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| De izquierda a derecha, Antonio Machado, Marañón, Ortega y Pérez de Ayala |
Sócrates en el Gorgias de Platón, 527d-e
Análisis de ideas, crítica y comentario de textos clásicos. José Biedma López, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universidad de Granada).
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| De izquierda a derecha, Antonio Machado, Marañón, Ortega y Pérez de Ayala |
Sócrates en el Gorgias de Platón, 527d-e

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| Grabado de Goya. Los desastres de la guerra. El genial aragonés escribió abajo: ¡Grande hazaña! ¡Con Muertos! |
| Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716-), sello de 1927 |
Ortega define a Leibniz como “una de las mentes más poderosas con que ha sido regalado el destino europeo”. Políglota, polímata, dominaba todos los saberes de su época e inventó algunos nuevos. Renovó la lógica, amplió la matemática, reformó los principios de la física, fecundó la biología, depuró la jurisprudencia, modernizó los estudios históricos y dotó a la lingüística de nuevos horizontes (gramática comparada).
| Fragmento de la pg 325 del libro de Agustín García Calvo: Razón común, edición, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito, Lucina, 1985. |
ἮθΟΣ ἈΝΘΡΏΠΟΙ ΔΑÍΜΩΝ
Antonio Escohotado en Hitos
del sentido (Barcelona 2020) traduce el famoso fragmento 119 (D-K) de
Heráclito “êthos anthrópoi daímon”: “el carácter es el sino del hombre” o “la
costumbre moldea el carácter”. “Daímon” o demon,
la interioridad individual divinizada o la divinidad íntima, remite, según el
comentarista a perfiles heroicos; êthos,
a la conducta habitual de un grupo. Recuérdese el Demon socrático, que impulsaba al Tábano ateniense a proseguir
incansable su indagación ética. Otra cosa piensa Agustín García Calvo, como
veremos más adelante.
| Thot el dios egipcio de la sabiduría, inventor de la música y la escritura, representado por un hombre con cabeza de Ibis |
“Saliendo de la luz, un Verbo santo vino a cubrir la naturaleza”
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| Efigie de JOANNIS RUFICO CORDUBENSIS (Wikipedia) |
LOS APOTEGMAS DE RUFO
Hacia 1547, Juan Rufo nació en la calle del tinte de Córdoba,
cosa bastante lógica si se tiene en cuenta que su padre, al que no cesó de dar
disgustos durante medio siglo, era un honrado tintorero. Le robó quinientos ducados para
despilfarrarlos en el juego, pasión de su vida y vicio más señalado. Marchó a
Salamanca y fingió que estudiaba en su universidad. Suficientemente listo para autodidacta, leyó a Virgilio en latín. Vuelve a Córdoba y por procedimientos
obscuros obtiene una juradería como “Juan Gutiérrez”, lo cual le permitió
estafar 600 fanegas de trigo a la ciudad de los califas, con su venta se pagó unas
juergas ludopáticas en Portugal. Todavía le quedan ducados para sobornar a un
desgraciado que le sustituya en la guerra contra los moriscos en las ásperas sierras
granadinas e intenta además vender su cargo público sin éxito. Marcha a Madrid en
compañía de una joven “más hermosa que honesta”.