Karl MARX (1818). Manuscritos de Economía y Filosofía, 1844.
Marx nunca tuvo la intención de publicar estos manuscritos:
apuntes incompletos e intuiciones sin desarrollar. Cuando se descubrieron
fueron considerados “malditos” por muchos marxistas –sobre todo soviéticos- que
los consideraron precientíficos e “idealistas”. Tratan del hombre más que de
economía.
Íntegramente se publicaron por primera vez después de la
muerte de Stalin, en Moscú, en 1956, con el título de Manuscritos de 1844; con dificultades, pues los folios de Marx
estaban divididos en columnas, en cada una de las cuales se trataba un tema
distinto; también surgió la polémica sobre la traducción de ciertas palabras,
como las que corresponden a “extrañamiento” y “enajenación”.
El primer Manuscrito
muestra las condiciones enajenantes del trabajo y el problema humano del
obrero, sometido a la explotación del capitalista o del terrateniente. Trata
del salario, de la progresiva miseria obrera, de las ganancias acumulativas del
latifundista y el capitalista. Cita extensos textos de otros autores de la
época.
El segundo Manuscrito,
muy breve, trata de la propiedad privada.
El tercer Manuscrito, al que pertenece el
texto propuesto para el examen de Selectividad (2015), es el más importante por el vigor de su
exposición y su carácter idealista y humanista.
A partir del concepto hegeliano
de “naturaleza objetiva”, Marx critica la enajenación del hombre. Sólo una
revolución total, el comunismo, puede solucionar la alienación e insatisfacción
humana, al hacer coincidir al humano existente con su ser social, que es su
verdadera naturaleza.
Marx critica también el “fetichismo del dinero” que separa
al hombre de la naturaleza. El dinero sustituye a la felicidad como fin ultimo en la sociedad capitalista.
Critica a los economistas ingleses (J. S. Mill, A. Smith) por su individualismo
y defensa a ultranza de la propiedad privada.
Finalmente, hace un estudio crítico del idealismo hegeliano,
sobre todo basado en La fenomenología del espíritu, de la que valora la tesis
del devenir dialéctico y los conceptos de enajenación y de realidad objetiva,
pero critica su abstracción, su valoración del Todo por encima de las partes y
la supremacía del Yo sobre la naturaleza.
Se trata de una obra juvenil. La ironía, el apasionamiento y
la humanidad de los Manuscritos nos muestran el potencial positivo y creativo
del autor. A pesar de sus pretensiones cientifistas, Marx influye primero por
el corazón y sólo después por las ideas.