto. También lo podéis hacer como lo he hecho en este ejemplo, empezando por la temática y, en punto y aparte, exponer las ideas complementarias)

c) Justificación desde la posición filosófica del autor (2 p.)

Estamos ante un texto de marcado carácter Epistemológico pues gira en torno a la noción de Idea del Bien, que es la causa del verdadero conocimiento, según Platón.

La República es concebida por el autor como el diseño de un Estado ideal, una ciudad justa. Pero esta posibilidad necesita definir y encontrar la justicia entre los propios ciudadanos: un estado solo será justo si lo son sus ciudadanos. Esta es la gran tarea de este diálogo.

Este fragmento perteneciente al libro VI, comienza introduciendo el núcleo que permitirá desarrollar los ulteriores argumentos platónicos: en qué consiste la Idea suprema o Bien. Si comentamos el estudio del Ser Supremo, como Platón llama a la Idea del Bien, tendremos que especificar su Ontología, porque se trata de la máxima realidad, de lo máximamente real. Según Platón, nosotros no somos más que fragmentos de ese ser Supremo, podemos participar de su realidad, es decir, parecernos al Bien y, de esta forma, conseguir ser justos. ¿Cómo queda estructurada, entonces, la realidad?

Para contestar a esta cuestión aparecen en el Diálogo dos metáforas: la Alegoría de la Línea y el Mito de la Caverna. La descripción que hace en el Mito de la Caverna de la estructura de lo real es bastante llamativa y le sirve para exponer lo que conocemos como la Teoría de las Ideas. En esta teoría ontológica, divida Platón el mundo en dos ámbitos:

- el ámbito visible, que no está compuesto por la auténtica realidad, pero que es el que nos dictan nuestros sentidos, y

- el ámbito inteligible, en el que de una manera real, y no como meros conceptos, se hayan los modelos que dan unidad a la multiplicidad y al caos que definen a nuestro mundo. Estos modelos son las Ideas y presentan las mismas características del Ser de Parménides (eternas, inmóviles, etc.).
Por esta presentación se habla de Dualismo Ontológico. Lo curioso es que admite cierto grado de ser dentro del mundo sensible (en contra de las enseñanzas de Parménides), ya que aquellas cosas que se parecen a las Ideas, las Copias, son buenos candidatos al título de “ser” y son la base desde la que organizar la búsqueda de lo verdaderamente real. Por debajo de este nivel, estarían las sombras que son sólo eso, un reflejo de lo que puede decirse que se asemeja a la auténtica realidad. Con esta estructura, Platón hace una pequeña concesión al maestro Heráclito y admite un “ser relativo” dentro del mundo sensible.

El mundo inteligible, se divide a su vez (como nos cuenta en la alegoría de la línea) en dos ámbitos. En el más básico nos encontramos con el universo de las matemáticas, con los particulares inteligibles que se construyen intelectualmente a partir de la multiplicidad mediante lo que podríamos llamar un proceso inductivo. Pero este ámbito o región de lo inteligible tiene un carácter “propedéutico”, podríamos decir que es preparatorio para alcanzar el nivel de la auténtica realidad: las Ideas. Una vez situados en este ámbito definitivo, habla Platón de la Idea del bien, como si del dios de este mundo se tratase.

Esta es, en resumidas cuentas, la presentación de los niveles de realidad que hace Platón en La República, pero, ¿para qué esta división? En su intento de construir ese Estado ideal, necesita Platón definir las virtudes que van a hacerlo posible, en concreto necesita definir la Justicia. ¿Y cómo es posible esa definición si heredamos de la sofística la imposibilidad de llegar a definiciones comunes dado que la verdad es relativa o, como decía el sofista Protágoras “el hombre es la medida de todas las cosas”? Volvemos a la afirmación parmenídea de que el pensar necesita lo estable. Siguiendo a su maestro Sócrates, el conocimiento verdadero es posible siempre que verse sobre lo que es real. Si definimos qué es lo real tendremos abierto el camino para encontrar el conocimiento verdadero, por eso Ontología y Epistemología van de la mano en el pensamiento platónico.

Después de esta larga introducción, analicemos el texto desde la filosofía del autor.

Utiliza Platón el recurso metafórico para explicar su posición respecto a la Idea del Bien. Esta Idea es como el Sol que ilumina el mundo Inteligible: se haya en lo más alto y es causa de vida. Su luz nos permite distinguir unas realidades de otras. Efectivamente, el Bien es ese astro rey o el Dios del que depende todo cuanto existe ya que algo será más real cuanto más se asemeje al Bien, cuanto más participe en él. Por ello hay un gradualismo en la teoría de las Ideas, una jerarquía de realidades que se ordenan de acuerdo con el grado de participación que tengan en la idea de Bien. Lo que no se puede confundir es el Bien con los beneficios que causa, es decir, lo máximamente real es causa del conocimiento pero no es conocimiento (podríamos decir que no lo necesita). Esta es la tarea que tiene Platón en este texto, enseñarnos que una cosa es el plano ontológico y otra cosa es el plano epistemológico, uno y otro se corresponden pero no se identifican.

Para terminar hagamos una presentación rápida de la teoría del conocimiento de Platón.
En su famoso símil de la línea, establece Platón cuatro secciones en las que, de manera proporcional, se observa mayor y menor realidad, mayor y menor conocimiento:

- La región visible de la que sólo cabe construir Opiniones (DOXA) y que no fundamenta un verdadero conocimiento. Esta región esta formada por dos tipos de objetos: las Copias (que se parecen a las Ideas), que son el objeto de creencias (PISTIS); y los Simulacros (copias de copias y que no se parecen a las ideas), que son el objeto de la Imaginación (EIKASÍA).

- La región Inteligible en la que es posible el Conocimiento o EPISTEME. En una primera sección, la que corresponde a los objetos matemáticos, se desarrolla el razonamiento matemático o DIANOIA, y en la sección donde están los universales inteligibles se desarrolla el pensar dialéctico, también llamado NOUS.

¿Cómo podemos, viviendo como vivimos en el mundo sensible, llegar a la sabiduría? Según Platón, la educación de los ciudadanos puede conducirnos hasta este nivel y será la utilización del método dialéctico, tal y como vemos que lo utiliza el personaje de Sócrates en los Diálogos, el que nos conducirá hasta la morada del Bien. No obstante, el ser humano tiene una constitución dual: es unión accidental de cuerpo y alma. El alma está dividida en tres partes: parte racional, parte irascible y parte concupiscible. Sólo la primera parte, la parte racional, tiene una constitución especial que procede de su carácter inmortal. Pues bien, gracias a la parte racional el ser humano está en disposición de reconocer aquellas cosas del mundo sensible que se parecen a las ideas y empezar, a partir de aquí, ese camino de ascenso hasta la sabiduría (conocimiento del Bien). Este reconocimiento es posible porque dado el carácter inmortal del alma, su morada natural es ese mundo inteligible, también eterno, y con ocasión de su vida anterior conoce la auténtica realidad en este mundo.

El problema es que, al unirse al cuerpo, olvida, por las muchas preocupaciones que le ocasiona la supervivencia del cuerpo. El control de la parte racional que opera con prudencia sobre las otras dos partes del alma, haciéndolas trabajar con Moderación y Templanza, consigue hacerla “recordar” cuáles son los modelos de los que sólo observamos copias. El deseo, el amor hacia el saber, nos conduce hacia lo que naturalmente nos es propio: el Bien; y sólo así el hombre justo fundará la ciudad justa.

(Como comprenderéis no hay una única justificación. Hay quien puede optar por tratar más por encima la parte de la ontología y poder introducir algo de la política. No creo que sea el texto apropiado para ello. Deberíais ser capaces de entender todo lo que he argumentado y de seguir la argumentación. Si queréis utilizar más referencias al texto, está bien pero no olvidéis justificar cualquier referencia con teoría.)

sábado, 28 de noviembre de 2009

Ideas vs. solipsismo


El siguiente texto de Antonio Machado ha sido propuesto para el comentario, ej. 9, pg. 79 de Sindéresis:

«La fe platónica en las ideas trascendentes salvó a Grecia del solus ipse en que la hubiera encerrado la sofística. La razón humana es pensamiento genérico. Quien razona afirma la existencia de su prójimo, la necesidad del diálogo, la posible comunicación mental entre los hombres. Sin la absoluta trascendencia de las ideas, iguales para todos, intuibles e indeformables por el pensamiento individual, la razón, como estructura común a una pluralidad de espíritus, no existiría, no tendría razón de existir... Para nosotros lo esencial del platonismo es una fe en la realidad metafísica de la idea, que los siglos no han logrado destruir.» Antonio Machado. Juan de Mairena, XV, 1936.

De la expresión "(ego) solus ipse" procede el término filosófico solipsismo existe el sí mismo. Sorprendentemente, en la enciclopedia libre Wikipedia, en la entrada del término, se aludía a la "alegoría de la caverna" de Platón como un precedente posible del solipsismo. He tenido que arreglar eso. Tal vez uno de los prisioneros podría llegar a pensar que las sombras que contempla en el fondo de la caverna son sólo proyecciones suyas, creaciones de su mente, es decir, podría hacerse solipsista. Pero como prueba la autoridad de Machado (en su apócrifo filosófico, Juan de Mairena), la teoría de las ideas de Platón se opone a cualquier especie de solipsismo. Éste puede verse, más bien, como una consecuencia extremosa del relativismo de los sofistas. Así, si no existe más criterio que el de cada quisque para saber qué es verdad, qué vale y qué es real, uno puede llegar a pensar que es la ipseidad, el propio sí mismo, el creador de la opinión verdadera, el mundo real y el valor moral.

Sin embargo, la objetividad inteligible de las ideas, así como la seguridad del razonamiento matemático, ofrecen a Platón un mundo común, universal, en el que es posible el consenso y el mutuo entendimiento, así como un criterio externo de verdad, basta con que el filósofo razone o dialogue razonablemente para que adquiera si quiera un vislumbre de esas realidades comunes que son las ideas universales, modelos ejemplares (paradigmas) y criterios genuinos de verdad, realidad y valor.

En la época romántica, el idealismo subjetivista de Fichte puede interpretarse como una especie de solipsismo. Aún hoy, el solipsismo aparece como una consecuencia del subjetivismo individualista, como una filosofía nihilista y larvada en el narcisismo contemporáneo del humano occidental, alentado por el halago incesante de la "internacional publicitaria", y para el cual no existen ni ideas, ni realidades, ni ideales universales, sino sólo los caprichos consumistas del yo (ego), de sus gustos y ocurrencias.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Alma en Platón y Heidegger


El pasado 10 de septiembre murió el profesor de Filosofía del IES de Vilches, Eduardo Ruiz Jarén. Leyendo uno de sus artículos publicados en ALFA (Revista de la Asociación Andaluza de Filosofía, AAFi, nº21) he encontrado este interesante comentario sobre el alma en Platón, en contraste con el Dasein (ahí del ser de la existencia humana), que trascribo más abajo como recuerdo de mi compañero y amigo.

La foto que he escogido para ilustrar su comentario es de una Pyronia cecilia (lobito jaspeado), ya muy gastada por el vuelo, libando en una flor de Matavid o tomillo blanco (Staehelina dubia), una escena de biodiversidad que todavía es posible en nuestras tierras, en padrones e islas silvestres, tierras demasiado colonizadas por el olivar.

El comentario plantea secundariamente el tema de la inmortalidad del alma. El principal argumento platónico para apostar por la inmortalidad (una "dichosa esperanza" para el hombre justo) es la afinidad o connaturalidad del alma y las ideas (Fedón).

Es posible que la palabra del griego antiguo "Psyché", de donde el cultismo español "psique", alma o mente, significase precisamente eso: mariposa. Al menos, esa es la lección filológica de Giner de los Ríos.


"La independencia -la autarquía- venía al alma platónica de su patria en el mundo de las ideas, a las que se emparentaba; y en consecuencia, ella no podía reencontrar en ese mundo nada verdaderamente extraño, a ningún extranjero. La razón, el logos, la facultad de mantenerse idéntica por debajo de las variaciones del devenir, formaba el alma de ese alma. Heidegger impugna acertadamente esa posición, pero deja el Dasein en el Mismo, como mortal. La posibilidad de nihilizarse es precisamente constitutiva del Dasein y también su ipseidad. Esa nada es su muerte, es decir, mi muerte, mi posibilidad más cierta (la de la imposibilidad), mi auténtico poder. Nadie puede sustituirme a mí para morir. El instante supremo de la resolución es solitario y personal".


Eduardo Ruiz Jarén. "Heidegger y Lévinas: dos filosofías, un mismo talante filosófico", ALFA XXI, diciembre 2007, pg. 18.


Requiem in pacem.